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Disidencias

Innecesarios

 

Juan Manuel Cardoso Juan Manuel Cardoso
06/07/2020

Propongo un juego: realizar una lista de innecesarios. Como no me deseo extender, dejaremos para otro día el ámbito de lo privado. Centrémonos en lo público, en lo que nos rodea o con lo que convivimos como ciudadanos que comparten una misma geografía. ¿Son innecesarios los políticos? Ea, así, de entrada, parece brusco. Cuando hablo de políticos, ¿metemos al gobierno, a la oposición, a los asesores, a los correveidiles, a los pelotas y a los enchufados? Y si, un suponer, son innecesarios los políticos, ¿qué sucede, que estoy afirmando con atrevida contundencia que me estoy cargando o, simplemente, afirmando que la democracia, al no existir los partidos políticos, es innecesaria? Bueno, vayamos por partes, que no se nos vaya el juego de las manos. Los políticos son el reflejo de la sociedad por lo que, de convertirlos en innecesarios, nos estaríamos convirtiendo todos, usted y yo, en innecesarios. Y eso son palabras mayores. Es que no habría comunidad que, por cierto, a veces, uno se pregunta hasta qué punto es necesaria una comunidad del tipo que sea, aunque sea una comunidad de bienes, de vecinos o de intereses ocultos. Si acaso, para no perder el hilo, serían innecesarios algunos políticos, los malos, los que meten la mano, la pata o hacen de su lengua un sayo. Los que mienten, chalanean, amenazan o, sencillamente, demuestran que no saben gestionar ni su agenda. Son necesarios los partidos políticos -en el orbe comunista nunca lo fueron porque el partido único es el que estaba en posesión de la verdad y la oposición, si no estaba exiliada o en la cárcel, no hacía más que molestar- pero innecesarios los partidos que contravienen la democracia. O los que atacan a los ciudadanos. La libertad de expresión tiene límites. El código penal, por ejemplo.

Innecesarios son, también, algunos periodistas, algunos medios, algunos programas de televisión, las malas noticias, el alarmismo, los egos, que llevan a algunos a la desidia, a la desinformación o al abismo directamente. Y, sobre todo y más que nada, en España son innecesarios los que miran para otro lado, los que, como charlatanes de feria, nos venden la moto y todos aquellos que, yendo de guais, parece que solo viven para amargarnos la existencia. El caso es que ya no sé cómo quitarme de encima tanta inmundicia, pero, por si acaso, he dejado de ver la televisión.