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Opinión

Armani, el rey que no abdicó

Merece el respeto de quien ha vestido el último medio siglo de Occidente, solo atemperado por las acusaciones de explotación laboral en vísperas de su desaparición

El diseñador Giorgio Armani, rodeado de modelos.

El diseñador Giorgio Armani, rodeado de modelos. / EFE

Giorgio Armani es uno de los escasos ejemplos de un talento extraordinario no solo recompensado económicamente, sino desplegado a través de una laboriosidad vertiginosa, por no hablar de la independencia de la marca con su nombre creada en los años setenta.

Quien repase los modelos con su firma en las últimas pasarelas de los Oscars, no conseguirá encajar la sensación de plenitud con un creador octogenario y nonagenario, pero irreductible. La admiración de lo sobrehumano exige el descenso a la cotidianeidad, así que evocamos una frenética jornada del diseñador en Milán, previa a una velada en su palacete italiano con aire versallesco, nada que ver con su lujoso apartamento de Manhattan o su mansión con vocación de cabaña sobre el Caribe.

Armani está agotado, así que elige un sillón cómodo de su salón milanés, y se coloca una manta sobre las piernas como cualquier jubilado de su generación. Mira al frente, donde se yergue una pantalla de las pulgadas suficientes. Se apagan las luces, se enciende el televisor, y aparece el capítulo correspondiente de ‘The Crown’. La moraleja vulgar es que puedes disfrutar de las mismas experiencias que un magnate por mucho menos dinero. La invitación al titular del obituario remarca que ha muerto un rey que nunca abdicó, y que apeló al misterio en la zona VIP de la discoteca o de su club de baloncesto.

No tenía la biblioteca de Lagerfeld ni la ansiedad trascendente de Saint Laurent. Se inventó a sí mismo al arrancarle las hombreras a una chaqueta en ‘American Gigoló’, donde Richard Gere y Lauren Hutton siguen siendo sus Adán y Eva particulares con permiso de Sofía Loren, arquetipos de un futuro en el que se hubiera consagrado al diseño de seres humanos. Al saltar del exterior corporal al interior residencial, difundió el matiz sedante exacto para el trámite entre la vigilia y el sueño, el color ‘greige’ obtenido por inhibición cromática. Armani merece el respeto de quien ha vestido el último medio siglo de Occidente, solo atemperado por las acusaciones de explotación laboral en vísperas de su desaparición.

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