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Opinión | Disidencias

Periodista

Lucecita

En tiempos de redes sociales, inteligencia artificial y pantallas, hablamos de la viralidad

Sergio Bolaños, un creador de contenidos, principalmente gastronómicos, especialmente de goloseo, conocido como Peldanyos, 924.000 seguidores en Instagram y 3,7 millones en TikTok le contemplan, ha vuelto a enardecer a las masas, aunque esta vez no por sus turrones o los productos de Mercadona, de los que es casi adicto. Ni siquiera por su original calendario de Adviento dedicado a las autonomías españolas, un peculiar bombón por cada una de ellas (el de Extremadura ha sido de migas con chorizo). El tío, en un viaje culinario a Nueva York, se ha encontrado en una marquesina una publicidad dinámica con el mensaje “Christmas in Vigo unique in the world”. Y, obviamente, su vídeo se ha hecho viral, algo que han recogido una buena mayoría de medios en España y que ha sido, fundamentalmente para los vigueses, motivo de regocijo. Yo me encontré una vez en un canal de noticias en un ascensor del Waldof Astoria en NY una referencia a los carnavales de Badajoz y casi me caigo muerto.

El caso es que el alumbrado navideño de algunas ciudades de España posee una extraña mezcla entre fascinación, extravagancia, crítica y belleza. Hay quienes no creen en nada que huela a navideño, hay quienes no creen en los excesos, sean luces o sean euros, hay quienes ven demasiado protagonismo, hay quienes piensan que todo eso distrae y desvía al personal del verdadero sentido de la festividad y hay, pienso que son la mayoría, a quienes les da igual todo lo anterior o no, pero disfrutan de la cosa, les gusta, y lo echan de menos, si mengua o desaparece. Confieso que lo de Vigo, en sus inicios, me pareció controvertido, pero, al día de hoy, igual está resultando beneficioso. Si fuese por los datos electorales de su alcalde, diría que sí.

El epígono de Vigo es Málaga o, al revés, porque esto es como lo del huevo y la gallina y, además, hay matices de por medio. Pero son dos ciudades, en lo que se refiere al alumbrado navideño (en otras cosas, también, pero estamos a lo que estamos), con grandes dosis de sorpresa, ingenio y espectacularidad. Ambas ciudades son de las más potentes de España, con dos alcaldes, 79 años el de Vigo y 82 el de Málaga, 18 años al mando el primero y 25, el segundo, uno socialista y el otro popular, con una gran formación y trayectoria política, que han demostrado, que siguen demostrando tener una visión desbordante, unas ideas frescas y una actividad extenuante. Con los dos tuve en su momento oportunidad de compartir, lo que se dice ahora, tiempo de calidad, el suficiente para constatar que son dos tipos de los que se puede aprender mucho. No entraremos en comparativas de presupuestos y millones de luces LED, solo redundar en que Málaga ofrece una iluminación donde destacan los espectáculos diarios de la calle Larios y en Vigo sobresalen tanto el árbol XXL de 45 metros de altura y las 460 calles iluminadas con más de siete mil motivos diferentes.

Dicho lo anterior, volvamos a Peldanyos, o sea, al marketing, a la publicidad. Vigo ha creado 820 mupis promocionales, 629 en España, 142 en Portugal, 15 en París, 10 en Roma, igual que en Nueva York y 14 en la ciudad japonesa de Kawasaki. ¿Qué relación tiene Vigo con una ciudad a diez mil kilómetros de distancia? ¿Tanto interés tienen los japoneses y los de esa ciudad en concreto? ¿Cuántos del millón y medio de habitantes de Kawasaki verán los 14 mupis y cuántos de esos irán a Vigo? Se trata de otra cosa: del impacto, el ruido, la sacudida, el asombro, el deslumbramiento, la sorpresa, la impresión y la emoción. O sea, en tiempos de redes sociales, inteligencia artificial y pantallas, hablamos de la viralidad.

La que da un influencer con millones de seguidores publicando en su perfil un vídeo con el mensaje o la que proporcionan medios y redes hablando sobre lo de Kawasaki, que no es tan importante allí como que hablemos aquí de que se está promocionando en Japón una historia que realmente queremos vender en España, en Galicia y, sobre todo, en Vigo. La misma viralidad que tampoco desdeña para su día a día municipal el alcalde malagueño con una más que jovial, persistente y canónica presencia en redes sociales. Los dos se han adaptado perfectamente, a pesar de su edad, a un mundo que creíamos dominado por generaciones más jóvenes.

Mientras tanto, volviendo a las luces, hay gente, en otras ciudades, los más cafeteros, que siempre ven menos luces que las que quisieran y, como en el inicio de aquel serial radiofónico de los primeros años setenta -que mi madre oía puntualmente a las cuatro de la tarde-, van por la calle con el gesto torcido exclamando lucecita, lucecita, lucecita, sin apreciar que, como en el serial, lo importante no es el format, sino el mensaje, la historia, el espíritu. Y eso es así, se enciendan o no, haya pocas o muchas luces de Navidad, aunque, en Badajoz, este año, San Juan, San Francisco y algunas calles, han quedado mucho mejor de lo esperado y las innovaciones han resultado exitosas. Estas cosas pasan -o solo podemos apreciarlas-cuando aceptamos que la magia no consiste en la complejidad del truco, sino en la capacidad para emocionarnos. Y ya si nos hacemos virales, nos coronamos.

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