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Disidencias

Cobra

 

Juan Manuel Cardoso Juan Manuel Cardoso
22/09/2020

He dedicado parte del verano ya jubilado al escritor austriaco Stefan Zweig, el intelectual perfecto de principios del siglo XX, quien en sus memorias ‘El mundo de ayer’ –hoy que tantos echamos mano de los recuerdos que nos trasladan a cuando éramos felices y socializábamos con la bendita rutina por bandera- señala: «he sido homenajeado y marginado, libre y privado de libertad, rico y pobre. Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea». Zweig observó cómo todo se descomponía, cómo todo ese fundamento de cultura, de libertad, de pensamiento e ilustración, cómo todo ese culto a la razón se resquebrajaba haciéndose añicos. Y resolvió que «solo había una salida: recogerse en sí mismo y callar mientras los demás delirasen y vociferasen».

Tolstoi, de quien se ocupó profundamente Zweig, también experimentó las garras del naufragio a pesar de tener ya publicadas ‘Guerra y paz’ y ‘Ana Karenina’ y en su obra ‘Confesión’ escribe: «la vida se detuvo y se convirtió en algo inquietante». Aunque, posteriormente, recuperaría la esperanza, las heridas de la falta de fe y la melancolía siempre se quedan como recordatorias cicatrices de cuando solo recibimos pérdidas. Perdedores, acosados y amenazados son los jóvenes que recoge otro que tal, un Johnny Lawrence ya madurito –el rubio del ‘Karate Kid’ de los 80-- ahora convertido en un sensei dispuesto a que esta panda de maltratados les plante cara a los abusones de toda la vida.

En la serie ‘Cobra Kai’, todo un descubrimiento con papeles invertidos, pasa directamente del dar cera, pulir cera –que estaría bien en otros momentos, pero no ahora- y les enseña que, como la cobra, lo importante es la posición para encarar el problema y, después, la mordida. En un mundo a la deriva, donde la propaganda convierte en héroes a los villanos, hemos de estar preparados para que los lobos con piel de cordero sientan el golpe de nuestra pegada y no seguir, como siempre, agachando la cabeza, aplaudiendo sin sentido o mirando para otro lado. 

*Periodista