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ENTREVISTA

Jan, 45 años con Superlópez

Autor del cartel de esta edición del Salón del Cómic, el veterano dibujante protagoniza la gran exposición del paródico superhéroe del tebeo

EL PERIÓDICO
12/04/2018

 

45 años y 70 álbumes lleva Superlópez sobrevolando los cielos de Parchelona, siempre haciendo cuernos con los dedos de las manos, nacido de los lápices de Jan. Este, a sus 79 años, sigue dibujando casi a diario, sentado en la silla de su estudio que, asegura, “está hecha unos zorros de tanto uso”, y metiendo a su tebeístico antihéroe en “unos fregados” en los que él no se metería “ni por pienso”. Este es el Salón del Cómic de Jan, nacido Juan López en 1939, en un pueblecito de León y llegado a Barcelona en los 70: es autor del cartel de esta edición del festival, que acoge una gran exposición con 70 originales que recorrerá sus seis décadas de profesión, sus otras creaciones, entre las que despunta Pulgarcito, y la historia de su personaje estrella, un Superlópez que además de novedad –‘Nuevas aventuras de Mambrú’, donde intenta evitar un atentado yihadista- llegará en noviembre al cine, encarnado por Dani Rovira, en un filme de Javier Ruiz Caldera, quien este sábado (12 h.) desvelará en primicia al público del certamen el primer póster y el primer ‘teaser’.

“Nunca he querido ser un personaje público pero no se cómo se evita eso. En todo caso, si hay quien disfruta con estas cosas me daré por satisfecho”, cuenta, algo “agobiado”, sobre todo este protagonismo, al que contribuirán dos títulos más de la longeva serie en B de Cómic (en junio, ‘Superlópez XXL’, sobre la obesidad infantil, y en octubre, ‘Robinson’, sobre el aislamiento que causan los móviles) y, coincidiendo con el estreno de la película, ‘El Gran libro de Superlópez’. 

El personaje nació siendo una parodia de Superman pero en seguida le hizo evolucionar para que, cuando se enfundara el traje y aparcara su identidad de gris oficinista, fuera un espejo de la sociedad y alertara de problemas sociales que preocupan a su autor, como el terrorismo y el reclutamiento islamista de jóvenes, los desahucios y la crisis, el chapapote o la explotación infantil. “Eso es lo que da sentido a mi trabajo. Siempre he intentado con mis temas pensar en los chicos de 12 a 18 años a los que dirijo mis historias, sin menoscabo de que las lean los más adultos. Suelo decir que hago pedagogía, pero no impongo mis criterios, cada uno debe tener el suyo”, explica vía correo electrónico el dibujante, sordo desde niño. 

Sin embargo, puntualiza, Superlópez no tiene la capacidad de salvar al mundo de todo lo que va mal. “Siempre interviene impulsado por la preocupación de sus amigos, que caen en enredos relacionados con esos conflictos sociales. En realidad, y todos lo sabemos, lo que le preocupa es el fútbol y sus desayunos con café con leche y cruasán, pero le pierde su buen corazón”.

Jan, Gran Premio a la trayectoria del Salón del Cómic 2002, sabe que hoy muchos de sus lectores son “los nostálgicos de los primeros años que ya crían calva, buscando lo que ya vieron cuando eran niños”. “Estoy desesperado por recuperar lectores de 12 a 18 años, para los que quería hacer mis Superlópez pero es una batalla inútil contra los móviles y las tabletas... Si sigo será porque tengo alguna esperanza de que se cansen del hipnótico foco rectangular pero soy pesimista –lamenta-. No sé si acabaré pasandome al humor adulto pero no lo haré con Superlópez”.

Astérix y Corto Maltés son personajes emblemáticos del cómic que han sido retomados por otros autores. Pero Jan no le quita el sueño que ocurra con Superlópez, porque para él lo importante no es tanto el personaje como “las historias que se cuentan con él”. “Cuando se cambia de autor cambia también la esencia del personaje, eso se nota... Yo distingo muy bien el Flash Gordon de Alex Raymond del de Dan Barry. En todo caso me parece triste que un autor quiera seguir el personaje de otro en lugar de crear el suyo. Yo podía haber contado las mismas historias con otro personaje si hubiera querido. No me considero un enamorado de mis personajes sino de las historias que he contado con ellos -argumenta-. Por eso no me ha preocupado recuperar la propiedad de Superlópez (los derechos están en manos de la editorial, desde la época Bruguera), que sería fácil con un pleito. Más bien lo dejaría y crearía otro”. 

Ha preferido el veterano dibujante mantenerse al margen del proyecto cinéfilo de Superlópez. “¿Por qué tengo de meterme en el trabajo de otros profesionales, como si no tuviera bastante con el mío? Yo a mis historietas. Sé que Dani Rovira es buen actor, le he visto actuar y espero que lo haga bien. Del resto del equipo también puedo decir lo mismo. Pero harán su Superlópez, no el mío”. 

Sin cómic del 'procés'
No elude hablar de la independencia de Cataluña. “Hace muuuchos años que me posiciono sobre el ‘procés’ y he usado alguna vez a Superlópez para manifestarme –en internet se puede ver al héroe con un ‘sí’ en el traje o con la papeleta para votar ‘sí’-. No escondo nunca la cabeza como los avestruces. Pero no haría jamás una historieta de Superlópez en ese sentido ya que sería un panfleto. Los panfletos se usaban para defender o imponer ideas y yo no impongo las mías ni con cuchara”. 

Consecuente con sus principios, en el 2012 rechazó la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, que concede el Ministerio de Educación, entonces con el polémico José Ignacio Wert, que quiso “españolizar a los niños catalanes”, al frente. “Tras ver la decisión de la gente de mi pueblo, el panadero, el del bar, el mecánico, el paleta, la señora de la esquina, la abuela del herrero... apiñándose bien apretados a mí en la puerta de la escuela para no dejar entrar los ‘piolines’, y después de ver las bárbaras actuaciones en los otros colegios... [en alusión al 1-O] hoy mi respuesta seguiría siendo muy educada pero reiterativa por completo”.

El consejo
Admite el autor de ‘Don Talarico’ que lee pocos cómics, los últimos de Paco Roca y José Luis Munuera –“todos mejores que yo”, apunta con humildad, para afirmar que sus colegas “lo están haciendo cada vez mejor”-. “Soy más de libros pero cada vez tengo menos tiempo para leer, no puedo dibujar menos y supongo que ya están inventando un robot para hacer cómics, como en todos los oficios... No sé de qué vivirá la gente en el siglo XXII, si es que aún vive alguien...”. Ha conseguido vivir de dibujar, señala, porque empezó en 1960 -“y acabas ganando por pesado...”, bromea- y, aunque no puede aconsejar a los que ahora empiezan, dice: “Creo en el refrán de ‘Quien la sigue la consigue’”.  

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