Opinión | Fragmentos de Badajoz
¿Qué ocurrió con el barrio de San Salvador en Badajoz?
El solar estaba siendo utilizado como vertedero y «de abrigo de inmoralidades» y que de él había sacado 11.000 cargas de ripios que le habían costado casi 4.000 reales

Plano de 1645. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ
Se llamó así porque se encontraba en torno a la iglesia de San Salvador, ya desaparecida, que estuvo en el lugar que ocupa la actual puerta de Mérida. Se cree que el origen de este barrio era el antiguo arrabal oriental musulmán. En esta zona se encontraba el Hospital de Santa Catalina, que también dio nombre al barrio. Este hospital tuvo su ermita homónima, quizá una antigua sinagoga judía y estaba en la hoy calle del Campillo.
La ermita fue derribada en 1668. Una escritura de 1817 sobre la Hermandad de San Nicolás de Tolentino del convento de San Agustín cita este otro nombre por el que era conocido el barrio: «Con motivo de la fortificación de esta plaza, en el año 1689 fue demolido el barrio de Santa Catalina la Vieja, en el que tenía esta ilustre hermandad una casa que le había donado Isabel González, la Espantarratas». El barrio estaba formado por dos calles principales que lo atravesaban de este a oeste y que partían desde la primitiva puerta de Mérida, junto al arroyo Rivillas. La primera de ellas se llamaba Lope de Hoces y bajaba desde el Peso de la Harina hacia la puerta de Mérida. El Peso de la Harina era el edificio de la Galera. En 1714, una vez retranqueada la muralla, se la llamaba «calle de Francisco de Hoces, que va del mesón del Rincón a la puerta de Mérida». La segunda calle, que partía desde la puerta Mérida e iba hasta el Hospital de la Concepción, es la actual calle Jarilla.
En este barrio se encontraba el mesón de la Estrella. Ya existía en 1552 y se arruinó «por haberle caído una bomba cuando el sitio de esta plaza y estaba lleno de inmundicia, fue necesario tapiar las bocacalles por la parte de arriba y la que sale a la de la Concepción Alta». Se refiere al sitio de 1705. Su propietario, Juan Piñero, lo adquirió en 1718 y lo cita como «un solar de casa grande, todo arruinado, sin techo alguno, tan solo unos paredones de tierra con diferentes portados de ladrillo y una escalera».

Plano de San Salvador de 1803. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ
Frente a la torre de Espantaperros estaba en 1774 la «calleja del Mesón del Rincón, calleja que se nombra de Viveros». Gabriel Martel pedía permiso al ayuntamiento en 1779 para construir una casa en su solar y lo cita así: «una casa que en tiempos antiguos fue de don Alonso de Viveros, que por un lado cae a la calle de la Concepción Alta y por otro al Toril, que está tapiada por el resguardo de toda aquella vecindad, pues era calleja». El mesón del Rincón, que ya existía en 1576, estaba en este solar y cerca de la calle Cerrajería (hoy El Brocense), formando un rincón, de ahí su nombre. En 1639 lo ocupaba Jerónimo Sánchez Gil, citando «que yo tengo una casa-mesón en esta ciudad, que dicen el mesón del Rincón, como sucesor en el vínculo que instituyó y fundó Cristóbal Martín, Perulero, mi tío difunto, que las dichas casas mesón lindan de una parte con casas de Alonso Sánchez, de Gonzalo Esteban y con la calleja que baja para el Hospital del Nuestra Señora de Concepción».
Una estrecha calle que baja desde la calle San Lorenzo a la de Concepción Arenal, actualmente innominada, se llamaba calleja del Cuartelillo en 1822. Se llamó así por un cuartel de caballería que existió allí, llamado del Vino. El primitivo nombre de este mesón fue de Baltanás, deformado como Patanás. Proviene de su propietario en 1587, el mesonero Jorge Hernández Baltanás. Su propietario en 1663, Francisco García Barquero, lo vendía por 300 ducados a Juan Gutiérrez y lo describe así: «unas casas-mesón que dicho Francisco García tiene en esta ciudad, que es el mesón que dicen de Batanás y del Vino, que está en la calle del hospital e iglesia que dicen de Nuestra Señora de la Concepción, en la calle Alta de dicho hospital». Esta iglesia de la Concepción se llamó después de Nuestra Señora de la Paz. Era contigua al Hospital de San Andrés, luego llamado Hospital de la Concepción. El antiguo hospital y parroquia lo ocuparon las monjas trinitarias, tras abandonar su convento de la calle San Pedro de Alcántara en el siglo XIX. El mesón del Vino ya estaba arruinado en 1807, cuando se vendía la casa contigua. Antonio Abad Álvarez lo vendía a Mateo Delgado por 800 reales, describiéndola así: «que linda por la derecha, entrando en ella, con casa de don José Crispín González Orduña, y por la izquierda con el cuartel de caballería arruinado que forma esquina para la callejuela que va a salir a la calle Alta de Concepción». En 1822 el ayuntamiento lo vendía a José Prieto por 7.000 reales y lo cita como «el Cuartelillo». Algo se temería y José Prieto lo vende el 11 de diciembre a Alonso Matamoros. En 1824 se declaraba nula la venta. Alonso Matamoros explicaba que el solar estaba siendo utilizado como vertedero y «de abrigo de inmoralidades», y que de él había sacado 11.000 cargas de ripios que le habían costado casi 4.000 reales. Además, había gastado más de 30.000 reales en la fábrica de cuatro casas.
En este barrio existió un edificio llamado Pajares del Rey o Casa de Meca. Parece ser que en esta casa se refugiaban los antiguos musulmanes tras la reconquista cristiana. Al menos es lo que mencionaba la revista El Águila Extremeña el 20 de julio de 1899. En 1523, «no olvidando a la ciudad de Badajoz, volvió a ella en servicio del emperador, atendiendo a convertir a la religión cristiana a los moros que aún había en la plaza, tanto procedentes de la reconquista, como de los asilados en la Casa de la Meca. A las personas convertidas se les dio su apellido Manrique». Se refería al obispo de Badajoz Alonso Manrique de Lara (1499-1516). Desconozco si esta información es cierta, quizá se le diese ese nombre porque podía ser de estilo mudéjar y el vecindario la comenzó a llamar así. En 1899 se cita que estaba justo enfrente de la torre de Espantaperros, en la entonces plazuela del Reloj. La documentación notarial que yo poseo cita que la casa estaba un poco más abajo de la puerta mudéjar del antiguo Hospital de la Concepción. En 1866 se vendía una casa en la calle del Peralillo, que por la izquierda lindaba con «los Pajares del Rey, conocidos por la Casa de Meca». Fue tasada por el maestro mayor de obras de fortificación Valentín Falcato y luego sacada a subasta pública, rematándose en 1839 a Jerónimo Orduña Patrón por 10.000 reales. En 1861 se vendía la cuarta parte del edificio, ya solar, que daba hacia las calles de la Costanilla y Jarilla y por su espalda con la calle del Peralillo. El ayuntamiento propuso en 1888 utilizarla como cárcel. Se descartó debido al gran desnivel del terreno y eligió el antiguo Palacio de Godoy en 1897.
El matadero más antiguo que tuvo Badajoz estaba en la parte baja del barrio, junto a la primitiva puerta de Mérida, a orillas del arroyo Rivillas. Una vez retranqueada la muralla, se trasladaría a un terreno situado entre la torre de Espantaperros y la nueva puerta de Mérida. Estuvo en funcionamiento hasta que se construyó uno más moderno junto al convento de Santo Domingo, en la llamada Huerta de Tovar. El matadero que estaba junto a la puerta de Mérida pertenecía hasta 1856 a Juan Nepomuceno Ahumada Pineda, un teniente retirado del Ejército, natural de Estepona, viudo de Teresa González Orduña. Murieron sin descendencia y sus propiedades pasaron a sus siete sobrinos. El matadero lo heredó María Concepción Ahumada Arias, natural de Marbella, y fue tasado por el arquitecto municipal Francisco Morales Hernández en 26.338 reales y estaba en mal estado de conservación.
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