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la atalaya

Mezquita (y IV)

 

Fernando Valdés Fernando Valdés
27/07/2020

Digamos, en definitiva, que si no conserváramos algo más de la mitad de la torre de San Agustín, ni la esquina sudeste del muro de la cabecera del primer oratorio, elementos maltratados o ignorados por una reparación inconsciente y poco respetuosa, la propia centralidad de la ubicación del edificio en la trama urbana del primer Batalyaws y algún detalle más permitirían plantear una hipótesis convincente sobre la antigua presencia de la aljama.

La ignorancia de las investigaciones ajenas es menos llamativa por lo que tiene de desprecio de opiniones técnicas bien fundadas que de poca sensibilidad por la que es una de las iglesias más antiguas de la ciudad. Los responsables sabrán por qué. Solo algún aficionado ajeno a la administración trajo e hizo pasar por allí a un colega extranjero, para asesorarse al respecto, quizás con buena voluntad. No es poco en nuestro panorama de preocupaciones patrimoniales. Pero no me cabe duda de que en ciertas esferas no gustó eso de que se conservara parte de una mezquita bajo la iglesia.

No entiendo el motivo. ¿De qué tienen miedo? ¿Piensan que los musulmanes van a reclamarla? Me parecen tan absurdas las preguntas como las hipotéticas respuestas. Todavía estamos en esas.
Un último detalle. Si la mezquita mayor de Batalyaws se ubicaba donde pienso, había de tener un patio. Y, si se cumplen los cánones conocidos en este tipo de obras religiosas, se localizaría en su lado norte. Justo donde se levanta el antiguo claustro de la iglesia y, casi hasta ahora, el patio del colegio de San Pedro de Alcántara.

Podemos deducir, por lo tanto, que ese publicitado proyecto de rehabilitación, cuya intervención arquitectónica corre a cargo del Ayuntamiento, debiera ser muy cuidadoso en sus actuaciones. Hacer un estudio arqueológico previo, serio y por técnicos competentes. Y, claro, con transparencia procedimental.
Si tengo razón, me lo agradecerán. Badajoz habrá ganado Patrimonio Cultural. Si no la tengo, no se pierde nada. No es un delito actuar con cuidado en un tema arqueológicamente delicado. Se trata de hacer las cosas bien, ¿no es así? Y, por cierto, el colega portugués consultado parece haberse encogido de hombros. ¿Qué esperaban que hiciera?