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EL DRAMA DE LA INMIGRACIÓN

Una penosa travesía a -17º

La nieve y las gélidas temperaturas en los países balcánicos complican la ruta de los refugiados

 

Una mujer migrante protege a su hijo con una manta mientras camina cerca de Miratovac (Serbia), este lunes. - AP / VISAR KRYEZIU

JAVIER TRIANA ESTAMBUL
19/01/2016

Parecen imágenes invernales corrientes: familias junto a campos nevados y paisajes cubiertos de blanco. No lo son. Son las escenas más crudas de un viaje cada vez más complicado. Son los campos que separan Slanishte, en el norte de Macedonia, de Miratovac, en el sur de Serbia. Es un sendero de diez kilómetros sin iluminación ni pavimentación alguna que conecta ilegalmente ambos países. Es un camino en el que taxistas piratas serbios tratan de hacer negocio con la desesperación de los refugiados cobrándoles precios disparatados por ahorrarles unos pocos pasos de camino. Cuando EL PERIÓDICO estuvo allí a mediados de noviembre, el termómetro marcaba un solo dígito y las familias se desesperaban por encontrar refugio en alojamientos deficientes de la serbia Presevo al precio de un buen hotel. Muchos, por falta de medios o de disponibilidad en estos establecimientos, dormían en la calle. El pasado fin de semana, las temperaturas cayeron hasta los -17ºC.

“A veces temo por mis hijos. No podíamos quedarnos en Siria, pero no hace este frío allí. Nunca hemos pasado tanto frío”, asegura Nasir, un refugiado sirio, a la oenegé Save the Children. Esta organización, junto con Unicef, emitió este martes un comunicado alertando de los peligrosos efectos que el frío y la nieve pueden causar en los refugiados, una cuarta parte de los cuales son niños.

“Hay cada vez más casos de neumonía y de hipotermia”, indica a este diario Andrea Vukovic, responsable de prensa de Save the Children en la zona. “La capacidad de alojamiento que hay actualmente en Serbia no es de ningún modo suficiente para la cantidad de gente que llega”, señala Vukovic. Desde Médicos Sin Fronteras (MSF) apuntan que el 60% de los casos que tratan sus clínicas a lo largo de esta ruta tienen que ver con el desgaste del viaje, entre los que cada vez hay más dolencias relacionadas con el aparato respiratorio: gripe o constipados. Muchas veces, los niños llegan a los campamentos desplegados a lo largo del camino tiritando, con los labios y las manos moradas. Las gorras y la protección solar que las oenegés repartían en verano se han convertido ahora en mantas, abrigos, chubasqueros y calzado apropiado para la travesía. El estrés del viaje y la inadecuada alimentación a la que se someten durante las semanas que este dura son problemas añadidos.

 

SOLO SIRIOS, IRAQUÍS Y AFGANOS

El invierno no solo ha provocado un descenso de las temperaturas sino también en el número de llegadas. “En estos momentos vemos llegar cada día a Serbia entre 2.000 y 4.000 personas”, explica a este diario Francisca da Silva, responsable de prensa de MSF en el país balcánico. “Pero por un cambio en las políticas -explica- ahora solo se deja pasar y usar las instalaciones a sirios, iraquís y afganos”.

Esta selección se produce dos países atrás: en Grecia. En el paso de Idomeni, en la frontera entre Grecia y Macedonia, las autoridades no permiten cruzar a quienes no sean de dichas nacionalidades. “Al principio esto se tradujo en gente estancada en el campamento [de tránsito] de Idomeni: somalís, libios, eritreos...”, relata Gemma Gillie, de MSF en Grecia. “Los primeros días de diciembre tuvimos hasta 5.000 personas allí”, apunta.

Muchos refugiados que no poseen las nacionalidades autorizadas no tiran la toalla y viajan a Idomeni para intentarlo, aunque los controles policiales prolongan el viaje más horas de las estrictamente necesarias con el fin de frenar de algún modo el flujo hacia la frontera.

Ahora, todos aquellos que no cumplen el requisito de ser sirios, afganos o iraquís son enviados de vuelta a Atenas. Pero en la primera gasolinera que ven de camino, a unos 20 kilómetros, en la cercana localidad de Polykastro, bajan del autocar y se quedan en la zona a la espera de su oportunidad para continuar el viaje hacia el norte, aunque sea pagando a un contrabandista. “Hemos visto un incremento de la población negra en la zona”, constata Gillie, en Idomeni en el momento de la entrevista.

 

AUMENTO DE TRÁFICO DE PERSONAS

Las consecuencias de esta discriminación son evidentes: ha aumentado el tráfico de personas entre estos países, con el problema de que quienes entran de manera ilegal por no tener las nacionalidades aceptadas no pueden solicitar asilo y quedan en un limbo legal. “Han surgido muchas nuevas redes de contrabando, con gente que pasa por fuera de las rutas oficiales, con lo que esta gente resulta más vulnerable, y no tiene acceso a alojamiento”, detalla Da Silva. Los casos de devolución de refugiados de Croacia a Serbia y de Serbia a Macedonia no son inusuales. Si en el 2015 el eslogan 'Refugiados, bienvenidos' tomó el continente, el 2016 ha empezado con un talante diametralmente opuesto.

Por su parte, MSF ha reabierto sus programas en Belgrado ante la aparición de más y más gente que usa la ruta extraoficial y se queda en la capital serbia. Hace unos meses, no paraba ningún refugiado puesto que iban directos a Croacia.

“Ahora hay un campamento en Miratovac, donde pueden dormir entre 40 y 50 personas”, resalta Da Silva, en referencia a una nueva instalación en la frontera serbia con Macedonia. Pero aunque el número de refugiados que llegan ha disminuido por el invierno, los servicios ofrecidos siguen lejos de poder abarcar todas las inmensas necesidades.

Preguntado sobre las posibilidades de congelación de los menores, el portavoz de Unicef, Christophe Boulierac, responde tajante: “El riesgo es muy, muy alto”.