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Lavillenie critica con dureza al público de Río

El pertiguista francés no entiende los abucheos en su duelo contra el local Da Silva

 

Lavillenie intenta digerir la derrota en el Estadio Olímpico de Río. - EFE / DIEGO AZUBEL

JOAN CARLES ARMENGOL / RÍO DE JANEIRO (ENVIADO ESPECIAL)
16/08/2016

La primera medalla para el atletismo brasileño desde Pekín 2008 trae cola. La actitud del publico del Estadio Olímpico, que lógicamente tomó partido por el atleta local, Thiago Braz da Silva, en su duelo en las alturas de la pértiga con Renaud Lavillenie, que defendía el título de Londres 2012, enfureció al francés, que en unas primera palabras de rabia ante la televisión francesa aseguró que se había sentido tratado "como Jesse Owens en los Juegos de Berlín de 1936". Más tarde, Lavillenie matizó sus palabras, pero siguió criticando con dureza los abucheos recibido de un público educado en la cultura futbolística.

El plusmarquista mundial, con 6,16 en pista cubierta, encajó mal la derrota ante un Da Silva que se incorporó al club de los 6 metros, ganando el oro con 6,03 ante los 5,98 de Lavillenie, que falló en su intentó de recuperar el oro sobre 6,08. "En toda mi vida no había visto un público como este en el atletismo, pero es verdad que no se puede comparar con el público alemán de aquella época y pido disculpas por esa comparación. Pero he competido en muchos sitios y es la primera vez que la gente está no solo contra mí, sino contra todos los saltadores excepto el brasileño", añadió el saltador francés. "Si no hay respeto y 'fair play' en unos Juegos Olímpicos, no sé dónde habrá".

Lavillenie hizo patente su disgusto durante la competición, cuando antes de afrontar su salto decisivo puso el pulgar hacia abajo en señal de desaprobación. Su gran rival en la noche del lunes, Da Silva, intentó aplacar también los ánimos del publico, pidiendo calma en alguna ocasión, pero la grada no pudo contener su entusiasmo. "El público no pudo controlar sus emociones porque quería que ganara un chico de Brasil".

SIN FELICITACIONES


El tercer clasificado, el estadounidense Sam Kendricks, reconoció que el público no había estado fino, pero no con la virulencia de Lavillenie. "Este es un país muy emocional, que anima mucho a su equipo, pero eso no quiere decir que esté contra los otros. Pero deben darse cuenta de que deben apoyar a todos los competidores". 

Al final de la prueba no hubo abrazos ni felicitaciones entre Da Silva y Lavillenie. "No le falté al respeto, tenemos poca relación, pero normal. Nos vemos poco. Yo vivo en Francia y él, en Italia. No estoy en la pértiga para hacer amigos. Si tengo algún problema con él, ya somos lo bastante adultos para hablarlo en privado", aseguró el francés. Da Silva, de 22 años, que se crió con sus abuelos, se traslado en el 2014 a Formia (Italia) para entrenarse con el técnico que también formó a Sergei Bubka y Yelena Isinbayeva, el ucraniano Vitali Petrov, y formar con su esposa, la también saltadora Ana Paula Oliveira, un núcleo familiar que el destino le robó en la infancia.