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90 AÑOS DE UNA MONARCA QUE HA HECHO HISTORIA

La sombra de Diana

El ingreso de una efusiva Lady Di en el seno de la rígida familia real británica provocó un seísmo de grado ocho en la venerable institución, que ha sabido recuperarse de los graves daños y adaptarse al siglo de las emociones presentando su lado más humano.

 

GEMMA ROBLES TRAMULLAS
10/04/2016

Nunca des explicaciones, nunca te lamentes, compórtate como un miembro de la realeza ('Never explain, never complain, be a royal'). La máxima acuñada por el aristócrata y dos veces primer ministro del Reino Unido Benjamin Disraeli (1804-1881) fue el faro que guió el reinado de Isabel IIdurante casi medio siglo, contribuyendo a su consolidación como símbolo de autoridad y poder.

Qué poco atinada estuvo la reina cuando describió a la joven Diana Frances Spencer como «uno de los nuestros» y la eligió como esposa de su primogénito, el príncipe Carlos, para dar continuidad genealógica al trono. Las fotografías que ilustran el texto muestran, aparte de un cambio de época, el choque de estilos y valores que representan las dos mujeres: la emoción frente a la moderación, la espontaneidad frente al protocolo, la pasión frente al deber.

Curiosamente, ambas imágenes tienen un mismo escenario, un viaje oficial a Canadá, pero con 50 años de diferencia. En 1951, la aún princesa Isabel -fue coronada en 1953- volvía a Londres después de una ausencia de más de un mes y saludaba a su hijo, que no había cumplido los 3 años, sin mantener con él ningún contacto físico.

IMPROPIO DE UN 'ROYAL'
En 1991, Diana se llevó a sus hijos Guillermo y Enrique a Canadá y al volver a verlos tras un día de gestiones salió volando del coche oficial, dejó atrás a su marido, se saltó a las autoridades que la esperaban para estrecharle la mano y corrió a abrazarlos. Semejante efusividad no era propia de un 'royal'.

Isabel II ya recibió críticas en 1953 por su excesiva rigidez. Volvía a Londres tras una gira de seis meses por los países de la Commonwealth y sus hijos Carlos (5 años) y Ana (3) se adelantaron para saludarla. «Ahora no, queridos», les advirtió ella. La reina se dirigió a las autoridades, como marca el protocolo, y después les estrechó la mano a sus ansiosos hijos.

En beneficio de la soberana hay que decir que no son ciertas las crónicas que cuentan que se perdió varios cumpleaños de su primogénito. Del viaje a Canadá volvió justo a tiempo para celebrar los 3 años de Carlos y la gira de la Commonwealth la inició días después de su quinto aniversario.

UNA DE LAS PEORES CRISIS
¿Pero qué pinta este tipo de análisis en un texto sobre la mujer que sigue siendo la soberana en 16 estados con monarquías constitucionales? El clamor popular contra Isabel II por su fría reacción tras la muerte de Diana, en 1997, supuso una de las peores crisis de la monarquía y obligó a la institución a iniciar un proceso de moderada dianización.

El siglo de las emociones y el debate de género han traído consigo nuevos enfoques en todos los ámbitos, incluida la gestión del poder. En este sentido, la elogiada serie política danesa 'Borgen' se hace eco de la dificultad que tiene la primera ministra Birgitte Nyborgpara administrar el país sin que se le desmorone la familia a causa de su ausencia.

Su hija adolescente sufre un ataque de ansiedad mientras ella negocia la paz entre dos estados africanos y sus adversarios se preguntan: «¿Cuánto tiempo dedica la primera ministra a cuidar de su hija? ¿Cómo puede gestionar un país alguien que no puede gestionar ni su propia familia?». Finalmente, Nyborg deja temporalmente el cargo para cuidar a su hija y vuelve después reforzada como madre y primera ministra.

En este contexto de revaloración de los cuidados se inscribe un diálogo del año 2012 entre Isabel II y la actriz Kate Winslet. «¿Le gusta su trabajo?», preguntó la soberana. «Sí señora, pero aún me gusta más ser madre», contestó la protagonista de 'Titanic'. A lo que la reina sentenció: «Ese es el único oficio importante». A Disraelile hubiera dado un soponcio.