Opinión | Cotidianidades
Un sábado de lluvia
No creo que ahora la clínica Quirón le conceda al primer atleta que pase una cita gratis, una vacuna de la gripe o una consulta con el especialista

La lluvia cubre el cristal del parabrisas del coche y desdibuja el paisaje. / D. A.
Llueve, hace viento, me asomo a la ventana sin salir al balcón, las macetas aguantan el temporal, el toldo también, el semáforo sigue igual que siempre, va a su bola, ahora verde, luego naranja y después rojo, esta vez se bambolea, igual hace la farola que parece que se va a caer pero no se cae, se dobla pero no se rompe y sigue dando luz. Un paraguas negro vuela por la acera. Silva el viento, el agua cae, los peatones desaparecen, los coches casi que también y los pocos automóviles que circulan por la autovía lo hacen lentamente, con cuidado, más bien con miedo, es Claudia. El temporal Claudia nos obliga a estar en casa.
Ya son demasiadas cosas las que nos fuerzan a estar en casa, no solamente es la edad que cada vez tiene uno menos ganas de salir en invierno, noches que apetece más un caldito caliente al calor del brasero que un gin tonic con hielo sentado en la banqueta de un bar, además en casa también se puede ligar por internet, porque los precios de los bares son cada vez más altos y los sueldos más cortos y los ligues más escasos, casi nulos. Es difícil entender eso de que la macroeconomía en España va como una moto, el estado recauda cada vez más y la gente tiene cada vez menos, pagamos impuestos nuevos como el basurazo, otra especie de impuesto camuflado es la obligación de llevar en el coche la baliza V16, como años atrás obligaron a todos los conductores a comprar el chaleco antirreflectante, ¿cuántos coches hay en España? Alguien se beneficiará con esas ventas.
Mientras más nos aprietan aumenta el número de personas que tienen que comer en comedores sociales, muchos de los que están trabajando no llegan a final de mes, no hay relación entre sueldo y precios.
Llueve. España juega al fútbol. España casi siempre gana y por ello nos sentimos eufóricos. España va bien, nosotros regular.
En la calle llueve, en la televisión hablan de Encarnita Polo, de su trágica muerte y de su canción más conocida ‘Paco Paco Paco’. Ha sido el aniversario de otro Paco el 20 de noviembre, después de cincuenta años de su muerte muchos lo siguen manteniendo vivo.
En todas las emisoras de radio suena Rosalía y se habla de la vuelta y el descubrimiento de jóvenes a la religión y al misticismo, hasta un ateo como Javier Cercas escribe sobre religión en su último libro en el que narra el viaje junto al Papa Francisco a Mongolia, incluso en El Faro hay un altar con una talla de la Virgen María que luce vestida de luto en el interior de un escaparate.
Llueve afuera. Trump sigue haciendo méritos para ganar el premio Nobel de la paz amenazando a Venezuela con una guerra, acobardando a Maduro, nunca se sabe por dónde va a salir o qué ocurrencia nueva tendrá. No sabemos cómo negociará con la academia Sueca el premio o quizás el próximo año se olvide de ello y tenga otro capricho nuevo.
Llueve, hace frío y viento, el hombre del tiempo anuncia más frío, la campaña electoral parece que ya ha empezado. Las campañas electorales actuales no consisten en convencer a los votantes con discursos brillantes o programas electorales bien elaborados, ahora los buenos oradores son los que tienen más capacidad de insultar, o insultar con más ingenio, Rufián es uno de los políticos más valorados. En la televisión veo un programa sobre Adolfo Suárez y la transición y los políticos de otros tiempos, luego uno vuelve a los actuales y lo máximo que espera de las elecciones es no salir elegido como miembro de una mesa electoral.
Llueve fuera de casa y en las imágenes del tiempo que salen en la televisión llueve más fuerte, se ven las zonas del norte de Cáceres, ríos que van a tope de agua, la fuerza del caudal arrastra la ceniza de los incendios del último verano y la gente tiene que beber agua embotellada.
El sábado llovió e hizo viento aunque al día siguiente estaba despejado. Salí a la calle y me encontré con calles cortadas al tráfico, no me acordaba de que se corría la media maratón Elvas-Badajoz. Recuerdo cuando yo participaba, aquellos años que no éramos tantos los corredores, ahora como no estés atento se agotan los dorsales, para participar tienes que correr más a la hora de la inscripción que en la carrera. Me paro para ver pasar a los participantes, veo a los de la cola, a los últimos. Los veo a la altura de donde estaba antes la Coca cola y que ahora hay un hospital privado en construcción. Cuando yo participaba al primero que pasaba por la fábrica de Coca cola le daban un premio económico, no creo que ahora la clínica Quirón le conceda al primer atleta que pase, una cita gratis, una vacuna de la gripe o una consulta con el especialista para más adelante y poder tratar las lesiones propias de corredores: meniscos rotos, fascitis plantar, espolones, tendinitis y cosas de esas que salen por el sobreesfuerzo. Quizás hagan a los corredores una rebaja por hacerse socio y estar sanos, sin enfermedades, porque las clínicas privadas que están diseñadas para curar enfermos prefieren que sus asegurados sean personas sanas antes que a las que están tocadas, las enfermas que vayan un poco más abajo, al Universitario.
Como siempre que veo la maratón me sorprende la gente corriendo que no imaginaba que corría. No voy a dar nombres. Este grupo del final van a paso lento, llevan unos cuantos kilómetros y les quedan todavía bastantes. Los hay que se paran, que continúan andando, aquí la mente es tan importante como la preparación física.
La carrera la ganó otra vez Jorge González Rivera, para mí el hijo de Vito y Teresa.
Subo a mi coche, la carretera está cortada, me meto en la autopista y me desvío por la primera salida, la de Campomayor. Llego a la altura de los Colorines, el tiempo que hacía que no pasaba, reduzco la velocidad para ver el barrio desde la distancia, siempre me ha llamado la atención, un día tengo que entrar y quizás lo escriba en estas páginas aunque hoy no es el día apropiado.
El día que escribí este artículo llovía, hoy que lo envío al periódico está despejado. Este es un texto que sale de la lluvia, del viento y del frío. Un artículo de brasero, libro, radio y televisión, aunque cuando usted lo lea puede que haga un día soleado y lo escrito se vea menos oscuro y tenga un poco más de luz.
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