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Opinión | EL EMBARCADERO

Periodista y profesor

November Rain

Como casi todo en la vida, la lluvia tiene una doble cara: la cruel y la benévola

Es bastante común que los hermanos pequeños aprendamos de los mayores, de cosas que les gustan a ellos, como aficiones, prácticas deportivas, lecturas o grupos musicales. Algo así me ocurrió a mí con una canción que, cuando era un niño, descubrí gracias a mi hermana Eva. Me apetece volver a escucharla cuando estamos inmersos en el presente mes, en el que las borrascas cruzan la península ibérica de oeste a este, regando de lluvias las comarcas extremeñas, y ayudando así a que renazca ese tapiz de hierba verde tan necesario para el ganado y para el deleite de turistas y residentes.

Ese tema musical, ‘November Rain’, es una canción de ‘power ballad’ compuesta por Axl Rose que fue grabada y publicada por la banda de ‘hard rock’ estadounidense Guns N’ Roses en 1990. Sus aspiraciones fueron grandiosas, casi todo el mundo que le gusta la música lo sabe. Durante nueve minutos asistimos a un viaje emocional sublime, a una obra maestra musical que combina elementos del rock clásico con orquestaciones sinfónicas que crean una atmósfera extraordinaria y emotiva. No me canso de escuchar el impresionante e icónico solo de guitarra de Slash, uno de los momentos más memorables de la historia del rock y que, en el videoclip, se nos muestra con un barrido desde un helicóptero frente a la iglesia, un instante que combina emoción pura y virtuosismo. Si inolvidable es esta mítica canción no lo es menos su vídeo musical, otra obra maestra, en este caso audiovisual, que no escatimó recursos (cientos de extras, helicópteros, varias cámaras… todo a lo grande) para labrar una pequeña joya, en forma de película, cuyas visualizaciones en plataformas de ‘streaming’ como YouTube se cuentan por millones. No es para menos. Esta balada épica, que explora temas como el amor, la pérdida o la inexorabilidad del cambio, está inspirada en una historia de amor y desesperación debido a que el vocalista de la banda, Axl Rose, y Slash, el guitarrista, estaban enamorados de la misma chica. No obstante, en su letra se insiste en la finitud, en el espacio personal y en la confianza que se debería tener en las relaciones de pareja, una lección indispensable en tiempos en que los celos, la posesión, la dependencia emocional o el control (sobre todo, tecnológico) pueden ser muy nocivos entre jóvenes y mayores. La letra de ‘November Rain’ nos lo dice así: «Cause nothin’ lasts forever (Porque nada dura para siempre) / And we both know hearts can change (Y ambos sabemos que los corazones pueden cambiar) / And it’s hard to hold a candle (Y es difícil sostener una vela) / In the cold November rain (En la fría lluvia de noviembre)».

Esta metáfora de la «lluvia de noviembre» como símbolo de la tristeza y la melancolía que acompaña a las relaciones que tienen dificultades nos sugiere cómo el amor, al igual que las estaciones, es transitorio y sujeto a cambios, puede variar sin que lleguemos a darnos cuenta de manera consciente. La lluvia llega a escena, también en el videoclip, y se genera el caos. Como si fueran disparos, se precipita el final de la supuesta felicidad de una boda de ensueño y se pasa de la dicha y lo pletórico al vino derramado en las mesas y a un desenlace fatal. Pura poesía musical y cinematográfica.

Tan necesaria para la vida, la lluvia, cuando se desboca, puede ser un elemento de lo más dañino y mortífero. Bien lo recordamos en Badajoz cada año, en torno al 5 y el 6 de noviembre, aniversario de la riada acontecida en 1997. O en Valencia, con una maldita dana que, desde finales de octubre y hasta mediados de noviembre de 2024, llenó parte de los campos del este peninsular de destrucción, muerte y sufrimiento. Apoyar siempre a las víctimas debería de ser un ejercicio imprescindible, una tarea que no acaban de aprender algunos responsables políticos indignos que son capaces de dimitir un año después de la tragedia, tras recibir improperios en el funeral de Estado, y que, encima, tienen la desfachatez de seguir mintiendo después de anunciar su dimisión. Una dimisión que lo es a medias porque el señor Mazón continúa hoy como presidente en funciones de la Generalitat Valenciana. No defrauda en su estrategia insolente de echar balones fuera para no asumir sus responsabilidades y, desde un victimismo insoportable, continuar culpando de todo, o casi todo, al Gobierno de España. Eso sí, Carlos Mazón conoce bien el camino para parapetarse en el escaño de diputado en les Corts Valencianes y, por ende, seguir aforado, algo fundamental en la causa judicial de la dana. Simplemente, escandaloso.

Las lluvias torrenciales provocaron este desastre en el Levante español pero también está detrás una nefasta gestión. Como casi todo en la vida, la lluvia tiene una doble cara: la cruel y la benévola. Quedémonos con esta última, con la placidez de una lluvia que, también en noviembre, invita al recogimiento, a la reflexión de una buena lectura o a la escucha de una canción que, con el tiempo, sigue siendo un clásico atemporal: ‘November Rain’. Como nos recuerda su letra, se tenga o no pareja, todos precisamos de nuestro espacio personal y de tiempo para reflexionar, para estar solo, para sanar y entender todos nuestros sentimientos y emociones. Pongámonos a ello.

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