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Opinión | A la intemperie

Abogado

Pactar

Donde se habla de los pactos que ha de alcanzar María Guardiola para gobernar …

Les escribo a media tarde mientras, con el café, me zampo mi último mantecado de las anas. Las anas son monjas de clausura. Viven a una vuelta de torno de mi casa. Alfajores y roscas de vino… Café y villancicos. De Luis Aguilé a María Ostiz. De Bing Crosby a Dean Martin. Tengo para mí que con lluvia el café sabe mejor; no sé el motivo, ni siquiera si lo hay. ¿Quién no le ha cantado al niño que nace? Cada uno con su acento. También en política. Me gustó mucho el tono con que escribió Víctor Píriz sobre los resultados extremeños. “Una victoria que interpela al sistema” titulaba. Me hizo pensar en “los límites del sistema político para dar respuestas eficaces a las preocupaciones reales de los ciudadanos”. Añado yo: aún más allá de los partidos o, si lo prefieren, a pesar de los partidos.

Los llamados a votar están, estamos, entre la militancia y el desprecio. Cada uno con su tono, con su talante. También Ibarra. Cada vez soy más ibarrista. Alguno blasfemará en hebreo, lo que, al fin y al cabo, es también una manera de dar tono a las palabras. Pienso que su propuesta no es descabellada, antes bien al contrario, es la mejor manera de dar algo parecido a “respuestas eficaces a las preocupaciones reales de los ciudadanos”. Creo que su valor le honra. Ese pacto, por ligero que fuera, pondría en solfa al propio Sánchez; sin embargo, en esta hora difícil para los socialistas extremeños, no deja de ser una muestra de talante, de buen talante, más allá de Sánchez. Por supuesto, el socialista César Ramos, seguro servidor de su amo, en su tono agrio de siempre, ya ha gruñido en contra. Ibarra, además de la cordura de los años, parece imbuido de cierto espíritu navideño que aplaudo y comparto. Mantecados, villancicos y… pactos. ¿Acaso no son más las cosas que les unen que las que les separan? ¿Acaso no es el pacto que más extremeños suma? Acaso… solo acaso para algunos.

No llegar a un acuerdo de mínimos condenaría tanto al PP como al PSOE al abandono de los espacios de encuentro, al embrutecimiento del debate y, en consecuencia, al incremento del desapego de los ciudadanos para con el sistema político. Pero como la Navidad dura poco más que mis mantecados me temo que esta flor será flor de un día y que el camino a la presidencia será un calvario para Guardiola. Se enfrenta a una terrible paradoja: haber triunfado en votos habiendo fracasado en escaños. Ella misma se metió en este charco y convendría que lo resolviera sin demasiados aspavientos.

¿Pactar con su izquierda? ¿Por qué no? Y, si no es posible, debería pactar con su derecha. ¿Por qué no? Al fin y al cabo, Vox, además de un competidor, es su único aliado natural. Pactar a pesar de sí misma y de su talante arisco. Sin melindres. Sin remilgos. Al PP los números le urgen a encontrar un modo de normalizar su relación con la otra derecha. A la vista del calendario electoral convendría que lo encontrara cuanto antes, que Extremadura no quedara al margen y, sobre todo, que no vuelva a pasar lo de hace dos años cuando Guardiola le hizo un siete al partido. Es necesario pactar. Sin sofocos. Sin caretas. Guardiola está condenada a pactar por mucho que levante la barbilla al hablar de su triunfo. Pactar a pesar de su talante. Si no lo consigue debería dimitir. Dimitir no porque se le escapara la mayoría absoluta, por supuesto que no, sino por haber sido incapaz de pactar un gobierno estable teniendo mayoría relativa. Por supuesto que sí.

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