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ENTREVISTA A LOS INVESTIGADORES: ASÍ FUE LA OPERACIÓN EN PERÚ

Los policías que rescataron a Patricia: "Si llegamos un mes más tarde, ella y su bebé habrían muerto"

Vanesa Lozano
13/07/2018

 

"Son mis héroes". Así define Alberto Aguilar, el padre de la española rescatada de una secta en Perú, a los dos policías de la división de Trata de Personas que han devuelto la tranquilidad a su familia. Luis Alfonso Capcha, 40 años, y Cristian Huarcaya, de 36 años, relatan en exclusiva a EL PERIÓDICO su odisea para dar con Patricia y detener al supuesto gurú Félix Steven Manrique: se infiltraron en la aldea donde el líder se ocultaba, alquilaron el cuarto de al lado desde donde escucharon las ceremonias nocturnas que el grupo celebraba "con cánticos y alabanzas" y donde fueron testigos de los malos tratos de Manrique a sus 'esposas', tomaron ayahuasca, se hicieron pasar por borrachos para no ser descubiertos e incluso cayeron en las garras de un comité de autodefensa formado por ronderos campesinos que confundieron a uno de los agentes con un terrorista. 

Esta historia comienza el pasado 10 junio. Ese día se celebraba el día del padre en Perú y un hombre español, Alberto Aguilar, recorre 10.000 kilómetros para hacerles una petición muy especial. ¿Cómo fue esa conversación?

CAPCHA: Conocimos a Alberto unos días antes y nos pidió que encontráramos de una vez por todas a su hija. Cuando llegó el día del padre sentí la necesidad de llamarlo, yo también tengo dos hijos y pensaba en él, pero la verdad es que no tuve el valor. Hablé con mi madre y le conté que había un hombre que había recorrido 10.000 kilómetros y había cruzado la frontera para recuperar a su hija, pero que aún yo no había podido dársela, que precisamente el día para celebrar a los hijos, yo no tenía nada en la mano para ofrecerle. Mi madre me recomendó: "felicítalo el día del padre cuando recuperes a su hija", así que no lo llamé.

La primera dificultad que encontraron ustedes es la falta de tiempo por acumulación de trabajo y los escasos medios con los que contaban.

Fueron días muy duros, teníamos bastante trabajo. Cuando llegamos a la zona donde estaba el grupo, encontramos que el lugar no se prestaba como para que pudiéramos explayarnos. El clima, el calor, la sociabilización… las personas allí son muy cerradas porque han sufrido con el terrorismo y el narcotráfico.

¿Por qué decidieron darle prioridad a este caso? 

Fue difícil demostrar que las mujeres no estaban allí por su propia voluntad, pero reunimos información suficiente para acreditarlo y conseguimos el respaldo de nuestro jefe. Lo convencimos de que Patricia y el resto estaban secuestradas psicológicamente. Partimos de la hipótesis de que este señor había captado a las tres mujeres. A las tres las había conocido en lugares relacionados con actividades místicas. Marjorie fue captada en 'Nueva acrópolis', una institución filosófica. Paola fue captada en el movimiento de 'Hare Krishna' y Patricia a través de un foro esotérico. La herramienta de captación fue por tanto el falso culto religioso o místico. El medio o instrumento de sometimiento era la ayahuasca, que daba a tomar a Patricia y a las otras dos mujeres, y el fin era la explotación laboral. Todas trabajaban o pedían dinero a sus familiares. En el caso de Patricia, cuando salió del domicilio familiar, hurtó dinero para enviárselo a él.

¿Cómo dieron con la primera pista?

Llevábamos dos días en la investigación y no teníamos ni un indicio. Entonces nos hicieron una llamada desde un restaurante de Pangoa, localidad situada a doce horas de Lima. El dueño nos dijo que hacía 15 días que trabajaba allí Paola, una de las mujeres que estaban con Manrique. También nos contó que había dejado de trabajar porque su marido era muy celoso y, como allí trabajaban hombres, no quería que ella siguiera. Pero hacía dos días que la había visto por última vez. Eso nos dio una luz, al pensar que seguían en Pangoa. A partir de ahí, nos trasladamos a la ciudad, la buscamos pueblo a pueblo, barrio por barrio, hasta que un día, en un parque, nos encontramos a una señora con su hijita, de 10 años y, al preguntarles por las desaparecidas, la niña dijo: "a esta señora yo la conozco. Mami, ¿te acuerdas de la señora que iba con botas rosadas de goma y que cuando hace calor igualmente para con ellas? Sí, es la loquita de las botas rosadas, porque solo mira al piso y parece que estuviera borracha o loca".  Nos sorprendió mucho. Deambulamos durante tres días por la zona y, al tercer día, cuando ya nos desesperábamos, el destino quiso que Paola pasara por nuestro lado. La reconocimos por las botas rosadas.

¿La siguieron?

Con dificultad, es una mujer muy astuta, siempre caminaba por zonas desoladas, se metía por mercados, por callejuelas, se fue a comprar una radio transistor… La seguíamos a 15 o 20 metros, pero ella se dio cuenta, así que tuvimos que darla de borrachos para continuar con la vigilancia. En la zona hay muchos bares, así que Capcha compró una botella de cerveza y empezó a caminar tras ella tamboleándose.

CAPCHA: Sí, la seguí durante veinte minutos de camino hasta que llegó a un asentamiento humano, a una casa. Comprobamos que vivía ahí, pero no sabíamos cómo ni con quien. No veíamos a Patricia ni a los niños, así que buscamos la forma de entrar al lugar.

¿Cómo lo hicieron?

Decidimos alquilar un cuarto ahí. Para nuestra suerte, nos dieron el que estaba pared con pared con el de ellos.

¿Cómo consiguieron pasar desapercibidos?

CAPCHA: Para no levantar sospechas, yo me presenté ante la señora que regentaba el lugar como maestro de primaria y dije que venía a hacer una encuesta a la zona de Pangoa. Solo vivían cuatro familias allí y, nada más instalarme, alguna gente estuvo un poco reacia, así que tuve que incidir en mi labor de profesor para ganarme a la gente. Tuve que ayudar a los niños de los huéspedes en sus tareas. Poco a poco me gané su confianza y acabaron llamándome "profesor". Estuvimos diez días con las vigilancias.

¿Qué averiguaron?

Preguntamos a una señora de allí quién vivía en la habitación de Paola y nos contestó que allí se quedaban una señora y su prima y a veces venía también un hombre, pero dormía todo el día. Era Steven. Lo primero que comprobamos es que en la habitación donde estaban había silencio total durante el día. Pero por la noche, entre la una y las cuatro o cinco de la mañana, hacían ceremonias. Desde nuestro cuarto oíamos los cánticos y alabanzas, sonaban tambores… la voz de dos mujeres y vagamente, la de un hombre. Todo sonaba muy raro, como si estuvieran poseídos. A las cinco de la madrugada, Paola y Marjorie, la otra mujer de Manrique, se iban a trabajar, mientras él dormía todo el día.

¿Cuál fue el siguiente paso?

Ya teníamos la constatación de que las dos mujeres estaban ahí. El siguiente paso era saber si el hombre que las acompañaba era Steven. La comprobación la hicimos una noche en que él discutió con Paola y le metió dos cachetadas. Escuchamos cómo le gritaba, muy violento y alterado: "educa a tu hija, ¿Cómo es posible que pierda un zapato? La próxima vez te voy a castigar a ti y a tu hija".  Se dirigía a ella y a la otra mujer como sus "súbditas", él era un jefe para ellas. Luego vino el proceso de identificarlo, complicadísimo porque todo el día estaba parado en el cuarto, nunca salía. Hasta que una vez estábamos escondidos fuera y lo vimos salir, muy cauto, desconfiado. Salió por 30 minutos y regresó.

¿Cómo se produjo la detención?

Conseguimos mantener nuestra tapadera diez días. Hasta que una noche todo se precipitó. Escuchamos una conversación de Steven que decía: "cuando salgo siento que hay personas que me miran, he tenido un sueño que me revelaba que me están siguiendo, así que nos vamos, tenemos que irnos ya". Sentimos que empezaban a empaquetar sus cosas en la noche, tenían prevista su marcha para el mediodía, así que tuvimos que actuar. Sabíamos que si se iban al monte, ya no los íbamos a agarrar porque el monte es inmenso. Afortunadamente, seis compañeros ya habían llegado de Lima con el apoyo, así que les comunicamos lo ocurrido y formamos el equipo. Decidimos actuar de madrugada. Cuando Paola salió para ir a trabajar, un primer equipo la incursiona a ella. Un segundo equipo abordó a la otra mujer, Marjorie, cuando salió a lavar la ropa al lavadero del patio y dejó semiabierta la puerta del cuarto. Estaba embarazada de ocho meses y para preservar la seguridad de la señora, mi compañero fue a avisarla a ella primero de la intervención policial, porque estaba embarazada de ocho meses y no queríamos que se asustara y le afectara al parto. Cuando mi compañero le había explicado la situación tranquilamente, entonces sí saltamos al dormitorio a por Steven.

¿Cómo reaccionó Manrique?

Primero se hizo el temeroso, el inocente, la víctima total. Hace como que quiere llorar, se hace el atemorizado, finge, es un buen actor. Después nos dice que se llama Esteban. Pero poco a poco sale a relucir su verdadera personalidad, va transformándose. Comenzó a desafiarnos. Nos amenazó. Nos decía: "os voy a denunciar a vuestros jefes, vais a ver que os dan de baja a todos". Se negó incluso a identificarse sin un abogado. La ley peruana nos permite a la policía  intervenir a un ciudadano durante cuatro horas si no se identifica y él no quiso confirmarnos su nombre.

¿Cambió de actitud al llegar a la comisaría?

Sí, mostró sus delirios y comenzó a manifestar que él es un "iluminado". Estaba obsesionado con el contacto físico. Dijo: "yo soy una persona que no quiere que lo toque cualquiera. Vosotros dos me habéis tocado ya y no quiero que nadie más lo haga". Intentó justificarse diciendo: "solo quiero vivir tranquilo y poblar la zona donde yo estoy. Ellas están por su propia voluntad conmigo, porque sus familias no las tratan bien". Y recurrió al ejemplo de un gurú llamado Badani, conocido como el gurú del sexo, que se hizo muy famoso por aquí y ocasionó un escándalo en Perú por sus prácticas hace unos años. Badani tenía seis mujeres y se convirtió en icono para los hombres más machistas. Steven se comparó con él y empezó a alucinar. Decía: "no sabéis con quien estáis hablando, os voy a destruir con mis poderes".

[según la prensa peruana, la premisa de Badani es que vivimos en un mundo desnaturalizado, en el que a las mujeres se les enseña a ser viriles y a los varones se les inculca que deben cultivar su lado femenino, cuando lo que se debe hacer es volver a los valores naturales, recuperando las características originales de hembra y de macho. Badani es escritor de un libro que da respuestas a las eternas preguntas que se hace el común de los mortales: cuánto debe medir un pene para satisfacer a una mujer (el tamaño no importa, dice, importa saber cómo usarlo) o cuántos tipos de orgasmos femeninos existen (son tres: clitórico, vaginal y uterino). También explica acerca del tantra, el sexo orientado a las fuerzas positivas, hacia las artes, hacia lo constructivo, y no a la destrucción].

¿Qué sintieron al tener que detener a Manrique sin tener la certeza del lugar donde estaban Patricia y los niños? ¿Pensaron en la posibilidad de que no los encontraran?

Pensábamos en Alberto, en su familia… en muchas cosas. Y antes de detener a Manrique también sentimos mucho miedo, pedimos a Dios que nos protegiera a nosotros y al operativo. Nos enfrentábamos a un tipo que invoca al demonio, un loco desarmado a veces es peor que un delincuente armado. Pero al final Dios nos escuchó.

¿Puede relatarnos alguno de los peligros a los que se expusieron?

CAPCHA: En una batida por el monte, durante las búsquedas, iba yo solo y me metí muy adentro. Me agarraron unos ronderos con fusil largo que me confundieron con un terrorista o un narco. Resultaron ser del comité de autodefensa de un poblado de allá, ya que en esa zona los pobladores se reúnen para proteger a su gente de la lacra del terrorismo y el narcotráfico. Hay quien dice que ellos hacen desaparecer a la gente que atrapan. Me asusté mucho. Tuve que contarles la verdad y convencerles de que se habían equivocado conmigo, para que me dejaran marchar.

Capcha, usted padece asma y enfermó durante el operativo. ¿Se planteó en algún momento abandonar el operativo?

Sufrí varias crisis debido a que la zona es húmeda y había mucho polvo, pero no podía abandonar mi lucha, tenía que rescatar a las víctimas.

¿Cómo consiguieron definir el modus operandi del supuesto gurú?

Para seguirlo a él, tuvimos que pensar como él. Tuvimos que meternos en el movimiento 'Hare Krishna', en el hinduismo, contactar con muchos chamanes, el técnico Capcha incluso asumió el riesgo de probar ayahuasca. Este es un caso bastante novedoso en Perú y requiere de una serie de diligencias que acá van a ser relativamente innovadoras, así que teníamos que saber a qué nos enfrentábamos.

Capcha, ¿qué experimentó al tomar ayahuasca?

Es un medicamento milenario  que cura problemas interiores, pero cuando no se toma de forma adecuada y, como en este caso, la persona que te lo da a tomar es un maestro del mal, esa persona te puede manipular. Steven por medio de la ayahuasca dominaba a las mujeres.

Finalmente encontraron a Patricia y a los niños en otra cabaña, a unos 45 minutos de donde vivían Manrique y las otras mujeres. Allí, Patricia cuidaba sola de cinco críos, incluida su propia hija, nacida hace un mes. ¿En qué condiciones los encontraron?

Cuando ingresamos en la zona, completamente aislada en la selva, los niños miraban al piso y estaban aleccionados para defenderlo a él, al fin y al cabo Steven es el papá. Fue muy lamentable ver a los niños mirando todo el tiempo para el piso, rascándose la cabeza… es un síntoma claro de que estaban en depresión. Nosotros también somos padres y nos chocó muchísimo el estado en el que encontramos a esas criaturas, llenos de piojitos, sin zapatos, no tenían qué comer. Había una niña de 10 años semidesnuda, cuando una niña de esa edad ya tiene que usar su polito, su brasier (sujetador), cuidarse la parte del pecho… Imaginemos que se hubiera cruzado por ahí una persona de mal vivir de esas que caminan por la jungla… a saber qué le podía haber hecho a Patricia o a los niños. No dejamos de pensar que menos mal que llegamos a tiempo. Si llegamos un mes más tarde, Patricia o su bebé habrían muerto.

¿Cómo comunicaron a Alberto que habían encontrado a su hija?  ¿Cómo reaccionó al saber que era abuelo?

Lo hizo Huarcaya. Alberto lloró de emoción y de tristeza a la vez, porque pensaba cuanto habría sufrido su hija durante el embarazo y al dar a luz sola.

¿Cómo fue el encuentro con Patricia?

Patricia estaba como ida, consternada, solo se dirigía a Paola, que ejercía de brazo derecho de Steven cuando él no estaba presente. Aún tiene su aspecto psicológico bien lastimado y arraigado a Steven. Pero pudimos observar que está exclusivamente dedicada a su hija, su interés nada más lo tiene centrado en la niña.

Según su experiencia en este tipo de casos, ¿qué le depara el futuro a Manrique? ¿Y qué ocurrirá con Patricia?

Steven no tiene arraigo, así que todo indica que podrían dictar para él prisión preventiva de nueve meses, mientras duran las investigaciones hasta que se haga el juicio. Respecto a Patricia, hay dos posibilidades. La primera, que a través del trabajo psicológico que se está realizando con ella, Alberto consiga que acceda a volver a España voluntariamente. La segunda, Alberto podría intentar obtener la custodia de su nieta, ya que Patricia está en situación irregular en Perú, no tiene domicilio, trabajo ni forma de acreditar que está capacitada para encargarse de la bebé. En ese caso, quizá Patricia no quiera alejarse de su hija y marche con ellos.

Alberto se refiere a ustedes como "mis héroes". ¿Qué sienten al escuchar ese reconocimiento por parte del bautizado por la prensa como 'padre coraje'?

Es una alegría inmensa, un orgullo para nuestras familias. Somos felices al ver a nuestro amigo Alberto contento y tranquilo, es un padre coraje. Es un español de pura casta que, como peruanos, nos ha hecho sentir muy orgullosos de ser descendientes de incas y españoles. Nuestros respetos para Alberto, admiramos a ese señor. Antes de ubicarlos a todos, vivimos con él y las familias de las otras mujeres su sufrimiento. Ahora sentimos que hemos traído la paz y la tranquilidad a sus hogares.

Capcha, ¿finalmente siguió usted el consejo que le dio su madre el día del padre?

Así es. Cuando rescatamos a Patricia, corrí a abrazar a Alberto y le dije: "feliz día del padre, hoy te lo puedo decir, hermano". Ese fue mi regalo para esa gran persona que cruzó el mar, cruzó el oceáno, cruzó el continente y removió absolutamente todo por recuperar a su hija.

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