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la atalaya

Desayuno (II)

 

Fernando Valdés
13/09/2020

Tengo para mí, aunque quizás alguien mayor me contradiga –llevo en Badajoz más de cuatro décadas-, que en Badajoz se tomaba mejor café cuando este producto pasaba de contrabando desde Portugal, que ahora. Con la entrada de nuestros dos países en la Comunidad Europea desapareció dicho comercio ilegal –creo- y comenzamos a abastecernos regularmente allí del preciado grano. Pues no es lo mismo, si bien, por entonces, no todo fuese bueno. Aún recuerdo la intensidad –el golpe se notaba en el estómago-- del que se trasegaba en el desaparecido quiosco de la Plaza de España-. Tampoco ahora todo es malo. Hay excepciones; pocas. Pero esto es el reino del torrefacto, inventado, al parecer, en esta plaza -¡vaya por Dios!-. Ni siquiera en aquellos lugares con franquicia el café acaba de convencer del todo. Hagan la prueba; si no hay prueba el razonamiento es fallido. Vayan a Elvas o a Campomayor y pidan una ‘bica’. Las marcas son las mismas que aquí, pero el café resultante no es igual. Alguien le echará la culpa al agua. Puede. Es, como dicen nuestros vecinos, la forma de tirarlo y quizás el no abusar de las mezclas.

De ahí la demás.

Y qué decir del té. Aquí no había tradición teófila. Eso no es peculiaridad. Pero, cosas de la globalización, se ha extendido la oferta y una cifra apreciable de locales lo ofrecen. Se pueden encontrar algunas variedades en muchos establecimientos, donde te lo presentan ya con la bolsita dentro del agua. Eso es una locura para quienes lo aprecian. Si el té procede de la India o de Ceilán o es verde de China, amarga muy rápido. Y ¿qué decir de las teteras? Suelen ser recipientes metálicos y diminutos, adquiridos en cualquier comercio asiático. Contienen tan poca agua que la bolsa de hierba absorbe casi la mitad y el cliente apenas llena la taza. Y un correcto servicio de té, al contrario que el de café, ha de permitir tomar, como mínimo, dos tazas. No media. ¿Conocen algún lugar dónde no sea así? También en eso nuestros vecinos portugueses tienen mucho que enseñarnos. Todo sea por demostrar si aquí se toman los mejores desayunos «del mundo», o aún nos falta mucho para ofrecer un servicio de calidad a los no jamoneros. O a los amantes de las variaciones.