Opinión | Disidencias
En ruta
Talavera tiene una carretera larga que atraviesa el centro, siempre que he pasado me ha llamado la atención que mucha gente se desplace en bicicleta

La ruta prevista de Diego Algaba. / D. A.
Lleno el depósito, compruebo la presión de las ruedas, arranco, me pongo en marcha. A la salida de la ciudad no hay muchos coches que interrumpan el tráfico, paso todas las rotondas de la carretera de Madrid. Qué invento el de las rotondas, algunas tienen en su interior diseños con motivos originales, aunque no escribo nada nuevo si digo que otras muchas son horteras. Paso por el Cerro Gordo, por el Golf Guadiana, por la Piscifactoría, por Villafranco, por la fábrica de tomates, llego hasta la Base Aérea, en el interior, sobresalen de su alargada fachada unas garitas blancas con formas cilíndricas. Garitas solitarias llenas de lentas y tediosas horas de guardia realizadas por soldados de reemplazo, y donde en más de una ocasión se ha oído que han visto OVNI, y luces extrañas, Objetos luminosos vistos por los ojos asustados y delirantes de soldados de menos de veinte años y que han servido a programas de radio para darles horas de misterio a muchas noches de insomnio al dar credibilidad a los avistamientos en la Base Aérea.
Dejo atrás la Base y sigo mi viaje hasta Talavera. Paro y entro a desayunar, en el bar La Siesta, es la primera vez que entro en este local, hay solo un camarero detrás de la barra y tarda en atenderme, o quizás sea la precipitación al estar impaciente por continuar con la ruta diseñada. Hoy en mi viaje no hay improvisación, hoy no voy con la cámara buscando una fotografía, ni voy a parar en cualquier camino que me ofrezca una atractiva imagen para captar, hoy voy a un viaje con un destino, voy a un pueblo cercano al embalse de Valdecañas. La Isla como le llaman los del lugar y que le da vida, color y calor a todos los pueblos cercanos, El Gordo, Berrocalejo, Valdeverdeja… Vuelvo al bar La Siesta donde me pusieron una tostada rica, de buen tamaño y a un buen precio, mereció la pena la espera aunque por poner alguna pega y sacar al cascarrabias que va correspondiendo con mi edad, diré que el local tenía poca luz y mucha música a un volumen demasiado alto. La luz tenue le daba un aire de local nocturno más que la vivacidad que necesita una cafetería de desayunos.
Termino y vuelvo al coche que he aparcado en la puerta, esta es otra de las ventajas de los pueblos. En los pueblos no hay tanta dificultad para aparcar como en las ciudades. Sigo la ruta. Talavera tiene una carretera larga que atraviesa el centro, siempre que he pasado me ha llamado la atención que mucha gente se desplace en bicicleta. Bicicletas antiguas que llevan una caja detrás atadas con gomas o cuerdas, o una cesta delante que sirve de transporte de pequeñas cosas, unos tomates, un melón, productos de la huerta. Los usuarios de las bicicletas suelen ser personas mayores que las dejan delante de las tiendas, o de los bares, no hacen falta candados ni ninguna medida de seguridad. Talavera es un pueblo sin cuestas, un pueblo llano muy apropiado para pedalear sin mucho esfuerzo.
Sigo circulando hasta la rotonda que lleva a la autopista, en la mediana de la autopista hay sembradas plantas que tienen flores rojas y blancas, una vegetación abundante con la altura y volumen suficientes para impedir ver los coches que vienen por el carril contrario.
En la pronunciada cuesta de Lobón se enciende de forma intermitente el luminoso que dice “velocidad controlada por radar”, al final de la pendiente, a la izquierda, se ven edificaciones terminadas en picos blancos, como si fuera el techo de tiendas de campaña gigantes, son el lugar donde venden las conocidas y ricas naranjas de Lobón, cuando venga de regreso entraré a comprar un saco, aunque todavía no es la época, también las venden en las gasolineras.
Llego a un cartel azul donde pone ‘Mérida 13’. Este cartel no está a la salida de ningún pueblo, el cartel con la misma distancia se ve cuando regresas. ‘Badajoz 13’. Carteles con un número que no gusta a los supersticiosos. Han podido anunciar la llegada desde el km 10 o el 15. Hay conductores que el número 13 en la carretera les produce rechazo y hasta nerviosismo en una situación en la que hay que estar tranquilo.
Paso por Mérida, de Mérida hay tanto que ver y contar que no me voy a parar aquí, solo diré que la autopista por esta zona está en obras.
En un cartel de color marrón anuncian el Parque Natural de Cornalvo, donde hace unos años hice una ruta senderista preciosa en un día de llovizna fina y que no he olvidado, como tampoco he olvidado los platos de migas y tazas de café que repartieron al final del recorrido.
Desde la carretera se ven a izquierda y derecha unas tierras parduzcas recién aradas. Una tierra preparada para la siembra de invierno y para protegerla de las próximas heladas.
Llego hasta Miajadas. Cuando antes escribí sobre los diseños de los interiores de las rotondas también pensé en Miajadas, en el tomate gigante de cuatro metros y medio de altura y cinco de diámetro que preside una de las rotondas y que se hizo famoso en toda España cuando al futbolista Ronaldo lo paró la Guardia Civil, supongo que por exceso de velocidad, después de la multa el Guardia Civil se hizo una fotografía con el futbolista. La foto del Guardia Civil con el futbolista salió en todas partes. En la fotografía se veía de fondo el que desde entonces fue el tomate más conocido de España.
Sigo circulando, en la radio suena Sanguijuelas del Guadiana y su ‘Revolá’. Me gusta el grupo, no solo por su música que todavía no conozco bien, me gusta por el hecho de defender la idea de que se pueden hacer cosas de calidad desde el pueblo. Casas de Don Pedro. Me caen bien estos muchachos de La Siberia.
Llego hasta Ibahernando, el pueblo de Javier Cercas. Hace años entré para ver cómo era esta pequeña localidad de unos 500 habitantes y que es el lugar donde nació el autor de ‘Soldado de Salamina’. El pueblo no lo recuerdo bien, aunque sí me gustó el paisaje que se veía desde los 5 km de carretera estrecha y pequeña que llevaba a la localidad entre campos verdes donde se veían rebaños de ovejas. Ibahernando, el pueblo donde nació uno de los extremeños más conocidos en la literatura y el columnismo con sus artículos semanales en El País.
Y tengo que terminar sin poder escribir sobre Romangordo y sus trampantojos y sobre todo de ese cartel en azul que anuncia en el mismo espacio, como una metáfora de supervivencia, Almaraz y Valdecañas y donde alguien escribirá en el mismo cartel, no al cierre y no a la demolición. Almaraz y Valdecañas le dan vida a toda esa zona del Campo Arañuelo. Se acaba el espacio y tengo que terminar esta ruta debajo de un cartel que da para mucha literatura y mucha polémica, aunque sobre esta polémica le corresponde escribir a otros, que yo no escribo de política.
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