Opinión | Fragmentos de Badajoz
La supuesta ermita de San Roque
El edificio no es de gran valor arquitectónico, pero sí histórico, pues pudo ser un oratorio o humilladero en el siglo XVIII. Como dato inédito, puedo añadir que el nombre de la huerta deriva de un arrendatario del siglo XVII, de apellido Tinoco y de su hija, la Tinoca

Casafuerte de la huerta de Tinoco, en el año 2000. / Juan José Benítez
La casafuerte de la huerta de Tinoco está situada en una rotonda de la avenida Manuel Rojas, antes camino de los Lagares. Probablemente, fue construida en el siglo XVIII y la finca era propiedad desde hacía varios siglos de la familia de Dolores Moscoso de la Rocha Calderón Alvarado Ulloa, hija única y heredera del licenciado José Moscoso Alvarado y Ulloa y de María Luisa de la Rocha Calderón del Monte.
Dolores estuvo casada con el abogado, diputado a Cortes y ministro togado de la Audiencia Nacional Laureano María Muñoz León. Eran vecinos de la zona de San Martiño de Oca en el municipio de Coristanco (La Coruña) a mediados del siglo XIX. Este edificio no fue la ermita de San Roque, como se especulaba por algunos autores, pues la verdadera ermita estuvo detrás del revellín, ya desaparecida. El santo se encuentra hoy en la parroquia de San Andrés.
De esta capilla de la rotonda desconozco su advocación, si es que la tuvo alguna vez. Está construida en ladrillo macizo, lucida con mortero de arena y cal y con algunos esgrafiados que imitan sillares, que más tarde fue encalada. En su interior destaca una cúpula de media naranja sobre cuatro pechinas. Recuerda bastante a la capilla superior de la ermita de Pajaritos, que podrían ser de la misma época. Todas las dependencias exteriores fueron derribadas a partir del año 2000, eliminando los muros de bloques de tapial que cerraban el recinto, destacando las de los establos, con aspilleras y esgrafiados que imitaban el ladrillo rojo y falsa cantería. Esas aspilleras indicarían que tuvo un uso defensivo. En la fachada que mira hacia Talavera se aprecia una ventana de ojo de buey y una puerta, ambas cegadas. Se salvó de ser derribada, gracias a las protestas de vecinos, Amigos de Badajoz y el párroco de San Roque. Fue rehabilitada por el ayuntamiento y concluida a principios de 2010, aunque ya tiene bastantes desperfectos en los enlucidos.

La construcción, tras su rehabilitación. / P. C.
El edificio no es de gran valor arquitectónico, pero sí histórico, pues pudo ser un oratorio o humilladero en el siglo XVIII. Como dato inédito, puedo añadir que el nombre de la huerta deriva de un arrendatario del siglo XVII, de apellido Tinoco y de su hija, la Tinoca. En otra ocasión explicaré quiénes eran. No creo que hubiera sido antes un morabito o sinagoga reconvertida, porque hubieran aparecido restos durante su rehabilitación. Genealogistas citan que Tinoco es un apellido de origen francés, que pasó después a Fregenal de la Sierra, desde donde se extendió al resto de la península. Es posible, pues en un plano de 1705 del ingeniero francés Pennier, ya figura el edificio y lo llama ‘Tinoque’. Es raro que en las escrituras que tenía la familia no apareciese que era una capilla. Estaba junto a un camino muy transitado en su época con un puente que cruzaba el Rivillas, rodeada de las huertas más fértiles de la ciudad, algunas de familias nobles, hornos y molinos harineros, incluso cerca de la desaparecida picota. No estaba en el interior de una simple finca agraria como otras de la zona de la vega baja y alta. Incluso se han hallado restos prehistóricos y romanos en la zona.
Julián García de la Peña y su mujer, María de las Mercedes de la Torre Cuesta, vendían en 1865 una huerta a Ramón Sarró Vidal «en el Campo de San Roque y sitio de la Vega Baja de Mérida, que en lo antiguo estuvo unida a la huerta que llamaban de la Regadera, que se halla situada frente al casarón arruinado de la huerta nombrada del Tinoco». Quizá se arruinase tras la Guerra de la Independencia. En 1866 se hacía un reconocimiento de un censo de la huerta a favor de Juan Bautista de Queralt y Silva, conde de Santa Coloma y de Cifuentes, marqués de Gramosa, quien hizo testamento cerrado en 1863. Se abrió después de su muerte, en 1864. En una de sus cláusulas pidió que se realizase la partición de bienes. Buscaron a una persona de confianza para que averiguase las fincas y censos que pertenecían a los marqueses. Esta persona fue Carlos Márquez, que pide a Laureano María Muñoz, marido de Dolores Moscoso, que aceptase el reconocimiento de un censo de 29 reales anuales perteneciente a los mayorazgos del marquesado de Gramosa. Igualmente, pedía que aceptasen otro censo de 15 reales de réditos anuales «impuestos ambos sobre una tierra de labor que antes fue huerta, nombrada de la Tinoca, propia en la actualidad de don Laureano María Muñoz». Se citaba que a Dolores Moscoso «le pertenece en propiedad una huerta llamada del Tinoco, al sitio de la Vega Baja de Mérida, de este término, de cabida de cinco fanegas de tierra en sembradura, plantada de diferentes árboles frutales con casa, pozo, alberca y otra casa de construcción antigua y aspecto fuerte; cuyo predio rural linda actualmente al oriente con tierra de labor de la misma señora doña Dolores, al medio día con otras del marqués de Hinojosa y de don Manuel Segura, al poniente con el Campo de San Roque, y al norte con el camino de los Lagares, junto al cual está edificada la dicha casa fuerte y cuya finca está inscrita a nombre de la indicada doña Dolores Moscoso de la Rocha Calderón Alvarado y Ulloa en el Registro de la Propiedad de este partido».
Se citaba que la finca «han venido disfrutando [desde] hace siglos todos los poseedores causantes de dicha señora, como la misma hasta hoy. Pero hace algunos meses, el señor don Carlos Márquez, a nombre del excelentísimo señor marqués de Gramosa, hoy conde de Santa Coloma, de quien es apoderado, reclamó particularmente dos censos de 29 reales y 14 maravedíes uno; y de 15 reales otro, anuales». Para evitar un costoso pleito, acordaron amistosamente hacer una nueva escritura y que, en adelante, solo se reconocería sobre la finca el primer censo. Esto sería desde el año 1865 y en concepto de atrasos se pagarían al marqués de Gramosa 800 reales. Se haría una anotación en la inscripción hipotecaria de la finca, pues había sido inscrita en el registro como libre de censo.
Parte de la finca fue polvorín militar. El dato aparece en un acuerdo municipal del 25 de septiembre de 1865: «Se leyó un oficio del señor gobernador de la provincia autorizando a la corporación para que concediese permiso a Antonio Barreros para establecer un depósito de pólvora en la huerta de Tinoco». El ayuntamiento se lo concede y esto explicaría los muros con aspilleras que tuvo el recinto ya de uso militar. Quizá en esa fecha se le añadiese la escalera de subida a la cúpula para utilizarla como atalaya de observación. En un plano del Ejército de 1871 aparece como «convento arruinado», pensando que por tener una capilla fue un convento, dato que nunca se ha podido demostrar.
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