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Opinión | Cuaderno de viajes

Abogada

Boston II

Huele a incienso como en España, en la penumbra los colores resaltan vivos y recargados

Espero que a la llegada de esta se encuentren bien.

Hay bastante gente en la calle, aprecian un día de sol. Pero no olviden llevar una rebeca sobre los hombros para cuando entren en los restaurantes y los museos.

Me cruzo con un señor vestido de época, así que supongo que me acerco al freedom trail, el camino de la libertad. Recorrer los cuatro kilometros de su extension es apasionante, como andar sobre los comienzos de este país.

Partimos del Boston Common: Lo que fuera un prado, se convirtió en 1634 en el parque publico mas antiguo de Estados Unidos. Allí Samuel Adans y el mítico Paul Revere colocaron la primera piedra de la casa del Estado de Massachusetts. Se acuerdan de Paul Revere? Su nombre está para siempre unido a la cabalgata de medianoche, cuando sobre su caballo y una linterna en la mano alertó a los colonos y a la milicia de Lexington y Concord del avance de las tropas inglesas. Junto a Adans esta enterrado, en el granary burying ground, muy cerca de la iglesia de Park street. Busqué su campanario, no porque el carillón siga sonando desde 1810, sino porque fue, y es , ahora que tanta falta hace, un faro de esperanza y cambio. Amplia, diáfana, blanca, sin adornos. Sencilla y pura como un cántico. La calefacción bajo el suelo de madera, los grandes ventanales por donde entra el sol sin obstáculos para alegrar el espíritu y los bancos como respaldo alto para, sin sufrimiento, ni prisa, rezar o reunirse por causas como la abolición de la esclavitud, el sufragio femenino y los derechos civiles. Eso me hace recordar que no les he contado que esta mañana, en el paseo arbolado frente a donde me alojo, reparé en una estatua. No sabia quién era. "Mi país es el mundo. Mis compatriotas la humanidad", llevaba la piedra inscrito. No pude tomarme el café sin antes saber su historia . William Lloyd Garrinson fue un periodista, reformador y abolicionista, Defensor de la igualdad y editor del periodico 'The Liberator'. Sus palabras, lúcidas, acertadas y valientes en la época, un siglo y medio después, lo son igualmente. Tanta injusticia y tanta revuelta abre el apetito, así que buscamos un restaurante de marisco y pescado, escuchando al estómago que también protesta, ante tanta carne. Hay a esta hora, cuando ya han almorzado los locales, menos cola para entrar en 'Neptuno', y menos aun si no te importa comer en la barra. Los precios y las cantidades nos hacen añorar 'El Cristo' de Elvas. Mi reino por unos percebes y una buena zapateira. En las calles cercanas se respira perfume de pizza y cannoli. Estamos ya en North End la pequena Italia. Las iglesias son católicas . Al fondo está San Leonardo, contruida por los propios inmigrantes, con su salario y sus manos, con el desgarro de la despedida y la separacion, con la última mirada al pueblo, a la costa que se aleja, con el miedo, la llegada, la pobreza, la dificultad para entender y hacerse entender, con la nostalgia. Huele a incienso como en España, en la penumbra los colores resaltan, vivos, y recargados. Los Santos tienen coloretes y labios rosados, pestañas largas y ojos soñadores que miran al cielo. Cada altarcito con sus velas ilumina la memoria de quien se refugiaba allí como un oasis, como una embajada de su patria, en aquella tierra extraña que cantara Doña Concha Piquer. Tiene un parque atrás. El 'Jardin de la Paz' donde realmente parece que el tiempo se detiene y el aire susurra en italiano a las azucenas.

En el banco del fondo un hombre mayor cierra los ojos. Al ruido del mundo.La semana que viene seguimos descubriéndolo juntos.

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