Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | La escotilla

Guillermo Kurtz

Historiador

Las dos caras de Puerta de Palmas

Con cierta lógica, los badajocenses han elegido la parte del monumento que ven, la que está en su entorno inmediato, no al exterior

La cara interna de Puerta de Palmas.

La cara interna de Puerta de Palmas. / S. GARCÍA

Es muy de agradecer que La Crónica de Badajoz ponga este espacio a mi disposición para opinar sobre, básicamente, lo que me parezca, dentro de los límites de la cortesía y el respeto. Respeto y cortesía sobre todo para con los lectores, pero también para con cualquiera de aquellos a los que eventualmente pudiera mencionar. Conste que si digo o contradigo lo que algunos piensan, lo que será inevitable, no hay, y espero que no habrá, intención de insultar ni de faltar al respeto a las personas que piensan de una manera contraria a la mía. Están en su derecho, y sólo pido que se me extienda la misma consideración.

Aviso de que esta colaboración no irá «de». Me reservo la libertad de ser transversal. Por ello no irá de historia, aunque no podré evitar hablar de temas históricos, ni de política, que la habrá, ni de Badajoz exclusivamente, aunque estará en el centro de mi visión y redacción. De ir de algo, irá de un poco de cada uno de estos tres elementos, que no son independientes entre sí, que juntos conforman formas concretas, a veces múltiples, de ver y vivir nuestra realidad y acción social. Diferentes percepciones de la realidad y del pasado que acaban determinando cómo cada uno actúa en sociedad.

Ilustraré esta importancia de la percepción, que siempre tiene un componente de subjetividad, con el monumento icónico de Badajoz, Puerta de Palmas. Para que nos entendamos, monumento icónico es ese edificio o conjunto que representa a la ciudad y que aparece en logotipos, souvenirs y en múltiples soportes. Por ejemplo, París tiene la Torre Eiffel, Berlín la Puerta de Brandemburgo, Atenas la Acrópolis, Cuenca las Casas Colgantes. Badajoz tiene Puerta de Palmas.

Si uno se fija un poco en las imágenes de Puerta de Palmas que se plasman en las tazas e imanes que venden en las tiendas de recuerdos, en fotos o dibujos en diferentes lugares y medios, o en el mismo logotipo municipal del punto de información turística de la calle de San Juan, notará que casi siempre se ilustra la cara interior del monumento y bastantes menos veces la cara que da al puente homónimo.

Es decir, la ciudadanía ha elegido de una forma inconsciente la parte del conjunto arquitectónico que mira a la ciudad, la que se ve desde donde están los badajocenses. Poco importa que esta cara de la puerta, tal y como se ve hoy, sea fruto de una actuación y reforma de los años sesenta. Poco importa que la cara exterior, muy parecida a como era a mediados del siglo XVI, tenga más antigüedad. Poco importa la inscripción monumental del entablamento, las figuras reales de los tondos laterales, el magnífico escudo de Carlos I (V de Alemania) único en su género en cuanto se representa sobre un manto de armiño y sobre las Columnas de Hércules se representen dos geniecillos que agitan una palma. Poco importan su antigüedad y monumentalidad: la cara externa de la puerta está fuera de la ciudad, está ahí para que la vean los que entran, los extranjeros que llegan, no los que ya están dentro. Con cierta lógica, los badajocenses han elegido la parte del monumento que ven, la que está en su entorno inmediato, no al exterior.

Es, claramente, una cuestión de percepción. Una cuestión que ilustra sobre cómo es Badajoz y su gente. Pero, conviene ver las dos caras de la moneda, del monumento. Y en esas estamos.

Tracking Pixel Contents