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CRISIS SANITARIA INTERNACIONAL

Nazarenos de pasillo por el coronavirus

La Semana Santa andaluza se reinventa de puertas para dentro tras la suspensión por el covid-19 El 'Netflicofrades' y las transmisiones de rezos en las iglesias permiten a los más devotos superar el vacío

 

Miles de personas visitan en la Semana Santa de Sevilla la basilica de la Macarena, en el 2018. - EFE

JULIA CAMACHO
06/04/2020

Balcones adornados con faldones granate y oro, palmas rizadas, olor a incienso e incluso el eco lejano de los sones de alguna marcha de las bandas de cornetas. Cualquiera diría que la vida ha vuelto a la normalidad en algunas capitales andaluzas, pero lo cierto es que, en plena crisis sanitaria, los nazarenos son un triste recuerdo para muchos cofrades que este año no pisarán la calle. En tiempos de confinamiento por el coronavirus, la Semana Santa se reinventa para convertirse en un festejo más íntimo en casa, plagado de meditaciones, misas y viacrucis o estaciones de penitencia desde cada parroquia retransmitidas en 'streaming' por las hermandades. Y los más incansables tienen la opción de engancharse al 'Neflicofrades', una plataforma audiovisual que triunfa como nunca a base de vídeos de procesiones de años anteriores.

La covid-19 ha provocado una Semana de Pasión inédita para todos, y no solo por las pérdidas millonarias que provoca su suspensión, cifrada en 400 millones únicamente en Sevilla. No hay cofradías, pero tampoco vacaciones para los más pequeños, que hartos ya de sofá no atinan a comprender la diferencia entre la semana pasada y esta. Lo mismo les ocurre a aquellos empleados que están de vacaciones forzosas desde hace días, o a quienes durante unos días podrán escaquearse del teletrabajo para (la pandemia obliga a ello) continuar en casa. Y luego están los trabajadores de los servicios esenciales, que deben seguir yendo al tajo pero ahora sin necesidad de buscar caminos alternativos para evitar los cortes de tráfico por el paso de procesiones.

Entre los devotos, la frase que más se repite es: "El año que viene la recuperaremos". "Da un poco de tristeza y melancolía, pero tiene que ser así", explica Manuel Ruiz. Vinculado a las cofradías de Sevilla desde pequeño, este año la semana le deja un vacío extraño, ya que siempre se pedía vacaciones para poder participar como costalero llevando pasos en hasta cinco hermandades. Para hacer esta Semana Santa más "liviana", lo tiene claro. "Trabajaré por la mañana, y por la tarde estaré lo más conectado posible viendo redifusiones". Un plan vespertino que se repetirá también en casa de sus familiares.

A falta de asfalto, la cita del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla con los cofrades se traslada a las redes sociales, donde podrán seguir un viacrucis diario, además de imágenes y vídeos de las cofradías que tenían que procesionar cada jornada. Ceñidas a actos litúrgicos en sus templos, las hermandades se centran en su labor más social, ya sea de reparto de comida entre los más vulnerables o de mascarillas. Pero no solo de redes sociales viven los devotos. Además de la televisión autonómica, las emisoras locales de las capitales andaluzas se han volcado en una celebración anómala y retransmitirán las procesiones previstas para cada día recurriendo al archivo de años anteriores. Hay previsto tertulias y hasta programas especiales, eso sí, reduciendo las conexiones en directo al mínimo porque tampoco hay mucho que contar desde unas puertas de iglesias cerradas a cal y canto.

Túnicas colgadas

La del 2020 iba a ser también una semana muy especial para Francisco Esteban y su hija de siete meses. La pequeña Martina iba a jurar como hermana de la cofradía de San Roque el pasado Viernes de Dolores, "una ceremonia preciosa y muy emotiva delante de los pasos ya preparados para salir el Domingo de Ramos". Era el trámite imprescindible para que la niña pudiera participar en la procesión como monaguilla junto a su padre, al que solo la lluvia y la muerte de un hermano habían apartado de salir de nazareno. El domingo, sin embargo, las dos túnicas quedaron colgadas en el armario de casa de los abuelos, esperando al año próximo.

La del padre de Soledad Rodríguez, de Dos Hermanas (Sevilla), también esperará años mejores. "Nuestra casa se llena de gente cada Sábado Santo, cuando esperamos a que pase nuestra hermandad, el Santo Entierro", explica, "lo vivimos igual que si fuéramos de nazareno". Este abril sería el primer año que saliera su sobrino, de 10 años, que se ha tenido que conformar con "hacer réplicas de los pasos y exponerlas en la terraza". Y, en su calle, los vecinos se engalanaron como un Domingo de Ramos más cuando salieron a los balcones a cumplir el ritual de aplaudir a los sanitarios a las 20 horas. "Algunos llevan días poniendo ya música de Semana Santa para ambientarnos", señala Sole, que días atrás ya aprovechó una visita al herbolario para comprar pastillas de incienso.

Pese a no procesionar, ninguno de los tres perdonará el resto de tradiciones, especialmente las culinarias. Manuel aprovechará tiene que ir a llevarle la comida a su madre, aislada para evitar el contagio con uno de los familiares con los que habitualmente convive por ser personal de riesgo, para pedirle "torrijas y barreño de arroz con leche, aunque ya me ha dejado caer que este año no está por la labor y que me tocará comprarlo en alguna pastelería". Más allá de estos gestos, "toca vivirlo de manera íntima y recogida en casa, como tiene que ser", dice Soledad. Una fórmula que, de paso, permite aislarse de la situación del país. "Te da esperanza", apunta.