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CRUZANDO FRONTERAS

Esperanza

 

En el balneario de Carisbad el duque de Köthen tomaba las aguas. Lleva a sus músicos consigo para que la curación fuese completa. Johann Sebastian Bach estaba a su lado. Después del verano, regresó a casa pronunciando, alegre, el nombre de su esposa, sin saber que hacia mas de un mes que era viudo. Compuso, entonces, la Partita para violín solo nº2, BWV1004. La escucho y un escalofrío me hace buscar otro café en esta mañana que ya amanece fresca, y augura agua. Bendita. Como su música. No puedo imaginar su cara, el gesto, cuando recorriera los pasillos, vacíos, la cocina muda, la cama sin la huella, ni el olor de quien amo en la almohada, el espejo del tocador huérfano para siempre. Sin embargo lo veo, doblado, escribiéndole. Enredando su recuerdo en cada nota como zarcillos de una parra. Construyendo, sin saber quizá, un sombrajo, donde guarecerse de la pena. ¿Cuántas veces se habrá soñado con un refugio así en este año? Con que todo fuera una pesadilla de la que despertar. Meses de enfermedad. De miedo. De muerte no pronunciada. Muerte sin nombres, amortajada por cifras, curvas y olas. Muerte aislada. Muerte sola. Sus hijos, sus amigos, los que se quedaron, sin duelo que llevarse a la boca, seca de despedida. Ausencia sin tiempo, ni espacio donde llorar. Pienso en los diálogos no pronunciados, los perdones amputados. Los te quiero que no llegaron, como aquellos escritos por los que viajaban en los aviones del 11 de septiembre. Te quieros en el aire sin labios en los que posarse o brazos que los acunen. La Chaconne lleva acordes de esperanza. Esperanza que algunos creen imposible de conjugar con estos tiempos tan oscuros. A oscuras, sin electricidad vive California quemada por los cuarto costados, a oscuras, insomnes, los que perdieron su empleo, su negocio devastado por la pandemia, a oscuras, de luto negrisimo, viven los que aun no han podido asimilar que su padre ya no esta, a oscuras resisten el día a día los gobernados por políticos sin brújula, casi sin alma. 

Pero cada mañana llega la luz, no solo del alba, sino de vecinos que se ayudan, de bomberos, enfermeros, que no se detienen ni siquiera para enjugar su cansancio, de maestros que dedican sus desvelos a aprender a enseñar de nuevo, de niños que estudian ilusionados y ríen en el colegio, detrás de  sus  mascarillas, de mujeres que tejen redes para amortiguar las caídas...de Bach que resuena, elevándonos, sosteniéndonos, llenándonos de gracia.