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CARTEL MACHISTA

Perros, sí; mujeres, no

Un barbero holandés permite la entrada de canes en su salón de Palma, pero no la de señoras y niños

 

Este es el cartel que figura en el salón Syndicate Barber, de Van den Hoek, en Palma. - EMILIO PÉREZ DE ROZAS

EMILIO PÉREZ DE ROZAS
09/09/2016

Criado en un férreo ambiente de disciplina (su padre y sus tres hermanos son militares),el holandés Bob Van den Hoek, que llegó a Palma de Mallorca en 2013, después de un largo periplo por el mundo, le dijo a su padre, cuando tenía 17 años, que quería ser peluquero. “Mi padre puso el grito en el cielo. En mi familia pensaban que eso era declarar que era gay y, la verdad, en mi caso ¡para nada!” Van den Hoek no es gay (“si quiere puede preguntarle a mi esposa, a mi hija, a mi hijastra”), pero regenta un salón, el Syndicate Barbers, en la plaça del Progrés de Palma de Mallorca, donde no se admite la entrada a mujeres y niños, sí a perros. 

UN LETRERO PROVOCADOR


Cuando le pides que explique el motivo de semejante, esperpéntica y, posiblemente, ilegal prohibición, Van den Hoek considera que el extraño, el raro, eres tú. Y, con un discurso pausado y sumamente educado, te dice que “ni uno solo de mis clientes se ha quejado de esa prohibición, todo lo contrario, todos me dicen que es una brillante idea, genial”. Eso sí, Van den Hoek, que asegura que su esposa Ariela Schönberg, decoradora alemana, es la autora del cartel, admite que “tal vez, el letrero es provocador, sí”. A veces, el letrero a amanecido con la palabra ‘machista’ escrita con rotulador sobre los dibujos. 

“Yo soy el rey de mi salón. Quiero trabajar como si estuviera en mi casa, con mi música y mis discos de vinilo, pues aquí no entra nada digital. Quiero sentirme, junto a mis clientes, cómodo y que ellos pasen una hora lo más agradable posible”, continúa explicando. “De la misma manera que en un salón de manicura o en una sauna, las mujeres están solas, sin los hombres, yo y mis clientes necesitamos nuestro espacio, nuestro tiempo. Aquí charlamos, tomamos nuestra cervecita, nuestro wisky y oímos jazz y rock and roll de los 70”. 


EL MODELO DE CLIENTE


A Bob le importa poco, “nada”, que alguien se sienta provocado por su cartel. “Si en mi salón entrasen mujeres y sus niños, se rompería el ambiente, ya no sería lo mismo. No me gusta la moda esta de los ‘hipsters’, esa nueva tribu urbana que hace de la barba descuidada una de sus señas de identidad. Mi estilo de caballero es el de los 50 y 60, tipo Marlon Brando o Steven McQueen”. 

Van den Hoek dice que no tiene “nada, nada, nada” contra las mujeres y los niños “solo que, a partir de esta puerta, lo siento pero no puedes pasar”. Para Bob, sus clientes agradecen esa “privacidad entre hombres, una horita nuestra, para cortarte el pelo, arreglarte la barba, afeitarte, oír nuestra música, tomar una copa, conversar entre nosotros. Un lugar para caballeros”.