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la atalaya

Mezquita (III)

 

Fernando Valdés Fernando Valdés
20/07/2020

Hay bastantes indicadores arqueológicos que a estas alturas señalan cómo Batalyaws, a pesar de las informaciones suministradas por los cronistas árabes, era una ciudad de unas proporciones bastante reducidas, incluso durante el reino taifa de los Aftasíes. Todos los autores que hablan de esta población son tardíos y la mayoría ni siquiera la visitó. Solo el magrebí al-Idrisi estuvo aquí y, curiosamente, reparó en el tamaño del Arrabal Oriental, más grande que el resto de la plaza. Por algo sería. Claro está, tuvo mezquita mayor y sin duda alguna más pequeña, de barrio. Pero ni aquélla debía ser tan grande, ni las otras, tan numerosas. Quien lo contó, al-Himyari, copió la noticia de un documento anterior y tenía la intención de subrayar el carácter islámico del sitio. Solo eso.

¿Dónde se situaba la aljama de Batalyaws? Con toda probabilidad en un punto central del casco urbano de entonces. Eso deja poco margen a la especulación. Porque la trama árabe se conserva fosilizada en grandes zonas. El lugar que más papeletas reúne es, precisamente, la actual iglesia de San Agustín. Es un argumento más, por exclusión, para apoyar la hipótesis arqueológica a la que ya aludí columnas atrás. El oratorio que localizamos hace años en el interior de la Alcazaba -la más descuidada de España- nunca pudo ser aljama. Sus dimensiones eran muy exiguas, constituía una dependencia de un edificio residencial y estaba dentro de una zona militar a la que no podía acceder nadie que no estuviese autorizado. Repárese en el hecho de que Alfonso I de Portugal y Giraldo Sempavor no pudieron tomar la fortaleza porque la defendía una guarnición de soldados exclusivamente almohades. Si Alfonso IX mandó elevar allí, en 1230, la catedral de Santa María de la Sée no fue, como ha razonado algún entendido, porque el pequeño oratorio fuese aljama, sino porque no estaba seguro de poder conservar la plaza con las reducidas fuerzas de que disponía. El templo cristiano no era solo un lugar de culto, era, también, un elemento defensivo. Así pues, el cálculo teórico de la ubicación de la mezquita lleva a San Agustín. Si se hubiera levantado donde después la catedral de San Juan ¿no lo hubiera señalado algún cronista? 


(*) Arqueólogo