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DESÓRDENES EN UNA EXREPÚBLICA SOVIÉTICA

Rebelión en Georgia por la intolerancia política contra la droga y el colectivo gay

Ultranacionalistas se enfrentan en la calle con activistas que piden la liberalización del consumo de narcóticos y libertad sexual. La policía ha practicado redadas en clubs nocturnos tras la muerte de varias personas por sobredosis de estupefacientes

MARC MARGINEDAS
16/05/2018

 

La última noche de sábado no fue como las demás en Tiflis, capital de la pequeña república exsoviética de Georgia. Miles de jóvenes que hasta solo momentos antes se hallaban bailando en las discotecas de una ciudad conocida por su vibrante cultura tecno se congregaron ante el enorme edicificio porticado del antiguo Parlamento. Acompañados de la música de disc jockeys y encendiendo bengalas, protestaban contra la operación llevada a cabo por las fuerzas policiales momentos antes contra dos populares clubs nocturnos, Bassiani y Café Gallery, en las que se practicaron decenas de detenciones.  

Durante los días siguientes han proseguido las acciones de protesta de los jóvenes, impulsadas por el denominado Movimiento Ruido Blanco, en las que se exige la liberalización de la política de drogas en esta pequeña exrepública soviética del Cáucaso, así como mayor tolerancia hacia las minorías sexuales, llegando incluso a pedir la dimisión del primer ministro y del ministro del Interior por "interferir en la vida privada".

Todo esto ha acabado provocando la reacción de los sectores más conservadores de la sociedad. Militantes ultranacionalistas y simpatizantes tradicionalistas se han encarado en los días siguientes con los manifestantes y han protagonizado episodios de violencia, obligando a las fuerzas de seguridad a intervenir para separar a ambos grupos y prevenir peleas.

TENSA ESPERA

"La situación se ha tranquilizado en los últimos días; los jóvenes esperan ahora la reacción del Ministerio del Interior; si no se satisfacen sus demandas de liberalización, volverán a salir a la calle", relata por vía telefónica desde Tiflis Mijaíl Robakidze, redactor jefe del primer canal de televisión del país.  

La contundencia de la actuación policial, motivada por la muerte de varias personas por consumo de estupefacientes, ha indignado a los jovenes y a los sectores más progresistas de la sociedad georgiana.  "Había entre 5 y 15 personas en la habitación cuando entraron seis agentes uniformados alrededor de la una de la madrugada",  ha explicado a Resident Advisor James Manning, disc jockey conocido como Sa Pa.

"Cuando ascendía por la escaleras, había artefactos, similares a colillas de cigarrillos, rodeados por círculos de tiza con marcas A, B, C, muy parecido a lo que se ve en el escenario de un crimen", ha continuado. Algunas informaciones aseguran que Zviad Gebaljiani, uno de los fundadores de Bassiani, había sido golpeado en las dependencias policiales. 

"Esto no es una lucha acerca de las discotecas; es una pugna entre el pasado sovético, la dictadura y el estado policial en el que solíamos vivir, y el futuro que queremos para nuestro país", ha asegurado a la misma publicación Maria Murisidze, exempleada de Bassiani.

CONFRONTACIÓN

"Es un problema de difícil solución, que enfrenta a los sectores más progresistas del país con las gentes más tradicionales que creen que sus derechos están siendo violados", explica también a través del teléfono el conservador exministro del Interior Valerii Jaburdzania. El exdirigente cree que la política respecto a los narcóticos en su país debería seguir las directrices europeas, y no ir más allá, como asegura que pretenden los manifestantes, y advierte del riesgo de desestabilización política del país, incluyendo la posible intervención de potencias extranjeras.

"Si no somos capaces de resolver nuestros problemas nosotros mismos, ello creará una oportunidad de intervención extranjera", ha prevenido. Desde principios de siglo, Georgia ha ido poco a poco desmarcándose de Rusia y ha orientado su política exterior hacia la integración en Europa y en el bloque occidental, lo que es visto con enormes reticencias por el Kremlin.