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EL CONFLICTO DE ORIENTE PRÓXIMO

La opción de un solo estado para israelís y palestinos gana apoyos en EEUU

Las organizaciones propalestinas trabajan por un cambio de paradigma basado en la igualdad de derechos Las políticas de Netanyahu y Trump reavivan el escepticismo sobre la viabilidad de los dos estados

RICARDO MIR DE FRANCIA
13/06/2019

 

La solución de los dos estados ha sido la fórmula estándar de las últimas décadas para resolver el conflicto entre israelís y palestinos. Desde los tiempos de la Partición en 1947 hasta los sucesivos procesos de paz iniciados en 1991 ha servido como paradigma incontestable en la mesa de negociación. Dos estados vecinos que se tocan pero viven separados, una solución que colma el principio sionista de la patria judía y las aspiraciones del nacionalismo palestino a un Estado soberano. Pero la fórmula se está extinguiendo. Cada vez más voces consideran que ha dejado de ser viable ante la realidad impuesta por Israel sobre el terreno, una percepción reforzada por las políticas de Binyamin Netanyahu y los planes de la Administración Trump.

Su certificado de defunción lleva años firmándose. "Yo creo que la ventana para la solución de los dos estados se está cerrando", dijo en el 2013 el entonces secretario de Estado de EEUU, John Kerry. "Diría que tenemos entre dos años y dos años y medio antes de que se acabe". De aquel plazo han pasado ya cuatro primaveras y la situación no ha hecho más que empeorar. Los más de 200 asentamientos judíos en Cisjordania y Jerusalén Este, donde viven unos 650.000 israelís, unidos al resto de infraestructuras de la ocupación, han convertido el territorio palestino en un archipiélago de islas prácticamente inconexas. A lo que hay que añadir el reconocimiento estadounidense de Jerusalén como capital de Israel y los planes de Netanyahu para iniciar la anexión de Cisjordania, lo que supondría la muerte definitiva de los dos estados.

IGUALDAD DE DERECHOS

La falta de perspectivas para desatascar el conflicto está propulsando en EEUU el apoyo a un estado binacional con igualdad de derechos para judíos y árabes palestinos, una idea muy residual hasta hace poco. Una encuesta publicada en diciembre por la Universidad de Maryland afirma que el 35% de los estadounidenses prefiere la solución de un solo estado frente al 36% que apuesta por la fórmula tradicional. La opción binacional tiene mucho más predicamento entre la población que la clase política, todavía apegada a la fórmula tradicional, aunque por primera vez está representada el Congreso. "Separados pero iguales no funciona", ha dicho la congresista demócrata de origen palestino, Rashida Tlaib, invocando uno de los viejos lemas de la segregación racial en EEUU.

"El creciente escepticismo hacia la viabilidad de los dos estados se deriva del ataque lanzado por Netanyahu con el respaldo activo de la Administración Trump para socavarlos definitivamente", asegura a este diario el portavoz de J-Street, Logan Bayroff, refiriéndose a la expansión de las colonias o el reconocimiento de Jerusalén. "Para nosotros es difícil imaginar que un estado binacional con igualdad de derechos pueda funcionar sin continuas crisis y violencia", añade el portavoz de este lobi proisraelí con sede en Washington y tendencia progresista.

UNA QUIMERA

En su forma más universalista, el estado binacional y laico ha tenido ilustres defensores como Hanna Arendt, Tony Judt, Edward Said o la periodista Amira Hass, aunque nunca ha llegado demasiado lejos. "Como primer paso se tiene que desarrollar algo que no existe hoy en la realidad israelí y palestina: la idea y la práctica de la ciudadanía, y no de comunidades étnicas o raciales, como principal vehículo para la coexistencia", escribió Said en 1999. En las circunstancias actuales parece una quimera.

Lo que sí está tomando cuerpo de forma irremediable es el paradigma de un solo estado con plenos derechos para los judíos y un estatus de tercera para los árabes. En realidad, es lo que ya existe desde hace décadas. Solo hay un Estado: Israel. La Autoridad Palestina es un mero gestor de un sector muy reducido de Cisjordania, sin control sobre las fronteras, el espacio aéreo o los mecanismos básicos de la economía. Para los israelís, el dilema es evidente. Si absorben a los casi tres millones de cisjordanos, dejarán de ser un Estado judío o dejarán de ser formalmente una democracia. Todo depende de los derechos que concedan a los palestinos. La derecha israelí nunca ha acabado de articular cómo se materializaría la anexión, pero en ningún caso pasa por otorgar a los palestinos la ciudadanía o el derecho al voto en Israel.

SOLO DOS OPCIONES

"Netanyahu ha dejado solo dos opciones: democracia o 'apartheid'; igualdad o segregación; judío o democrático", escribió en 'Haaretz' el columnista israelí, Gideon Levy. El "acuerdo del siglo" que prepara la Administración Trump no parece que vaya a invertir de ningún modo la tendencia. El propio secretario de Estado ha sugerido que el plan es tan proisraelí que difícilmente será ejecutable, mientras que su arquitecto, Jared Kushner, ha llegado a dudar de que los palestinos sean capaces de gobernarse a sí mismos, una actitud tan colonial que le ha valido numerosas críticas. "Lo más sorprendente de la Administración Trump no es solo que estén dando la espalda a los dos estados, sino que se estén alejando del liderazgo palestino e incluso de la idea del derecho a la autodeterminación de los palestinos", dice el profesor de la Universidad de Georgetown, Nathan Brown.

Para las organizaciones propalestinas en EEUU, la defunción de los dos estados es una oportunidad para tratar de cambiar el paradigma del conflicto. Una ventana para reclamar igualdad de derechos, libertad de asociación y movimiento o sufragio en Israel. "Cuando nosotros defendemos la opción de un solo estado, no decimos que sea la única. Decimos que es el desenlace inevitable de la trayectoria actual", dice Andrew Kadi desde la Campaña Estadounidense para los Derechos Palestinos, que hace lobi en el Congreso y entre la opinión pública. "Israel no está trabajando por los dos estados. Trabaja para tener más territorio con menos palestinos".

El cambio de paradigma tiene también crecientes apoyos entre el liderazgo palestino en Ramala. Ya sea porque podría ser la mejor opción para mejorar la vida de los suyos en las circunstancias actuales o por el grado de presión que trasladaría a Israel para apoyar un estado palestino en caso de que la comunidad internacional abrace un día la fórmula binacional. Esa solución hundiría el proyecto sionista del Estado judío, una idea a la que muy pocos quieren renunciar en Israel.

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