Opinión | Jueves sociales
Pilar Galán
Qué necesidad
No me interesa lo que Vargas Llosa escribió a su amada de entonces de forma privada. Tampoco entiendo al rey emérito
No suelen gustarme los libros de memorias. La mayoría me parece un ejercicio narcisista, una exhibición de egos o un ajuste de cuentas. No son un ejercicio de liberación y valentía, ni mucho menos. Confesar solo lo que uno quiere, lo que le interesa, y hacerlo en público no es una catarsis sino una justificación no pedida, o sea, accusatio manifesta. No me interesan los porqués, mucho menos si son inventados o a la medida del que escribe, sino que prefiero saber las consecuencias de los errores cometidos, y estas raramente aparecen en las páginas de un libro de memorias. Si quiero leer ficción, elijo las novelas, que inventan sin basarse en supuestos hechos reales e incluso a veces, los personajes son más creíbles. Puedo soportar la exhibición de las vergüenzas propias, e incluso reconciliarme con quien las exhibe, pero no comprendo por qué se airean cartas ajenas, documentos o conversaciones que deberían quedar ocultas, sobre todo cuando ya no está la persona para defenderse. No me interesa lo que Vargas Llosa escribió a su amada de entonces, me parece indigno que sus palabras privadas se muestren al público como si para él hubieran sido escritas.
Tampoco entiendo al rey emérito. Pero qué necesidad había… nos reprochaba mi madre cuando queríamos invitarla a un restaurante o le comprábamos un regalo que ella consideraba demasiado caro. Qué necesidad. También lo cantaba Juan Gabriel. Para qué tanto problema. Pues eso habría que decirle al emérito. Qué necesidad había de remover el cieno, de agitar las aguas tranquilas desde su retiro dorado. Como si necesitáramos saber lo que opina de su mujer (quizá sería más interesante saber qué opina ella), de su nuera, de su nieto demasiado aficionado a las fiestas, o de los políticos. Como si no supiéramos que acusa a los medios de romper el pacto de silencio que le mantuvo a salvo, por encima del bien y del mal, durante tantos años. Como si no se degradara un poco más su figura entre estos cotilleos de patio de vecinos que nada aportan a la biografía de una persona que fue importante en la historia de nuestro país. Decía Roberto Bolaño que a los únicos a los que se les debería permitir escribir libros de memorias es a los aventureros sangrientos, a las actrices de cine porno, a los grandes detectives o a los mendigos. Lo demás es pura invención, parloteo sin sentido, acusaciones y justificaciones inmorales que ya no llevan a ningún sitio y que solo añaden más cieno, como si justamente eso no fuera lo que nos sobrara.
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