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Hace más de un año que no puedo ver a mi hijo

 

Pascual LiñeiroPascual Liñeiro de Vitoria - Gasteiz - 09/03/2011

Esta es la historia de un padre desesperado. De alguien que no sabe nada de su hijo desde diciembre de 2009. Abatido, porque el pasado 26 de febrero tampoco pudo contemplar cómo su pequeño soplaba sus primeras cinco velas. Poco importa que se haya recorrido España de punta a punta. Su ex compañera y madre del menor siempre ha hecho las maletas cuando él se ha presentado en la puerta, en busca de su niño, o ha desaparecido cuando ha reclamado sus turnos de custodia.

Esta es la historia de Pascual L., nacido en Galicia hace 24 años. Conoció a su ahora ex pareja cuando ambos residían en la idílica Fuerteventura. A pesar de su juventud -ella es tres años menor-, tuvieron un bebé en 2006. Su relación pronto se truncó y ambos rehicieron sus vidas por separado. Ella volvió a ser mamá. Él conoció a otra chica.

Al principio todo marchó de modo correcto. Pascual vivía con el pequeño, controlaba su educación. "Los profesores siempre me hablaban de sus progresos", evoca. Hasta que prosperó el recurso por su custodia presentado por su antigua novia. Las visitas empezaron a reducirse "de forma drástica" hasta que "desapareció de la isla". Pascual terminaría por descubrir que su ex, que ahora tiene 21 años, se había mudado a Navarra debido al traslado de su entonces compañero, un militar profesional. Pascual intentó "por todos los medios" retomar el contacto "para saber de mi hijo". Acudió a la Justicia, "pero es demasiado lenta". La madre de su pequeño cortó la relación con el militar, con quien mantiene un litigio similar, y se mudó a Vitoria. Entonces, el protagonista de esta historia lo dejó todo y se plantó en la capital alavesa. "No aguantaba más tiempo sin abrazar a mi pequeño".

A Badajoz. El movimiento, sin embargo, sólo trajo más frustración y nuevas denuncias judiciales. "Seguía sin dejarme verlo. Cuando, por ley, me tocaba verle, ella no me abría la puerta de su casa", rememora con gesto compungido. El colmo llegó cuando la chica emigró por sorpresa de nuevo. Esta vez a Badajoz. Corría el año 2009. "Luego me enteraría de que cambió a mi hijo hasta cuatro veces de colegio", desliza. "Imagínate el trauma para el niño, antiguos profesores me han dicho que ahora tiene problemas para comunicarse con los demás".

El pasado verano, después de comunicar a su ex por burofax que no dejaría pasar su turno de custodia en agosto, se fue hasta Extremadura con varios familiares, convencido de que por fin podría abrazarle. Pero no. "Nos encontramos con la casa cerrada a cal y canto". Nueva denuncia y la máxima desesperación.

El culebrón se enredó aún más en otoño. "Me denunció por impago. ¿Pero cómo iba a pasarle la pensión alimenticia -de 150 euros al mes- si no me había enviado un número de cuenta pese a pedírselo muchas veces?". Hace mes y medio, el abogado de su ex le envió los veinte dígitos. "Desde entonces pago religiosamente".

Solo que ahora también le exigen "13.200 euros como responsabilidad civil" por no recibir a tiempo la pensión. "Es muy fuerte. Quiero cumplir con mi deber de padre, pero también abrazar a mi niño. No le veo desde diciembre de 2009".