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EL DRAMA DE LA INMIGRACIÓN

Las oenegés, blanco de la ira en Lesbos

Las organizaciones humanitarias en Lesbos empiezan a evacuar a sus miembros tras sufrir episodios de violencia. Grupos de radicales atribuyen a estas entidades el efecto llamada para los miles de refugiados que llegan a las costas de las islas griegas

 

La policía griega bloquea a un grupo de inmigrantes en Mitilene. - AP / PANAGIOTIS BALASKAS

IRENE SAVIO
03/03/2020

La cooperante estadounidense lo dice en voz baja y pide no ser grabada. No quiero poner en peligro a mis compañeros. Pero, sobre todo en las noches, ya no nos sentimos seguros. Los habitantes locales, aquellos que apoyan lo que hacemos, también han sufrido intimidaciones y ataques, y la policía no hace nada, avisa. Sabemos que lo hacen a propósito, que es una estrategia de algunos radicales para que nos vayamos de la isla, pero igualmente ayer tomamos la decisión de evacuar a 20 de nuestros voluntarios y otros tantos se fueron esta mañana, añade.

El punto de inflexión final se produjo el pasado fin de semana, tras las amenazas del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, de enviar a más inmigrantes a las islas griegas. Desde entonces, las ONG se han convertido en el blanco descarado de la rabia de civiles que intimidan y agreden a sus cooperantes. El último episodio ha sido este martes: la quema de un almacén de Xios Solidarity en la isla de Quíos. Tras ello, algunas organizaciones humanitarias incluso anularon las llegadas de nuevo personal.

Gracelin Moore, portavoza de la ONG Refugee Rescue, no lo esconde. La opción de irnos está en la mesa, afirma. El problema es que si nos vamos, esto será peor para los migrantes y para la gente de aquí, sobre la que recaerá todo el peso de la acogida, como ocurría antes, añade, mientras desde lejos se ven barcos militares griegos patrullando las aguas del Egeo.

EFECTO LLAMADA

Boris Cherskov, un operador de ACNUR, explica que la tensión también ha subido porque se instaló la idea de que las ONG atraen a más migrantes y que ahora en los barrios hay patrullas de vigilantes hostiles a los cooperantes. Lamentablemente algunas ONG han comunicado evacuaciones de personal, otras han suspendido sus operaciones, después de que el domingo varios voluntarios e incluso un miembro de nuestra organización fueran agredidos, añade Cherskov.

Ni Médicos Sin Fronteras, una organización que existe desde 1971 y trabaja en muchos de los lugares más difíciles en el mundo, se ha salvado. Por la escalada de tensión, el martes no abrió la clínica pediátrica frente al campo de Moria y todavía se desconoce si lo podrá hacer hoy. Durante semanas, la hostilidad y la frustración se han vuelto inmanejables y se han sucedido las acciones agresivas de grupos aislados contra la desesperación de los habitantes de Moria ante la total ausencia de las instituciones griegas, ha explicado Marco Sandrone, coordinador de MSF en Lesbos, al recordar que hoy en este lugar, que tiene capacidad para 3.000 personas, residen alrededor de 20.000 migrantes pese a que desde hace meses la ONU pide al Gobierno griego de trasladarlos al continente.

SIN DERECHOS

La decisión de Atenas confirmada este martes y que va en contra del derecho internacional de suspender la tramitación de asilo durante un mes también ha supuesto más caos. Khirallah, una mujer afgana de 65 años, y sus cuatro nietas de tierna edad, llegadas en los últimos días, lo vivieron el lunes en su piel. Tras pasar la noche al raso en tiendas improvisadas que compartieron con otras familias, fueron trasladadas a un descampado rodeado por basuras y allí les dejaron. Azotadas por el sol y el viento, y sin que nadie les dijera qué iba a pasar con ellas, ni que registrasen su llegada.

No sabemos qué pensar. Vinimos aquí porque oímos en la televisión turca que las fronteras estaban abiertas, explica Hussain, un adolescente de 16 años de Afganistán que también integraba el grupo. Llegamos hace tres días, hasta hoy nos impidieron abandonar la playa en la que desembarcamos, y ahora nos han subido a una furgoneta que nos ha dejado a escasos kilómetros de donde estábamos, añade Alí, rodeado por decenas de niños que corrían a su alrededor, inconscientes de la situación.

De ahí que el nerviosismo se haya instalado también entre los refugiados. Ayer intentaron protestar en el centro de la capital de Lesbos, Mitilene, lo que provocó cortes de rutas y, luego, la represión de la policía. Tampoco los sirios, esta vez, han tenido mejor suerte. Nos queremos ir de aquí. Atrás no podemos volver, ni a Turquía ni a Siria, contaba un padre de familia originario de Idlib provincia del norte de Siria fronteriza con Turquía, donde el enfrentamiento bélico ha sido particularmente intenso en los últimos meses señalando la barriga de embarazada de su mujer. Ayúdennos.