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CENTROAMÉRICA

Nicaragua: la involución sandinista

La represión de Ortega contra las protestas populares deja 215 muertos, 1.500 heridos y 440 detenidos en apenas 2 meses Una caravana de activistas denuncia la deriva en el país y pide una respuesta contundente de la comunidad internacional

VÍCTOR VARGAS LLAMAS
21/06/2018

 

Fue el líder aupado para pilotar la revolución sandinista en Nicaragua, el hombre encargado de alumbrar una transición radical que derrocara la dictadura de Somoza y sentara los cimientos de una sociedad progresista, más justa y equilibrada. Hoy, casi cuatro décadas después, Daniel Ortega sigue siendo el rostro con el que se identifica la metamorfosis del país centroamericano. Pero no como preveían los postulados del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSNL) a caballo entre los 70 y los 80, sino para protagonizar un giro copernicano en su segunda etapa en el poder que le acerca mucho más a la tiranía somozana que al joven revolucionario en el que todo un país depositó sus sueños.

"El Gobierno perdió el control en la calle y lo quiere recuperar con una operación limpieza: muertes, secuestros y represión"

Yerling Aguilera

Socióloga y activista nicaragüense


El balance es de impacto en los apenas dos meses que han transcurrido desde que comenzaran las protestas ciudadanas contra el dirigente, con una reforma contra la seguridad social como detonante. Las oenegés calibran la crueldad de la Administración Ortega con un balance que arroja al menos 215 muertos, más de 1.500 heridos y en torno a 440 detenidos de manera arbitraria y de quienes hay serios indicios de que sufren torturas y tratos de lesa humanidad durante su cautiverio. Tal es el nivel de desesperación que algunos activistas han iniciado un periplo internacional para denunciar la situación de emergencia de su país y reclamar una respuesta global que zanje las muestras de represión y de violaciones de derechos humanos. El proyecto recibe el nombre de Caravana informativa de la solidaridad internacional por Nicaragua y acaba de hacer escala en Barcelona.

Control
"El Gobierno sabe que ha perdido el control de la calle y trata de recuperarlo con una operación limpieza, que incluye muertes, secuestros y otras prácticas que han instaurado un estado del terror entre la población", revela Yerling Aguilera, socióloga, docente y miembro de la caravana, invitada a Barcelona por Feministes Autoconvocades Barcelona. Aguilera relata la "impunidad" con la que fuerzas parapoliciales patrullan por las calles nicaragüenses, "al estilo de los milicianos de Estado Islámico" en Oriente Próximo, campando a sus anchas y tomando represalias con todos aquellos que no se plieguen a sus demandas. "Nos sentimos como los palestinos, luchando con piedras contra armas de fuego", dice la activista.

Se queman hogares con los inquilinos dentro si se niegan a abrir sus puertas para que se instalen allí francotiradores, se saquean negocios e incluso se abate a un periodista que emitía en directo para un canal de internet, denuncia la campaña. "Controlan la mayoría de medios de comunicación para tratar de dominar a la opinión pública", tercia la líder estudiantil Madelaine Caracas.

Además de posar los tentáculos sobe los medios, los activistas denuncian que la estrategia de Ortega se basa en un discurso oficial de negación de los hechos, la utilización de grupos parapoliciales y un uso recurrente y excesivo de la fuerza que incluye ejecuciones para cuya investigación se cometen flagrantes irregularidades. En no pocas ocasiones, la vulneración de los derechos humanos es tal que se niega asistencia médica a quienes sufren la represión en primera persona. Aguilera alerta de que buena parte de esa hostilidad se ceba con las nuevas generaciones, para atenuar su capacidad de movilización, al tiempo que denuncia la existencia de agresiones sexuales y campañas difamatorias, entre otras estrategias intimidatorias contra activistas como ellas mismas. Y cuando el pueblo toma la calle, redobla la violencia. "Ortega usa francotiradores y un amplio arsenal contra banderas, voces y proclamas. Está creando un pánico psicológico colectivo", dice Caracas.

Diálogo
Esperanzas incipientes se han depositado en la Mesa del diálogo, creada el 16 de mayo, y que aglutina a representantes del Gobierno, estudiantes, campesinos, trabajadores, empresas y a la Iglesia, la principal impulsora de esta iniciativa. La Conferencia Episcopal ha propuesto a Ortega invitar a representantes de la Organización de Estados Americanos (OEA), de Naciones Unidas y de la UE a investigar las 215 muertes "perpetradas mayoritariamente por policías y grupos parapoliciales" en estos dos meses de protestas. Mientras, el Ejército proclama una neutralidad cuestionada por Aguilera.

"Ortega usa francotiradores y un amplio arsenal contra protestas de banderas, voces y proclamas de gente desarmada"

Madelaine Caracas
Un escenario demasiado enmarañado como para confiar en una breve resolución del conflicto. De ahí que, mientras se robustece "un plan B sobre el terreno", con la solidaridad con las barricadas y la organización a través de comités populares, los activistas nicaragüenses se afanan en contactar con dirigentes internacionales para espolear sus conciencias. Esta semana ha sido el turno de la alcaldesa Ada Colau, de miembros del Govern y del presidente del Parlament, Roger Torrent, a quien han presentado una propuesta de resolución para que la Cámara catalana denuncie la situación política en Nicaragua e inste a crear una comisión de investigación.

Ardua tarea ante la dimensión que está adquiriendo la acción de gobierno de Ortega, cuya involución como dirigente solo tiene una explicación entre sus compatriotas. "Se propuso volver a ganar las elecciones como fuera y para eso pactó con empresarios y fuerzas conservadoras. No tuvo problemas para negociar con [el antiguo presidente Arnoldo] Alemán para modificar el sistema electoral y hacer que fuera posible una victoria con el 38% del apoyo, su techo plebiscitario. Ahora se sirve de fuerzas parapoliciales y de lo que haga falta con la intención de que la única voz que se escuche sea la suya. Para él, el poder está por encima de todo", dice Aguilera.