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CRIMEN DE GABRIEL CRUZ

Un psiquiatra analizará la mente de Ana Julia

La asesina confesa mantiene ante el juez que el crío la amenazó con un hacha. La Guardia Civil no la cree y piensa que actuó de forma premeditada y muy estudiada.


14/03/2018

 

Un psiquiatra analizará la mente de Ana Julia Quezada, la mujer que mató al niño Gabriel Cruz el pasado 27 de febrero en la finca de Rodalquilar (Almería). Fuentes del caso indicaron que la intención de la defensa de Quezada es que un experto realice próximamente un informe psiquiátrico sobre la mujer. Las mismas fuentes indicaron que Quezada se presentó ante el magistrado “destrozada” por lo ocurrido y confiaron en que un examen de su mente arroje algo más de luz sobre el terrible suceso.

Ese examen deberá repasar otros episodios oscuros del pasado de la mujer, que llegó a España con 19 años y cuya hija mayor falleció tras caer desde la ventana de un séptimo piso en Burgos, en marzo de 1996. La niña, Ridelca Josefina, tenía apenas cuatro años y hacía tres meses que había llegado a vivir con su madre y el hombre que la había retirado de un club de alterne. Aquel suceso fue archivado como una muerte accidental por la policía y el juez.

No se contradice
Quezada, que era la pareja del padre del niño desde hace un año y medio, mantuvo ayer ante el juez Rafael Soriano, encargado del caso, la misma versión sobre la muerte de Gabriel que dio a los investigadores. “No cayó en contradicciones y en esencia explicó lo mismo que a la Guardia Civil”, comentaron fuentes del caso.

La mujer declaró que la tarde del crimen, el 27 de febrero, y hacia las tres y media salió de la casa de la abuela del niño en Las Hortichuelas. Que se encontró a Gabriel jugando “con un palito” y le ofreció ir con ella en coche hasta la finca familiar de Rodalquilar, que la mujer estaba pintando.

Tras llegar a la finca, y siempre según su versión, tuvo lugar una discusión y el niño, de 8 años, cogió un hacha con el que llegó a atacarla. Quezada aseguró al juez que, tras un forcejeo, logró arrebatarle el hacha y acabó golpeando al crío en la cabeza con la parte roma del objeto.

Gabriel cayó entonces inconsciente y ella, asustada, decidió matarlo. Lo hizo, confesó, tapando su nariz y su boca con las manos. Posteriormente, aseguró que desnudó al crío y lo enterró, según dijo, para no hacer daño a Ángel , el padre del crío. Se llevó la ropa, que luego tiró en un contenedor de vidrio de la barriada almeriense de Retamar. No obstante, la mujer añadió que se guardó la camiseta interior blanca que llevaba puesta Gabriel cuando lo mató.

Fue la misma camiseta que luego ella dejó entre unos juncos y “encontró” el 3 de marzo, cuatro días después de matar al niño, mientras paseaba por la zona de la depuradora del barranco de Las Águilas, a casi nueve kilómetros de donde había dejado el cuerpo de Gabriel.
En sus declaraciones ante la Guardia Civil y el juez, Ana Julia admitió que dejó allí la camiseta “para despistar”, pero los investigadores creen que tenía otro motivo.

No creen su versión
La Guardia Civil no cree la versión de la mujer, que acudirá de nuevo al juzgado a las 12 de la mañana. La hipótesis de la Guardia Civil es que Quezada premeditó el crimen, salió detrás de Gabriel cuando este iba a ir a casa de unos primos a jugar, le convenció para subir al coche y luego lo trasladó a la finca de Rodalquilar.

Una vez allí, la Guardia Civil sostiene que la mujer golpeó y luego mató a Gabriel con toda conciencia y voluntad. Luego, lo enterró. A media tarde recibió la llamada de la abuela del niño diciéndole que no había llegado a jugar a casa de sus primos. Ana Julia comenzó entonces su representación de mujer afligida que terminó el domingo pasado, cuando fue detenida a la entrada de un garaje de Vícar con el cuerpo sin vida de Gabriel Cruz dentro del maletero.

Con la camiseta intentaba implicar al padre 
La camiseta que Ana Julia Quezada simuló encontrar en un camino de Las Negras el pasado 3 de marzo era la que llevaba puesta Gabriel Cruz el día de su desaparición. La asesina confesa reconoció que colocó allí la prenda del crío “para despistar”. Pero el lugar que eligió para el fingido hallazgo no es casual. Se trata de un sendero próximo a un embalse de la zona, cerca de la depuradora del barranco de Las Águilas.
El sitio está apenas a 400 metros de distancia de la casa de su exnovio Sergio, un burgalés con quien la mujer se instaló en Las Negras hace cinco años y cuya relación terminó mal, entre reproches por el reparto del dinero de un bar, el Black, que pusieron en la zona. No era la primera vez que Ana Julia apuntaba al que fue su pareja. Cuando Gabriel desapareció, ella lo señaló ante la Guardia Civil. Aseguró a los agentes que no se llevaban bien y que a su ex novio “no le gustaban los niños”.

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