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Opinión | Cotidianidades

Badajoz

José Luis Orta Enciso

El director de cine tiene que crear desde la nada, inventar con su imaginación y transmitirlo a los actores y a todo el equipo. Crear una imagen viva que hable, que cuente cosas, que produzca sensaciones en el espectador

José Luis Orta Enciso.

José Luis Orta Enciso. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ

José Luis Orta Enciso es de Badajoz, de Jaraíz de la Vera, de Isla Cristina, vive en Madrid, aunque le gustaría hacerlo en Los Ángeles. José Luis acaba de ganar el primer premio en un concurso de relatos y de estrenar su primer cortometraje en un cine de Madrid. José Luis se fue a estudiar a la capital con 19 años y se quedó a vivir con la intención de ser actor. Por aquel entonces le llamaba la atención la interpretación, aunque con el tiempo se ha ido decantando por la dirección. Acaba de estrenar un corto que tiene los mimbres perfectos para convertirse en una serie, si cae en las manos adecuadas, porque para triunfar en el mundo del cine, de las artes en general, además de talento hay que tener suerte y más en el cine, donde es imprescindible que alguien apueste por ti arriesgando dinero en el proyecto de un director novel.

Hacer una película es una aventura no solo de imaginación, sino también de financiación. Para hacer una película es necesario tener pasta o que algún productor se interese por la película, esto último es complicado y más complicado si eres joven y poco conocido. En el mundo del cine las relaciones sociales, conocer gente, son casi tan importantes como el talento, luego ese talento tiene que ir aparejado al trabajo y la constancia y ser capaz de mantener la confianza en uno mismo para no decaer en los momentos malos, momentos que llegan cuando pasa el tiempo y no surgen oportunidades, a pesar de saber que tienes un buen material para mostrar. Es como conocer el número que va a salir en la lotería y no tener los 20 euros que cuesta el décimo.

Hace unas semanas estuve con José Luis en la misma cafetería donde también quedé meses atrás con Leonardo Dantés para publicar otro artículo en este periódico. Uno está empezando y el otro tiene un amplio recorrido. Los he asociado a los dos, además de por el lugar de encuentro, porque José Luis tendría que adquirir fama para tener la oportunidad de mostrar su talento y Leonardo regresó desde Madrid a su pueblo para huir de una fama molesta. Por lo poco que he conocido a José Luis, la fama no le atrae, aunque es consciente de su importancia para poder realizar el sueño de dirigir películas. José Luis prefiere trabajar, escribir guiones, idear películas, estudiar, ver cine, le gusta estar en casa y seguir creando material de calidad por si un día llega la oportunidad que busca y que estoy seguro que le va a llegar por la pasión, la perseverancia, la seguridad y la madurez que demuestra a pesar de sus 26 años. José Luis está haciendo lo que quiere hacer, está seguro de que su vida va por ese camino. Mientras tanto, como dice él, hace bolos como actor.

El talento es algo que se tiene y José Luis lo tiene, tampoco le falta voluntad, como decía alguien: para crear el 1% es inspiración y el 99% sudor.

Como he contado al principio ha ganado un concurso literario con un relato corto. Le pregunto cuál es la diferencia, cómo se transforma cuando está sentado en su mesa de escribir y decide ese día ser guionista de cine, o escritor de relatos. Le pregunto si existen diferencias entre una cosa y otra. Dice que el cine lo ve, que tiene la imagen en la cabeza e intenta escribir en el papel esa imagen, trata con palabras, pero piensa en imágenes.

Cuando me dice esto me acuerdo de la fotografía, un paréntesis para decir que ahora estamos en Badajoz en el mes de la fotografía con el Festival Negativo, una iniciativa muy interesante a la que todo los años le escribo un artículo y del que este año no he escrito porque no he podido seguirlo como me hubiera gustado.

Sigo por donde iba. He metido aquí la fotografía porque la cámara de un fotógrafo dispara sobre una imagen que le ha llamado la atención al fotógrafo. La fotografía existe, solo hay que tener ojo para verla. El director de cine tiene que crear desde la nada, inventar con su imaginación y transmitirlo a los actores y a todo el equipo. Crear una imagen viva que hable, que cuente cosas, que produzca sensaciones en el espectador. Imaginación viene de imagen, la imagen tiene que representar cosas reales e irreales, el pensamiento tiene que estar en modo imagen para elaborar un guion de cine.

José Luis desarrolla su imaginación, su fantasía, en el pueblo de su padre, cuando se sienta y deja volar su mente con la visión, el olor y el sonido del mar en Isla Cristina, pero también tiene la suerte de tener el lugar donde se siente protegido y seguro, donde acude cuando necesita que le quieran, su refugio familiar en el pueblo de su madre, Jaraíz de la Vera, donde recuerda con nostalgia los paseos con su abuelo ya fallecido. Paseos por la calle Nueva, sentarse en el kiosco mientras el abuelo David contaba a su nieto la historia de la plazoleta de los Enciso donde estaba la ferretería más antigua de la Vera propiedad de sus antepasados. Abuelo y nieto paseaban por el pueblo en noviembre con el olor que desprende el pimiento cuando se muele para producir pimentón, o las comidas familiares con el abuelo, con la abuela Toñi, con sus tíos, con su hermana y con su madre en el hotel Xaray, o cuando acudía al cine Avenida con su madre donde vio por primera vez Cinema Paradiso y donde se empezó a enamorar del cine. Jaraíz es el pueblo que para nosotros es el lugar del pimentón y las cerezas y para él es el refugio de esos días en los que uno necesita tirar de la familia. El pueblo de un chico de 26 años alto, guapo, culto, que sabe de cine y que da gusto oírle hablar con ese entusiasmo sobre cine y del que estoy deseando ver en una pantalla grande una película dirigida por él.

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