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ACTUABA EN BARCELONA

61 años de cárcel para un agresor sexual de menores que se hacía pasar por una mujer

Obtenía el teléfono de sus víctimas en páginas de anuncios por internet y les proponia concertar citas con hombres

EL PERIÓDICO
12/07/2016

 

El Tribunal Supremo ha confirmado una sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona que en enero del 2016 condenó a 61 años de cárcel a un hombre por delitos de agresión sexual, abuso sexual e inducción a la prostitución de menores. Sus víctimas fueron 11 chicas, 9 de ellas menores de edad, con las que contactó en la capital catalana, entre el 2012 y el 2013. tras obtener sus números de teléfonos móviles, en algunas ocasiones a través de páginas de anuncios en Internet.

Según el fallo judicial, el condenado, Claudio Tórrez Ávalos, de nacionalidad boliviana, contactó con distintas jóvenes utilizando para ello aplicaciones como whatsapp o facebook, y, simulando ser una mujer dedicada a concertar citas con hombres para mantener relaciones, incluyendo las de naturaleza sexual, a cambio de dinero, mantenía conversaciones y contactos hasta conseguir convencer a algunas de las víctimas para concertar un encuentro con un supuesto e inexistente cliente.

Acordada la cita, era el procesado el que acudía al mismo, con la intención de mantener relaciones sexuales con las personas con las que había conseguido citarse, bien con su consentimiento, obteniendo éste mediante engaño, ya que les aseguraba que obtendrían una cantidad de dinero que, según decía, ya habían pagado a la inexistente mujer que concertaba la cita.

VIOLACIONES


En otras ocasiones, les aseguraba que pensaba pagar, sin realizar ningún pago, salvo algunos parciales, ni tener voluntad de hacerlo, o incluso llegando a mantener relaciones sexuales con las personas que si citaban con él forzándolas en contra de su voluntad.

El Supremo rechaza íntegramente el recurso planteado por el condenado, y considera plenamente justificadas las autorizaciones judiciales de intervención del teléfono de esta persona, así como la entrada y registro en su domicilio. Destaca la coincidencia de declaraciones incriminatorias de las víctimas, “de manera que unas se corroboran por las otras, al relatar todas ellas un mismo “modus operandi”, que las dota de una singular credibilidad

Esas coincidencias son “la reiteración de nombres que utiliza el acusado para contactar con sus víctimas (el más habitual era Raquel); quedar con ellas en los mismos lugares, sobre todo estaciones del metro próximas entre sí; las conversaciones que mantiene con ellas en whatsapp y el hecho de que normalmente las víctimas lo han identificado bien en rueda de reconocimiento, bien en el acto del juicio oral como autor de los hechos; solía acudir con las víctimas a la misma vivienda, y les ofrecía a todas las mismas ganancias, unos 400 euros.

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