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la atalaya

Desayunos (III)

 

Fernando Valdés Fernando Valdés
21/09/2020

Un buen desayuno, en una región donde abundan los productos de calidad, no debiera prescindir de ellos en el intento de conseguir que esa comida diaria se convierta en un elemento distintivo. O, mejor dicho, se la reconozca también por eso. Pongamos que al cliente le gusta el queso. ¿Nos vamos a contentar con una loncha de barra industrial? Los añejos de pasta dura o blanda son conocidos de sobra, pero no sé si son los más apropiados para tomar a primera hora de la mañana –pienso en quienes desayunan a mi lado a las 10:00 o a las 10:30 –. Se suele marginar, sin embargo, el queso fresco de cabra. Magnífico en Extremadura, sin discusión. Y mucho menos publicitado que las tortas del Casar, de la Serena o del Zújar, que tienen mejores horas de degustación.

¿Cuántos establecimientos de Badajoz ofrecen queso fresco regional? En el mejor de los casos te proponen uno de nadie sabe dónde. Y qué decir de la miel o de la mermelada. Es casi increíble no verlas entre las ofertas. ¿Puede alguien mirar por encima del hombro a esta región en materia de miel? No quiero ser patriotero, solo hacer reflexionar. Si cualquiera de ustedes prefiere tomar una tostada y pide mermelada, me juego un desayuno a que le sirven fresa o melocotón, alguna vez ciruela. Y todo de origen desconocido. ¿Se han preguntado alguna vez para qué nos sirve producir, en el valle del Jerte, unas cerezas magníficas? Pregunten por la mermelada de cereza. Aquí es una perfecta desconocida. Quizás haya alguna excepción.

Perdónenme. No trato de ser negativo. No pongo en duda la buena voluntad de nuestros hosteleros locales, pero, aparte de acumular tópicos, ¿no se les pasa por la cabeza echarle algo de imaginación al desayuno? Tampoco tanta, porque me refiero solo a productos vernáculos. A nada traído de fuera, salvo el café y el té. Un buen desayuno en Badajoz podría, si se quisiera, presumir de algo. Combinar la calidad y las peculiaridades de lo propio y, seguramente, el precio. Justo en una de las cosas en las que Extremadura podría dar sopas con honda. Bastaría algo de fantasía y un poco menos de exageración. No todo ha de ser jamón, sin que me parezca nada mal, ni yo lo desprecie en absoluto.