Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | A mesa puesta

Badajoz

Cervecería con J: una manera de entender la cerveza

Con Jota nació como un homenaje íntimo a dos ausencias recientes. Esa carga afectiva, discreta pero profunda, sostiene buena parte de la identidad del proyecto y da sentido a su nombre

La precisión metódica de David tras la barra se suma a la creatividad intuitiva Sheila en la cocina.

La precisión metódica de David tras la barra se suma a la creatividad intuitiva Sheila en la cocina. / P. G.

En la calle Felipe Checa número 2, una de esas arterias que oxigenan el Casco Antiguo de Badajoz, hay un local que hoy concentra miradas, apetitos y conversaciones. Se llama Cervecería con Jota, donde sus orígenes cuentan otra historia. El 21 de diciembre de 2012 abrió allí un proyecto completamente distinto: Nuevo Callejón de la Plazuela, un local joven, de platos generosos y cerveza barata, pensado para quienes buscaban llenar el estómago sin demasiada ceremonia. Ese primer capítulo fue, sin saberlo, el germen de una transformación profunda que cambiaría no solo el rumbo del negocio, sino también la manera en que David Tena y Sheila Griñón entendían su oficio.

El punto de inflexión llegó en junio de 2014, aunque el instante exacto puede contarse con detalle. Fue un sábado de Al-Mossassa, cuando la ciudad mezcla fiesta, mercado y olor a especias. David y Sheila descendían por El Campillo hacia San Roque, un camino que conocen de memoria, cuando una pausa improvisada detrás de un coche sirvió para pronunciar una frase que marcaría el futuro: «lo que quiero es una cervecería de importación». Aquella ocurrencia -mitad revelación, mitad broma- activó un cambio de rumbo. Meses después, en octubre, instalaron sus primeros grifos propios y celebraron una Oktoberfest doméstica que marcó el inicio real de la nueva etapa.

El nombre también cambió, y lo hizo con más peso del que muchos imaginan. Con Jota nació como un homenaje íntimo a dos ausencias recientes: José Luis, padre de David, y Josefa, madre de Sheila. Fallecieron con muy poca distancia de tiempo entre ellos, un golpe doble que la pareja transformó en impulso emocional y en una forma de mantenerlos presentes. La “J” que ambos compartían quedó para siempre en el rótulo del local, como un recordatorio diario de aquello que les precedió y les acompaña. Esa carga afectiva, discreta pero profunda, sostiene buena parte de la identidad del proyecto y da sentido a su nombre.

El pilar del proyecto es la cerveza. En sus neveras pasan cada año alrededor de 500 referencias distintas, y por sus grifos rotan unos 80 barriles diferentes, una cifra extraordinaria para una ciudad del tamaño de Badajoz. Ese nivel de rotación habla de criterio y también de pasión. David ha convertido el tiraje en un oficio de precisión casi quirúrgica. No es casual que en 2017 se proclamara campeón de tiraje de Extremadura, que en 2018 conquistara el título de campeón internacional y que en 2021 se alzara como campeón de campeones -y de España- en una competición que reúne a los mejores tiradores del país. Su forma de servir una caña es un ritual: espuma justa, caída limpia, temperatura medida al milímetro. La gente lo observa, muchas veces en silencio, como quien contempla un gesto aprendido tras cientos de horas de dedicación. Ese nivel de cuidado ha traspasado fronteras locales. Cervecería con Jota ha aparecido en El País dentro de la selección de ‘diez cervecerías en las que se come muy bien’ y también en listados que la señalan entre los mejores bares de cañas de España, destacando precisamente la calidad del tiraje. Para muchos pacenses, estas menciones solo ponen nombre a lo que ya sabían: que en Felipe Checa se bebe una de las mejores cervezas del país, y que el mérito no es fruto de la suerte, sino de una constancia que se palpa en cada servicio.

Mientras el rótulo encontraba su sitio, la cocina emprendía su propia evolución. Lo que empezó siendo una propuesta basada en brasas y sartén fue creciendo hacia una cocina más técnica, más reflexiva y más personal. Sheila, completamente autodidacta, ha desarrollado una sensibilidad culinaria que combina respeto por el producto, curiosidad constante y una comprensión instintiva del ritmo del fuego lento. La baja temperatura se convirtió en su gran aliada: así nacieron la pluma ibérica cocinada con paciencia, la ensaladilla de pulpo braseado, el brioche chili dog y la carrillera estofada con cerveza tostada belga. Junto a ellos conviven platos veganos y opciones sin gluten, integradas no por moda, sino desde una convicción hospitalaria que define su forma de cocinar. La carta no se acomoda. Cambia, rota, evoluciona. Los clásicos siguen como base, pero la curiosidad de Sheila empuja hacia nuevas combinaciones, nuevas texturas y nuevos maridajes. La cocina se ha vuelto más madura, sin perder la frescura de quien aún disfruta explorando. Y todo esto ocurre en un local que respira barrio: la piedra antigua, el eco de las terrazas cercanas, el paso continuo de vecinos, turistas y estudiantes que cruzan Felipe Checa a lo largo del día.

El ambiente del local tiene algo magnético. Mesas que mezclan generaciones, charlas que se alargan, turistas que descubren la carta con sorpresa, vecinos que repiten plato semana tras semana y un equipo que sostiene el ritmo sin perder la sonrisa. Hay una calidez que no se improvisa y una profesionalidad que se expresa con naturalidad, sin grandes discursos. Aquí la gente viene a disfrutar, pero también a aprender: muchos clientes descubren cervezas nuevas, estilos diferentes y maridajes que no habían imaginado. Cervecería con Jota es hoy un proyecto maduro, sostenido por dos pilares complementarios: la creatividad intuitiva de Sehila en la cocina y la precisión metódica de David tras la barra. Una historia que confirma, desde el Casco Antiguo de Badajoz, que los grandes relatos gastronómicos también pueden escribirse aquí, a pie de calle y con la verdad de los proyectos que crecen sin prisa, pero con convicción. Un destino que merece contarse, celebrarse y volver a visitarse.

Tracking Pixel Contents