Opinión | La escotilla
Convivencia y tolerancia
Haríamos bien en recordar que, con todos los problemas que conlleva, es posible una sociedad donde diferentes grupos convivan y se toleren mutuamente
Américo Castro, un historiador del siglo pasado, resaltó el hecho de que en la España medieval convivieran (por orden alfabético) cristianos, judíos y musulmanes. Ello le llevó a formular la expresión de la 'España de las tres culturas', en cuanto a tener en cuenta esta diversidad es imprescindible para explicar su pasado y su cultura. En esto último tenía toda la razón, aunque en otros sentidos su obra es hoy muy discutida. En cualquier caso, salieron en tromba a denostarle los sectores tradicionales de la historiografía y de la sociedad española, especialmente esa que considera que sólo se puede ser español si se es Católico, Apostólico y Romano, concretamente de ese sector del catolicismo, y no de otro, dispuesto a organizar novenas por la conversión del Papa de Roma a la verdadera fe. Argumentaron, y argumentan, con razón, que la sociedad de la convivencia y la tolerancia no fue un espacio idílico de amor y compaña; y que si no era idílica, no podía ser convivencia y tolerancia. Nadie ha pretendido jamás que así fuera, ni siquiera las palabras utilizadas lo exigen. Veamos cómo las define el Diccionario de la Real Academia Española. Convivencia: "Acción de convivir". Tolerancia: "Acción y efecto de tolerar", que a su vez se define como "1.- Llevar con paciencia; 2.- Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente; 3.- Resistir, soportar, especialmente un alimento o una medicina: y 4.- Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias". De ninguna manera implican estas palabras armonía idílica, felicidad y buena compaña. Denotan, al contrario, un trasfondo latente de todo lo contrario.
Los datos, los hechos: en toda la Península, durante la Edad Media, hubo comunidades cristianas, judías y musulmanas, tanto en el norte bajo los reinos cristianos como en el sur de los reinos musulmanes, especialmente en los periodos omeya y taifa, que bajo almorávides y almohades la cosa se complicó. Ocupaban el mismo espacio, estaban sujetas a los respectivos poderes políticos, ergo convivían. No se estaban matando entre ellas continuamente, ergo se toleraban. Esto no quiere decir que se gustasen, ni que no se despreciasen mutuamente, pero convivían y se toleraban. Entre otras razones, porque los poderes políticos respectivos imponían un cierto grado de paz social y, como apuntaba el gran hispanista francés Joseph Pérez, ninguna de las comunidades tenía la fuerza suficiente como para aniquilar a las demás. Cuando alguna pudo hacerlo, lo hizo, como en Al-Ándalus cuando en 1126 los almorávides trasladaron forzosamente a los cristianomozárabes de sus territorios al Magreb o los Reyes Católicos expulsaran a los judíos de sus reinos en 1492. El caso es que convivían y se toleraban, y, claro está, interactuaban, a veces muy amigablemente, otras todo lo contrario. Las constantes prohibiciones de matrimonios mixtos evidencia que existieron más allá de lo anecdótico. Las leyes que obligaban en los territorios cristianos a que los judíos y musulmanes llevaran vestimenta diferente y una señal visible de su identidad religiosa demuestran que, al menos externamente, los individuos de cada comunidad eran indistinguibles como tales. Había, sin duda, convivencia, tolerancia e interactuación. Claro está, nunca, en ningún lugar, en pie de igualdad.
Está visto que quienes piensan que la convivencia y la tolerancia son paradisíacas no han pasado siquiera por una cena navideña, por discusiones familiares, por tensiones en los grupos de trabajo o dentro de cualquier grupo social. La convivencia y la tolerancia son acciones difíciles que exigen mucho esfuerzo y mucho cuajo, hay que trabajarlas para que funcionen.
En este sentido, haríamos bien en recordar que, con todos los problemas que conlleva, es posible una sociedad donde diferentes grupos convivan y se toleren mutuamente. La Edad Media peninsular así lo demuestra. También, que no es fácil y que puede irse al traste a poco que los poderes públicos se descuiden o hagan demasiado caso de solo uno de los sectores que componen la sociedad. Hoy, con una sociedad mucho más diversa que la medieval, con muchas más religiones y formas de entender el universo dentro de una misma sociedad, tenemos la posibilidad de revalidar esa posibilidad.
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