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EL IMPACTO DEL CORONAVIRUS EN LA HOSTELERÍA

Barras vacías, cola de facturas

Bares, restaurantes y hoteles deben hacer frente a varias semanas sin contar con ingresos pero teniendo que afrontar pagos. También a la incertidumbre de no saber cómo se recuperará la clientela una vez que pase la crisis del covid-19

 

Pedro Gutiérrez, Al-Karica. - EL PERIÓDICO

Eduardo Barajas
30/03/2020

Las barras y mesas de bares y restaurantes se han quedado completamente vacías estos días. Sus terrazas, recogidas en los almacenes. En los hoteles no hay clientes, y llueven las anulaciones y aplazamientos tanto de habitaciones como para la celebración de comuniones y bodas. La hostelería ha sido uno de los sectores económicos que ha sentido más rápidamente el impacto del virus. Negocios que no tienen ningún ingreso pero para los que las facturas siguen acumulándose. Y mayor es su temor, incluso, a que el menoscabo no se limite solo al periodo de restricciones. Pese a los múltiples memes que estos días circulan por redes sociales pronosticando avalanchas de clientes para cuando acabe la cuarentena, la opinión mayoritaria es que se va a tardar mucho en recuperar la afluencia normal a estos establecimientos.

Prácticamente desde el primer día «las pérdidas son impresionantes. Esto me ha cogido con las cámaras llenas de todo tipo de artículos y ya he empezado a tirar cosas», lamenta Julio César Lospitao, gerente del restaurante Quinto Cecilio, de Medellín, uno de los principales referentes gastronómicos de Las Vegas Altas y que también es hotel. A una Semana Santa completamente perdida —cinco días que, en condiciones normales, «estamos a reventar de gente»—, se suman la anulación masiva de bodas y de todo tipo de eventos hasta la primera quincena de mayo y la suspensión de las comuniones. Con este panorama, ha presentado un expediente de regulación temporal de empleo para sus 16 trabajadores. Son los fijos, porque además hay otra veintena de extras, como ayudantes de cocina, limpiadoras o camareros, con los que tendrá que dejar de contar por el momento. «Mi idea es volver a coger gradualmente a todo el personal», afirma Lospitao, que destaca que a la hora de retomar la actividad cuenta con dos ventajas: «Nuestra antigüedad de 25 años y que tenemos un nombre». Reconoce, no obstante, que «nos va a costar volver a arrancar esto».

«La gente al principio va a tener miedo de entrar en sitios donde haya muchas personas, pero aparte creo que va a haber restricciones, no se podrá tener mucha gente en el bar. Y eso a nosotros, siendo un local pequeño, nos afectará bastante», señala en esta misma línea Francisco Vázquez, uno de los tres hermanos dueños del bar Las Cancelas, en Cáceres, un establecimiento con más de medio siglo de vida y cuyo fuerte es «la caña con la tapa». «Hasta que volvamos a la normalidad esto va para bastante largo», remacha.

A Pedro Terrones, gerente de Dehesa Terrones, local situado en la zona de la plaza Roja de Don Benito, el estado de alarma le pilló justo cuando iba a abrir tras una reforma en la que ha invertido «entre 60.000 y 70.000 euros». Solo le faltaba rematar los detalles para una reapertura que había previsto para el 19 de marzo. «Cuando abriera sabía que tendría un buen verano, porque cuento con muchísimos clientes fijos», sostiene.

Unas perspectivas que han cambiado por completo, lo que no impide que tenga que seguir haciendo frente a un elevado alquiler por el local, que ya le han dicho que debe abonar entre el día 1 y el 5 del próximo mes, a pesar de no tener ningún ingreso. Con 33 años, 10 de ellos al frente de este negocio, trata en cualquier caso de mantener el optimismo. «Estoy deseando volver, no he parado de trabajar en mi vida, Las máximas vacaciones que me he cogido han sido quince días para mi luna de miel. Estoy que me tiro de los pelos por volver».

Mariví Márquez, propietaria de la tapería Los Ibéricos, en Cáceres, sí que espera tener facilidades a la hora de pagar la renta del alquiler que, en su caso, es de dos locales. De momento no tiene nada seguro, pero «nos han dicho de dejarlo para después, para cuando empecemos a trabajar de nuevo. No nos lo quitan, pero podemos aplazarlo». «Hay mucha incertidumbre nos sabemos lo que va a pasar en el futuro», esgrime. Dudas tanto sobre cómo se van a llevar a la realidad las medidas económicas anunciadas por el Gobierno como también acerca de la reacción de los consumidores una vez que pase la crisis sanitaria. «Nos sabes si la gente va a seguir teniendo miedo a salir, o si lo que va a querer es ahorrar por lo que pueda venir luego», argumenta.

También todos los hoteles se han visto obligados a cerrar al público. En el Acosta Centro, de Almendralejo, ya venían notando la caída de la afluencia semanas antes de que se decretase el estado de alarma. En febrero, solo con las anulaciones del mercado asiático, perdieron unos veinte mil euros y la cosa ya fue a mucho peor en la primera quincena de marzo. «Tenía que haber facturado a día 15 unos cien mil euros, y fueron treinta mil, que son los que al final voy a facturar todo el mes», precisa José Manuel Acosta, gerente de este hotel. Con 115 habitaciones, alrededor de un 30% de su clientela procede del mercado asiático, un 40% es turismo cultural que viene a conocer la región, sobre todo desde otros puntos de España, y el resto proviene de empresas o de pernoctaciones ocasionales, que incluyen desde congresos hasta bodas. «El mes más ‘peligroso’ es mayo, porque hay muchos eventos, como comuniones, que no sabemos si se van a celebrar. Las bodas, de momento, se están posponiendo de abril a octubre o noviembre», detalla. La empresa ha tramitado ya un erte para toda la plantilla, que integran cerca de cuarenta trabajadores.

La fuerte inversión que conllevó la construcción de este hotel hace que los compromisos a los que se tiene que hacer frente con los bancos sean elevados, por lo que Acosta confía en que desde estos se entienda que cuando abra de nuevo «no vamos a tener una actividad como si hubiera sido la misma fecha del 2019». Él estima que puede reducirse a un tercio. «Siendo realistas», calcula que la actividad podrá reiniciarse a principios de junio, pero «esperemos que sea antes», remacha.

Entre seiscientas y setecientas personas podían llegar a pasar un viernes o un sábado por Al-Karica, un establecimiento de Coria (el nombre hace referencia al periodo musulmán en esta localidad cacereña) especializado en «comida rápida de calidad» como hamburguesas, codillos o platos combinados, pero al que también es frecuente ir de cañas o a tomar un café. «Las comidas era lo último que habíamos puesto, y nos estaba yendo muy bien», asegura su gerente, Pedro Gutiérrez. Sus nueve trabajadores están incluidos en un erte. «No sabemos qué es lo que pasará ahora, pero imagino que esto no va a ser igual que antes. No creo que la gente vuelva a salir de golpe, lo hará poco a poco, con miedo», aventura.

Carlos Durán, propietario de la Cervecería Pepe Jerez, ubicada en plena plaza de España de Badajoz, ya está pensando en el día después de que acabe el confinamiento. Aprovecha estos días para hacer mantenimiento del local a puerta cerrada, pintando o acuchillando el suelo, «para que cuando abramos, lo hagamos más fuertes y mejores».

Él es consciente de que su sector se dedica «en un 70% al ocio», por lo que el gasto en él no estará entre las prioridades de muchas familias cuando la crisis sanitaria pase. «Esto no va a ser cuestión de un mes, dos o tres. Esto no explotará de nuevo hasta que no esté la vacuna y la gente tenga la seguridad de que puede salir a la calle con total tranquilidad a disfrutar como se disfrutaba antes. Esto será muy lento», pronostica.

Echando cuentas

Por eso, estas jornadas también las emplea en «echar cuentas», gestionando los pagos a proveedores correspondientes a los últimos meses para que las reservas del negocio no se queden a cero. «Para arrancar de nuevo se necesitará un fondo. Tenemos que ser hábiles con la gestión porque no sabemos con qué volumen de facturación vamos a empezar cuando esto termine».

También tiene claro que «aquí, o nos ayudamos entre todos, o al final caeremos en cadena. No podemos dejar que caiga todo el peso en los bares y restaurantes». Los proveedores principales ya «están siendo flexibles con las facturas pendientes de muchos compañeros», arguye. Una flexibilidad que también espera que haya para quienes, como él, tienen que pagar rentas de alquiler. «Nosotros tenemos otro local en propiedad y ya nos hemos puesto en contacto con los inquilinos para decirles que se suspende el pago hasta que renueven la actividad», asevera. «Directa o indirectamente, vamos a perder todos, así que debemos establecer una relación de confianza entre nosotros», remacha.