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Derribando fronteras

 

Hispania era el término que usaban los romanos para denominar a toda la Península, como alternativo al de Iberia que preferían los griegos. La Península era el fin del mundo conocido y en el sur se ubicaban las Columnas de Hércules con su «Non Plus Ultra» señalando el fin del Mediterráneo y en el norte Finisterre como fin de la Tierra.

Hispania tenía una unidad conceptual, aunque dividida en varias provincias, todas con litoral marítimo y conectadas por el interior con una extensa red de caminos. Una de esas provincias, Lusitania, la tierra de la Luz, venía a coincidir con las penillanuras de los ríos Tajo y Guadiana definiendo un espacio en el sudoeste ibérico. Más tardes llegaron los árabes denominando Al-Ándalus al conjunto de la Península. Con la desaparición del Califato de Córdoba en el siglo XI surgen las Taifas que crean múltiples fronteras. Pero las cuencas de los ríos Tajo y Guadiana vuelven a manifestar su unidad con los Reinos de Badajoz y Toledo. Es en el siglo XII cuando empieza a crearse una Raya que divide las naturales unidades territoriales. Primero con el Tratado de Zamora de 1143 se inicia el Reino de Portugal creando las fronteras que parten el Duero, y un siglo después en 1267 con el Tratado de Badajoz se parten las cuencas de los ríos Tajo y Guadiana cerrando la frontera más antigua de Europa y la mas extensa entre países europeos con 1.214 km.

La antigua tierras de la luz, sufren un cortocircuito y se convierte en tierra de la oscuridad. Los dos grandes reinos ibérico a partir del siglo XV vencen el «non plus ultra», traspasan sus fronteras y consiguen que muchas tierras desconocidas por los europeos sean nuevas tierras conectadas. Sin embargo generan un espacio cada vez mayor de separación, incomunicación, despoblamiento y pobreza entre ellos. Ocho siglos de desconfianzas entre vecinos no se superan fácilmente pero en algún momento hay que empezar. Hace 35 años se inició un proceso de supresión de fronteras pero también de comunicaciones. El acto de la reapertura de las fronteras debe ir más allá de un acto protocolario, debería ser el inicio de una voluntad firme de recuperar un espíritu unitario ante el mundo. Mediante infraestructuras de conexiones podemos comenzar a dar pasos firmes y recuperar siglos perdidos. Hay que también derribar muchas fronteras mentales.