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El millonario 'homeless' del póquer

El californiano Faraz Jaka, as de los naipes, vive feliz recorriendo el mundo sin más bienes que una maleta y un portátil frente al lujo de sus colegas. Asiduo a los albergues y sofás de desconocidos, ha participado en el European Poker Tour del Casino de Barcelona

 

El californiano Faraz Jaka, junto al Casino de Barcelona, donde ha participado en el European Poker Tour. - JORDI COTRINA

IMMA FERNÁNDEZ
28/08/2016

Le llaman el ‘homeless’ del póquer, aunque gana millones a base de ‘flushs’ (color) y otras manos. De esos ‘flushs’ (en la acepción de tirar la cadena en inglés) le viene el escatológico apodo de‘Toilet’, con el que se le conoce también en la élite del circuito profesional. Una rara avis en un mundo que se asocia, tras las reiteradas ficciones de Hollywood, a las fiestas, la ostentación, las chicas, los excesos, el descarrío... Él también barajó esas cartas hasta que hace más de un lustro, tras coronarse a los 24 años como Mejor Jugador del WPT (World Poker Tour) en el 2009, cambió de estrategia vital. Se apeó del lujo y el consumismo, cortó todas las ataduras y voló libre hacia el encuentro de sí mismo y de los otros. Es Faraz Jaka, californiano de padres paquistanís, que hasta este domingo, 28 de agosto, participa en el European Poker Tour que se celebra en el Casino de Barcelona. “Esta es una ciudad fabulosa, me gustaría residir un tiempo para conocerla bien, como hice en México City y ahora haré en Medellín”, dice mientras saborea un té a la menta. 


Jaka no va de farol. Mientras sus colegas de mesa se alojan en el Hotel Arts o el W, él buscó en Airbnb una habitación en la Barceloneta. El ‘couchsurfing’ (hospedarse en casas de desconocidos) y los albergues son otras de las habituales opciones de este insólito trotamundos millonario. “Al principio viajaba a los torneos de hotel en hotel, y no conocía ni las ciudades ni a las personas. Hasta que me sucedieron cosas como cuando un chico me invitó a dormir en el sofá de su casa en Suiza y acabamos muy amigos. Supe que aquel era el camino”. Se desprendió de su espectacular apartamento en Chicago, y sin más bienes que una maleta con cuatro cosas, el portátil y una mochila, se echó a la carretera de la vida. “Me di cuenta de que mis amigos de Chicago vivían en la burbuja del capitalismo y pensaban diferente a mí. Todo era para ellos trabajo y compras. Yo era libre, ajeno a todos los condicionantes sociales”. 

TROTAMUNDOS DE MOCHILA


Experiencias en vez de cosas materiales. Esa es la apuesta de un jugador que encontró la máxima felicidad, asegura, en un retiro budista de meditación silenciosa en un monasterio de Tailandia, desposeído de todo. “Por supuesto, no es que viva en la calle como los sin techo, pero no tengo un hogar ni posesiones, y de ahí que en broma me llamen ‘homeless”, explica. Claro, le replican algunos, con las espaldas tan bien cubiertas es fácil echarse a la aventura. Pero no es cuestión de dólares, responde. “Las generaciones anteriores solo anhelaban tener una casa bonita, el coche... Ahora muchos jóvenes prefieren tener experiencias, van a conciertos o a un buen restaurante, viajan y no quieren ser esclavos del trabajo para pagar la hipoteca y otras propiedades. Prefieren ganar libertad. Muchos no tienen dinero y van trabajando en lo que encuentran mientras recorren el mundo”. 

Él, a punto de cumplir los 31, trabaja con los naipes desde los 22. Maneja cifras mareantes. Ha llegado a ganar 700.000 euros en un torneo en Bahamas y 850.000 en otro ‘online’. También cuenta con inversores que apuestan por él anticipando capital para las exorbitantes inscripciones en los torneos (algunos cuestan hasta 100.000 dólares), y se llevan porcentajes de los beneficios. Para Jaka, que estudió Matemáticas y Empresariales, el póquer es un “deporte mental” en el que juegan dos habilidades principales: “Matemáticas y psicología”. “Hay que estudiar mucho, practicar, compartir estrategias con otros jugadores...”. La suerte es solo un factor ocasional. De novatos, vaya, y no afecta al recorrido de un profesional. “Uno puede tener suerte un día, pero a la larga lo que cuentan son las estrategias, los cálculos”. 

Tener paciencia y disciplina son otras virtudes imprescindibles para manejar las idas y venidas de los caprichosos ases. Las aprendió de sus equivocaciones; de la ambición desmedida de un veinteañero que en apenas un par de años se subió a lo más alto del podio del póquer. “Al principio cometí grandes errores y llegué a perder mucho dinero. Pero estoy contento de haberlos cometido. Sucede como con los niños. Deben caerse y hacerse daño para saber cómo funciona el mundo y tener más cuidado. Tomar mejores decisiones la próxima vez”.