Si ya eres usuario, accede...

Recordarme

¿No recuerdas tu contraseña?
Accede con redes sociales...
Si todavía no eres usuario, regístrate...

¡Regístrate ahora! para recibir los titulares del día en tu e-mail.

¡Regístrate ahora! para poder comentar noticias, participar en sorteos y concursos.

Menú Accede
Si ya eres usuario, accede...

Recordarme

¿No recuerdas tu contraseña?
Accede con redes sociales...
Si todavía no eres usuario, regístrate...

¡Regístrate ahora! para recibir los titulares del día en tu e-mail.

¡Regístrate ahora! para poder comentar noticias, participar en sorteos y concursos.

BALONCESTO

La estrella de la NBA que se convirtió en atracador y sicario

Robert Swift juega en Gijón, en un equipo de la quinta categoría del baloncesto español, para olvidar que dilapidó 20 millones de euros en drogas antes de ingresar en la cárcel por un atraco a mano armada

MIGUEL MARTÍNEZ
10/03/2018

 

Un atraco a mano armada le condujo a la cárcel. Aislado, entre rejas, sin poder consumir heroína o metanfetamina, su cabeza recuperó la lucidez. Tomó consciencia de su adicción, de los cinco años que había pasado entre basura, jeringuillas y armas ilegales, de los 20 millones de dólares que dilapidó en un lustro, de los trabajos de matón que realizó para su camello cuando el banco el embargó su casa y no le quedaba un centavo.

"Estaba tan perdido que que todo me daba igual", dice Robert Swift, un gigante pelirrojo de 2,16 metros plagado de tatuajes. "Malas decisiones... y algunas cosas que escaparon a mi control y destrozaron mi vida. Y siguieron destrozándola... durante años".

Compañero de Durant y Westbrook
En la cárcel, dijo, "me sentí a escribir sobre mi vida, sobre lo que había ocurrido, en lo que había convertido mi vida y rompí a llorar. Y tomé una decisión: acabaré con esto. No quiero seguir así. Quiero recuperar mi vida y jugar al baloncesto", sentenció este malote de 36 años, que ahora rehace su vida en el Círculo Gijón, un club recién fundado en la quinta categoría del baloncesto español.

Había arrasado en el baloncesto de instituto. Ni siquiera fue a la universidad, porque con solo 18 años entró en el draft del 2004 en la NBA. Salió elegido por Seattle Supersonics con el número 12 por delante de jugadores como Al Jefferson o JR Smith. Durante cinco temporadas jugó en la NBA, en Seattle, y vivió el cambio de ciudad de la franquicia a Oklahoma, cinco campañas en las que disputó casi 100 partidos.

"Tuve cinco entrenadores en cinco años, dos dueños, dos ciudades, dos equipos". En Oklahoma compartió vestuario con Kevin Durant y Russell Westbrook, de los que se acuerda perfectamente: "Durant es mucho mejor jugador ahora, ha aprendido a jugar mucho más. Westbrook siempre ha sido divertido verlo jugar. Durante su año de novato siempre se comprometía al máximo, siempre quería aprender".

En la liga japonesa
A Swift, que por entonces lucía una gran cola pelirroja, no le dieron muchos minutos en los dos primeros años, y cuando ya parecía preparado, llegaron las lesiones en la tercera temporada. Primero, un menisco, luego el ligamento cruzado… Oklahoma le puso en la calle y  Swift probó suerte en la Liga de Desarrollo Americana, primero, y en la Liga Japonesa, después.


Robert Swift, en una acción de un partido en Gijón. / EL PERIÓDICO

Un tsunami puso fin a la Liga nipona y Swift regresó a Estados Unidos donde nadie le quiso: "Tuve dos pruebas para equipos de la NBA que fueron bien pero al final no fui escogido, no conseguí el contrato y ahí fue cuando me alejé un poco del deporte". "No sabía qué iba a hacer, creía que no podría jugar al baloncesto. Me sentí atrapado".

Primero la metanfetamina, después la heroína. Dilapidó 20 millones de euros, todo lo que había ganado. Vivía entre basura, haciendo trabajos de matón, con armas ilegales y, por fortuna para él, dio con sus huesos en la cárcel. Y después, libertad condicional. "Todo empezó cuando volví a la Iglesia. Fui muy afortunado con la Iglesia que escogí en California, porque tenía una gran vinculación con el deporte y eso me ayudó a volver al baloncesto. Allí fue donde conocí a Mike Huete. Compartían Iglesia y gimnasio.

Entrenar a niños
Huete recibió una llamada para jugar en el Círculo, un nuevo equipo fundado en Gijón que arranca en la última categoría del baloncesto. "Jugar en la quinta categoría del baloncesto de España no te hace rico”, dice con una mueca Huete, que convenció a su amigo para compartir experiencia en Asturias. "No podemos ofrecerles casi nada, solo un hogar", dice el técnico del equipo, Nacho Galán.

En cuanto la policía le devolvió el pasaporte, Swift viajó a Gijón. "Me encanta esto. Adoro la ciudad, vivimos a una manzana de la playa, lo que siempre es un beneficio", dice este gigante pelirrojo mientras se aprieta varios platos de fabada.  "En general, está yendo fenomenal hasta el momento. Me encanta mi equipo. Creo que esto va a traer más alegría a mi vida, estar jugando. Me gustaría también entrenar a niños. Creo que puedo tener impacto en la vida de las personas y eso es lo que quiero. Mi pasado ha quedado atrás. He renacido. Ahora todo es futuro".

Las noticias más...
Deshacer Previsualizar antes de guardar Guardar CMS desarrollado por: CMS desarrollado por DiCom Medios, S.L.