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Feria de Olivenza. LAS CRÓNICAS DEL MAILA

A la lluvia solo le tienen miedo los cobardes

Fernando Valbuena
03/03/2018

 

Lo del viento es distinto. Se puede ser valiente y tenerle miedo, o cuando menos, respeto al viento cuando se está en la cara del toro. El viento desarma, derrota, abate, derriba,... las faenas de gloria (y las otras). La lluvia no. Algunas de las faenas que me han hecho aficionado fueron marineras. Olivenza, hoy viernes, ayer para ustedes mis lectores, está marinera. Olivenza, puerto de mar. Nada tan portugués como el ansia de mar, de tempestad, de circunvalar mundos y de ponerle proa a la propia vida.

Llueve. Llueve como cuando Manzanares reventó la Maestranza. Descalzo, en majestad. Llueve como cuando Garrido le cortó las dos orejas a un novillo en Bilbao y el cielo rajado le coronó torero. Acartelado en solitario, iba cortando orejas, pero llegando el quinto todavía le faltaban los dos orejas de un novillo para abrir la Puerta Grande de Vista Alegre. Llovía. Y en ese momento llovía más. Nos refugiamos en las gradas. Mi amigo Gordillo, aún rampante de salud, saltó el murete y lo vio a cubierto. Yo, por mis hechuras, evité el escándalo de verme saltar, y, cual grumete, aguanté amarrado al palo mayor a que Garrido despachara aquella faena memorable. Al terminar, yo que no me acuerdo de nada, recuerdo vívidamente que ese aficionado bilbaino que atiende por Txema Muguruza, y al que yo me atrevo a llamar amigo, me dijo: “¡Coño con Extremadura! ¡Ahí tenéis otro torero!” Y me sentí orgulloso. De Bilbao, de Extremadura, de Txema, de Garrido... y del diluvio que caía.

Las grandes faenas, bajo la lluvia, resultan épicas. Por eso no hay que tenerle miedo al chaparrón.

Hoy torea María del Mar Santos. Novillera oliventina. En femenino. En torero. Ayer coincidí con ella en los platós de Canal Extremadura. Dentro del ruedo, lo mismo da ser mujer que ser hombre. En ese trance supremo solo hay toreros. El cartel me gusta. Españoles, portugueses, mexicanos. Toreros jóvenes dispuestos a desafiar tormentas. Yo también.

Por la mañana me he zampado el Consejo de Asuntos Taurinos de Extremadura; se suele celebrar por estas fechas en Olivenza coincidiendo con la feria. Una vez al año no hace daño. No sé exactamente para qué sirve, pero echas el rato con funcionarios de las diversas administraciones intervinientes y con el guardia civil de turno. Representantes de Protección Civil, Promoción Cultural, Agricultura, Sanidad Pública,... Al terminar les pregunto y no parece que ninguno vaya al festejo. Se vuelven a Mérida. Yo no me fui, dirá alguno al leerme. A ese no le pregunté. Ustedes se preguntarán qué hago yo en tal reunión. Lo cierto y verdad es que estoy allí por libre designación, en principio de mi amigo Pedro Nevado y ahora de mi también amiga, Nieves Esteban. En fin, se lo agradezco por igual a los unos y a los otros, socialistas y conservadores.

Del Convento de San Juan de Dios me voy al Maila. El restaurante Maila, así, sin acento en la i, está a unos metros de la plaza de toros y es el ojo del huracán. Mi amigo, compañero en las lides jurídicas, taurino y canarión Javier González me invita a una cerveza. En eso entra Enrique Piriz con una bolsa repleta de mecheros. Me sorprende la carga. Al parecer se los guarda a Mauro, uno de Pontevedra que baja todos los años a Olivenza; su hija, la de Mauro, los colecciona. Me dice Enrique que a cambio le trae percebes. No sé si sabe Enrique que lo que se come del percebe es el falo, pero no parece importarle.

El Maila se va llenando, ya son las dos. Maxi, el dueño, está preocupado. La lluvia, ya saben. Me dice que tiene pescado fresco como para arruinarse. Le animo. No hay miedo. Maxi me reserva una mesa para que coma y escriba a la vez. La dos, Maxi ahora dice que la dos se llama la mesa de Don Fernando, y yo me echo a temblar.

En eso entra Alfonso Rey, pintor y escultor, amén de magnífico aficionado. Se hace las mejores ferias de la temporada. Este año expone en el Maila. Un artista de primera. Y es que en esto del toro hay mucho aficionado que lo intenta, pero muy pocos los tocados por el genio del arte.

Muchos conocidos. En otra mesa unos portugueses; los primeros en llegar y los primeros en irse. Otros beben champagne. También Antonio Gómez, entre otras muchas cosas, ganadero en ciernes; me mandó el jueves un video de su primer tentadero, la vaca se arrancó al caballo a más de cien metros. Está orgulloso. Lo de la lluvia es lo de menos cuando una vaca se arranca de lejos.

Y Paco Ruiz. Entrañable, En su silla de ruedas y con la tauromaquia a la chepa. Me recuerda al maestro Julio Robles y me causa un respeto imponente. Y con él Paco Campos, fotógrafo taurino, porque así lo quiso Dios.

Castañares, Don Antonio, me manda un mensaje y me pide la quiniela. Yo no sé como terminará todo esto, solo sé que hasta donde me alcanza la vista aquí, en el Maila, no cabe un alfiler. Que, como en casi todo lo de esta vida, lo mejor es lo de antes. Lo que ocurra después se lo contará, en este periódico, Castañares como solo él sabe contarlo.

Salgo del Maila, termino así esta mi primera crónica de feria. Barquitos de papel navegan calle Colón abajo buscando los tendidos de sol. Me calo la boina, le doy gracias a Dios, una y mil veces, y le pido, como no puede ser de otra manera, que reparta suerte.

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