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Opinión | Cotidianidades

Badajoz

El artículo vacío

Desconozco la forma de relacionarse en una barra, nunca he sido habilidoso para eso, y no por falta de ganas, sino por falta de recursos dialécticos y gestuales, que es una de las lacras de los tímidos

Un sillón vacío en medio de la nada.

Un sillón vacío en medio de la nada. / D. A.

Salgo a la calle con las manos en los bolsillos y los bolsillos vacíos no solo de dinero, también de ideas. Algunas veces uno se queda en blanco delante de la pantalla del ordenador. En estas situaciones echo de menos estar en una mesa del restaurante Mayga de Gévora, que es donde se me ocurren muchas de las ideas para estas Cotidianidades.

El día en el que me pongo a escribir este texto, aunque usted lo lea en viernes, es martes. Un martes en el que todavía no hemos celebrado la comida de Navidad entre los compañeros de trabajo que está programada para el miércoles. Una comida en la que tenía puesto el ojo para crear esta columna. Una comida que mencioné en el artículo anterior porque creo que pueden surgir asuntos que encajen en esta crónica de entretenimiento y no es porque vaya a escribir de los compañeros del Centro de Salud, por bien que me caigan, y lo interesante que pueden ser algunos de ellos, algunas de ellas, ni tampoco escribir sobre la huelga de médicos.

Quería escribir de lo que viene luego, del ambiente en los locales nocturnos actuales, solo conozco los que frecuenté hace unos años, eran otros garitos diferentes, aunque al final siempre son los mismos escenarios y las mismas situaciones, esto no cambia, los que cambiamos somos nosotros.

Los años van pasando y un día desapareces de los circuitos nocturnos que con el tiempo dejan de interesarte por lo poco que te ofrecen y lo mucho que te dan las mañanas limpias y respirables sin olor a tabaco y sin sabor a alcohol. Un día dejas el gin tónic y la música de moda por los palos de senderismo y el sonido de los pájaros al aire libre y ya no hay vuelta atrás. A pesar de eso hoy quiero escribir sobre los locales nocturnos, entrar en uno de ellos. Me he enterado de que el viernes pasado hubo gente que estuvo esperando más de una hora para entrar en alguno de los locales del río y que en La Santa, ese bar de la calle Zurbarán al que yo sigo llamando el Mercantil, estuvo a punto de ser desalojado por exceso de público, al final no lo desalojaron. La policía local controló la entrada para impedir el acceso a más clientes.

Quiero escribir del ocio de la noche, de esos espacios que hoy se cuelan como un intruso en esta página de cotidianidades del buen vivir, del buen comer y del buen amar. Actualmente, en la noche me siento un extraño, un turista, como Abascal en Extremadura según Guardiola. Para mí y probablemente para los que sigan esta página preferimos lugares como El Mayga o las tascas del barrio: el Punto, el Romy, las Palmeras, la Parada, el bar Luis, el Hora 25, y todos los bares diurnos de cañas y vinos acompañados con un aperitivo y donde se pueda hablar y escuchar. Los bares nocturnos son otra cosa, se rigen por otros intereses y otras reglas de comportamiento. El cliente que acude a estos locales tiene otras intenciones, son espacios donde no se puede hablar ni escuchar, tan solo beber, bailar y mirar, ver y que te vean, que te miren y mirar. En estas condiciones yo tengo la capacidad mágica de la invisibilidad sobre todo entre el sexo femenino. Desconozco la forma de relacionarse en una barra, nunca he sido habilidoso para eso, y no por falta de ganas, sino por falta de recursos dialécticos y gestuales, que es una de las lacras de los tímidos. Siempre que se han alejado aburridas de mi lado se me ocurren las cosas más ingeniosas. Cuando ya se han ido pienso, le he podido decir esto o aquello, pero ya es demasiado tarde, es la consecuencia de pensar lento, de ser tan pavo.

Quiero curiosear en una salida nocturna. Lo llamo salida nocturna aunque lo que voy a hacer es un tardeo, no creo que aguante desde mediodía hasta más de las 8 o las 9 de la tarde.

Sé que me estoy adelantando, porque todo esto lo contaré en el próximo artículo después de haber celebrado la comida con mis compañeros, ya veré y ya leerán ustedes el recorrido completo del miércoles. A pesar de que el tiempo en Navidad transcurre tan deprisa que los acontecimientos festivos se suceden uno tras otro, probablemente el relato de esta salida no tenga interés, porque el próximo viernes estaremos a las puertas de celebrar Nochebuena en la calle, no la de la cena casera, esa que las madres y padres preparan con esmero durante días para que luego los más jóvenes lleguen medio borrachos con más ganas de acostarse que de cenar, por muchos manjares que les pongan en una mesa decorada con el mejor mantel y los mejores productos. Hay que celebrar Nochebuena, Nochevieja, Año Nuevo y Reyes y escribo celebrar cuando para muchos a partir de la segunda fiesta empieza a ser un calvario.

Bueno, a lo que iba, quedo pendiente de escribir sobre la noche porque hoy todavía es el martes que salí con las manos en los bolsillos y los bolsillos vacíos de ideas. Vuelvo a casa como me fui.

Salgo del ascensor, abro la puerta, me pongo la ropa de estar en casa, enciendo las luces del árbol, fuera está lloviendo. Miro a través de la ventana la lluvia, me gusta ver llover, en algunos balcones se ven luces navideñas, colgado de la farola hay un cartel de las elecciones, desde aquí no distingo el candidato/a. Esta mañana he cogido del buzón propaganda de todos los partidos políticos, las tengo encima de la mesa sin abrir, todavía no las he tirado a la bolsa de los papeles para reciclar.

Veo el sobre con la foto de Guardiola, no quiero escribir de esto porque las elecciones son el domingo, así que otro día podremos hablar sobre embellecer una foto femenina para ser votada para presidenta, o de la elección del candidato del PSOE que no sabemos si lo han hecho para ganar o perder, no quiero escribir días antes de las elecciones. Además, yo no escribo nunca de política, como tampoco hablo de ello en las comidas de Navidad.

Hoy es el día del artículo sin escribir, un artículo del ocio nocturno sin haber salido al ocio nocturno y que he dejado para la próxima semana. El artículo de la tarde en el que me quedé en blanco.

De este silencio me rescata el sonido del móvil. Un amigo, Ángel, me manda a diario la palabra del día y su significado. Hoy la palabra es Mayéutico: Método socrático con el que el maestro, mediante preguntas, va haciendo que el discípulo descubra nociones que en él estaban latentes.

Mayéutica también es el título de un disco de Robe Iniesta, ahora que todo el mundo habla y habla bien de Robe del que yo no conocía ni su música ni sus letras. Estos días me he sentido un cateto y un ignorante musical. Soy tan antiguo que me quedé en los cantautores y en el flamenco. Después de estos días que tanto se ha hablado de él, siento curiosidad por escuchar y leer las letras de sus canciones. Dicen que era un poeta, un filósofo, un genio. Ha recibido tantos elogios que algo tendrá el agua cuando la bendicen. Aunque no conozco su obra ni su trayectoria he sentido su muerte, es triste morir con tan solo 63 años cuando todavía queda tanto por decir.

Sigo sin artículo en esta noche en la que ni siquiera la inspiradora lluvia es capaz de removerme las ideas.

No he escrito sobre nada y no sé qué foto poner para este texto sin contenido. Quizás la de un sillón vacío en mitad de la nada.

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