Opinión | Fragmentos de Badajoz
El ancla de Santa Marina está mal colocada
Don Tomás Ordóñez Mateo natural de Badajoz y entonces vicepresidente de la Liga Naval, se la trajo a nuestra ciudad. Tenía la idea de colocarla cerca de la puerta de Palmas y en posición vertical, no en la ubicación actual

El ancla, tal y como debería haber sido colocada. / P. C.
El barrio de Santa Marina se llamó así por una ermita dedicada a ella que hubo en la zona de la actual avenida de Huelva. La advocación se debe a una santa que se hizo pasar por monje, huérfana de madre y luego de padre, llamada también Marina del Líbano, obligada a cuidar de un recién nacido que no era suyo. La Iglesia católica celebra su fiesta el 18 de junio. Ya en 1583, el santero de la ermita de Badajoz solía criar a un niño o niña huérfanos como tradición, pidiendo limosna al cabildo catedralicio: «los dichos señores mandaron que se le dé la limosna de este cabildo al santero de Santa Marina para criar la niña y que se llame para el primer día de cabildo para si se dará la limosna al dicho santero».
El barrio de Santa Marina está íntimamente ligado al de Pardaleras. En 1616 se hacía una venta por el lanero Cristóbal Hernández a Antonio Martínez Dorta de «40 fanegadas de tierra de trigo en sembradura que yo tengo junto a los muros de esta ciudad, al sitio que dicen de las tierras de las Pardaleras de Santa Marina». El origen del nombre de Pardaleras no está claro del todo. Puede ser porque allí abundaba el gorrión común, llamado pardal, aunque me inclino más por el color pardo de esas tierras.
La zona de la ermita era conocida en 1643 como Las Arenas. Aparece en un reconocimiento de censo por el agricultor Domingo Pérez: «posee una viña, término de esta ciudad, al sitio de Las Arenas, junto a la ermita de Santa Marina, que de presente no tiene cepas y es tierra de labor». La zona de Santa Marina era muy amplia y ocupaba parte del polígono Santa Marina, luego de la Paz, de ahí que el colegio Santa Marina esté en este barrio. En 1652 el sastre Simón Moreno Polo vendía al presbítero y capellán del coro de la catedral Pedro González Delgado unas tierras en la zona conocida como la Cruz de Don Diego, que debía extenderse hacia Valdepasillas. Se cita como «un cercado de 12.000 cepas de viña, poco más o menos, vallado, al sitio de la Cruz de Don Diego y Santa Marina, enfrente de la huerta que dicen del Palomar, linde con tierras que fue olivar de Lope de Mesa, zapatero, por hacia la Granadilla y camino que va de esta ciudad por la puerta de Santa Marina al vado del Moro». El escultor e ingeniero Miguel Sánchez Taramas compró unas viñas en Valdepasillas en 1719. Estaban situadas junto al camino de la Cruz de Don Diego, que lindaban por la parte que miraba hacia Olivenza «con el camino real que va de esta ciudad a dicho arrabal de Telena y a La Corchuela, y es el camino que llaman de la Cruz de Don Diego». La mencionada huerta del Palomar, que fue del convento de Santa Ana, estuvo entre los puentes de la Universidad y Real.
El sacerdote Tirso Lozano Rubio citaba que «el convento de agustinos fue fundando en tiempos de Fernando IV, extramuros, en Santa Engracia. Después, a la extinción de la Orden del Temple (1311), pasaron a ocupar el local de los templarios, también extramuros, frente a la puerta de Santa Marina, por espacio de 131 años (la iglesia de Santa Marina fue derribada en 1658, cuando el sitio de la ciudad por los portugueses, por estar muy cerca de la muralla), trasladándose dentro de la ciudad, a la iglesia de San Lorenzo, cedida por el obispo don Juan de Morales por los años de 1430». Iba muy bien encaminado, pues en el cabildo catedralicio del 21 de marzo de 1658 se cita lo siguiente: «Este día propuso el señor don Francisco de Espinosa al mayordomo de la fábrica de esta Santa Iglesia, que el señor obispo le ha dicho se tome para la fábrica la teja y madera de la ermita de Santa Marina, que se ha de derribar por las fortificaciones que se hacen, con obligación de devolver lo que importare en caso de que se vuelva a edificar la dicha ermita». Nunca se reconstruyó, su lugar lo ocupaban los terrenos de alrededor de los fosos de la nueva muralla abaluartada y no era seguro, como pasó con la ermita de San Roque. En 1701 se arrendaban por 140 reales unas tierras al harinero Antonio Dorado. Lo hacía el canónigo de la catedral Juan Martínez Abad, tras estar ausente Antonio Bernardo de Vergara y Villafuerte, residente en Madrid, «beneficiado de la iglesia que antiguamente fue de Santa Marina (…) unas tierras que a dicho beneficio pertenecen, cerca de esta ciudad, al sitio de Las Pardaleras, que están divididas en dos suertes. Y una y otra hacen 14 fanegadas en sembradura, linda la una con caminos que van de esta ciudad a Valverde y el pozo que llaman de Santa Marina. Y la otra linda con dicho camino del pozo. Y ambas dos, por lo largo, con la entrada encubierta de esta plaza». Ese mismo año se daban a censo otras tierras al sitio de Las Pardaleras, del citado beneficio de Santa Marina, a favor de Francisco Ruano. Se cita que al mencionado Antonio Bernardo de Vergara le pertenecían dos suertes de tierra que hacían cinco fanegas en sembradura (medida de superficie de la época), situadas a la entrada de la ciudad «donde estaba la ermita de Santa Marina».
Era lógico que el pozo de Santa Marina estuviera junto a la ermita o en la misma zona. En 1717 se realizaba la venta de una tierra del labrador Antonio Guzmán a Francisco Rodríguez «al sitio del pozo de Santa Marina y linda con el camino que sale de la puerta del Pilar que atraviesa el cercado de los padres». Una escritura de 1743 cita la venta de una tierra a La Pardalera. Miguel Martín y su mujer tenían una suerte de tierra «que está al sitio que disen de La Pardalera, hasia abajo, mirando hasia Rivillas, que linde con el camino que va a Valverde». En el plano de João Nunes Tinoco de 1658 aparecen las fortificaciones de tierra que hicieron los portugueses que sitiaron la ciudad durante cuatro meses. Con la letra «Z», aparece el «Outeiro de Santa Marinha», en español, colina de Santa Marina, donde más tarde se construiría el fuerte de Pardaleras, que hoy ocupa el Meiac.

Plano deBernabé Gainza Allafor, 1658. En el círculo, la ermita de Santa Marina. / P. C.
La zona llamada Pardaleras o Encomiendilla era el entorno del colegio Maristas. En 1842 se vende una tierra de 4 fanegas en esta zona por Gabriel Suárez y su mujer, Manuela Cordero, a Félix Lopo, futuro alcalde de Badajoz, por 11.000 reales. Ellos citaban que «poseen en este término y sitio de Pardaleras o Encomiendilla una suerte de tierra de cabida de 4 fanegas en sembradura, que linda por naciente con otra que fue de don Francisco Cordero y en el día pertenece a don Félix Lopo, por levante y norte con otras tierras de don Juan Pastor y por poniente con camino que de esta ciudad se dirige a la villa de Valverde de Leganés». A Manuel Cordero, padre de Manuela, le pertenecían desde 1809 como parte de las 36 suertes (porciones) en que se dividió la Encomienda de Casas de Calatrava, de ahí lo de Encomiendilla. Era de los bienes confiscados a Manuel Godoy. La Encomienda fue vendida en 1806 a Godoy por 2.409.335 reales. El historiador Dionisio Martín Nieto cita unas tierras en el siglo XV en «Calatravejita, cerca del cerro del Viento», que deben corresponder a las de 1842. Calatravejita es un diminutivo de Calatrava, a cuya orden militar pertenecían las tierras, seguramente desde el siglo XIII.
Otra zona curiosa del barrio de Santa Marina fueron las tierras que pertenecieron hasta 1838, antes de ser desamortizadas, a las monjas trinitarias del convento de los Remedios en el llamado ‘Pozo de Santa Marina o camino de Olivenza’. En ese terreno se construyeron los chalets del Instituto Nacional de Previsión sobre 1961. Están frente a la iglesia de San José, templo que se llamaría de Santa Marina y se iba a construir al final de la avenida de Colón, frente al Banco de España. Carlos Márquez y Florencio Sánchez Rastrollo, albaceas de Francisco Gómez Membrillera, venden esa finca en 1852 a Federico Bureo por 620 reales: «linda por el norte con el expresado camino de Olivenza, que también llaman Malos Caminos, por oriente y medio día con el camino del Pozo de la Escalera, o sea, del Campo Santo, por poniente con camino que atraviesa desde el citado de Olivenza al del Campo Santo, hallándose dicha tierra aislada entre los tres caminos y formando un triángulo». El camino del Pozo de la Escalera o Campo Santo es ahora la carretera del cementerio viejo, que atraviesa la barriada de Llera y continúa hasta la cañada real de Sancha Brava. Malos Caminos es la actual calle Isabel de Aguilar, continuaba por la ahora avenida Godofredo Ortega Muñoz hasta Olivenza por La Granadilla.
El ancla de la plaza de Conquistadores, símbolo del barrio de Santa Marina, fue colocada en 1978. Pesa 5.800 kilos y perteneció a un navío del siglo XIX. Se trajo desde Ferrol (La Coruña) y fue una donación de la Real Liga Naval Española a la ciudad como homenaje a los conquistadores extremeños que descubrieron el Nuevo Mundo. En un principio se iba a colocar en la plaza del Callao de Madrid, pero se descartó. Gracias a don Tomás Ordóñez Mateo, natural de Badajoz y entonces vicepresidente de la Liga Naval, se trajo a nuestra ciudad. Él tenía la idea de colocarla cerca de la puerta de Palmas y en posición vertical, no en la ubicación actual y en horizontal. Sí podría colocarse en vertical y se luciría mucho más. Creo se le debería dedicar una calle a don Tomás Ordóñez Mateo, fallecido en 1979, pues gracias a él nos llegó el ancla. Al parecer, el ancla estuvo en el Parque de Ingenieros hasta su colocación.
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