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Opinión | Fragmentos de Badajoz

Badajoz

¿Qué fue de la atalaya de la Corchuela?

El 4 abril de 1644, el marqués de Torrecusa, Carlo Andrea Caracciolo, napolitano, que era capitán general del Ejército de Extremadura, expuso al corregidor que era necesario hacer dos atalayas para seguridad de los ganados de la ciudad, para que el rebelde portugués no los robase

Recreación de la torre.

Recreación de la torre. / P. C.

Continuando con el artículo del martes pasado sobre la ermita del Corazón de Jesús, en este abordamos la historia de la atalaya, hoy desparecida, que llevó el nombre de la dehesa sobre la que se construyó la barriada. En algunos planos antiguos aparece nombrada como atalaya de San Gaspar, pero en la documentación que poseo, siglos XVII al XIX, se la cita siempre como de la Corchuela. El 4 abril de 1644, el marqués de Torrecusa, Carlo Andrea Caracciolo, napolitano, que era capitán general del Ejército de Extremadura, expuso al corregidor que era necesario hacer dos atalayas para seguridad de los ganados de la ciudad, para que el rebelde portugués no los robase. El 11 de mayo se propone inspeccionar el arrabal de Telena, para que se fortificase, pues estaba «desmantelado». Se cita también que era conveniente «que luego se haga una atalaya en un cerro que está antes del dicho arrabal, para seguridad de la gente», que sería el de la Corchuela, por su situación estratégica.

El contrato para construir la atalaya se hizo en 1635. No debió llevarse a cabo y se vuelve a contratar en 1645, con algunas variaciones. La obra, tras ser pregonada varias veces, la realizaron el albañil Alonso Hernández Manzano, el Mozo, y Francisco Domingo, ayudante de ingenieros de la artillería del Ejército. Francisco Domingo y Cueva era natural de la pequeña localidad de Blesa (Teruel). Como datos inéditos, aporto que era hijo de los aragoneses Miguel Domingo e Isabel Muñoz. Siendo ya capitán, contrajo matrimonio en Badajoz el 23 de mayo de 1659 con doña Leonor Becerra de Moscoso, hija de don Diego de Moscoso Figueroa y doña Juana de Villena Guzmán. También era desconocido que se casó en segundas nupcias el 28 de agosto de 1678 con doña Mencía Lobo o Mencía de Agama, viuda del capitán Baltasar de Bohórquez. Francisco Domingo y Cueva falleció en Badajoz el 13 de diciembre de 1694. Se enterró de noche en el convento de San Francisco. Francisco Domingo era conocido por realizar varios planos de la ciudad de Badajoz y sus fortificaciones, por lo que debió formarse con algún ingeniero del que fue ayudante. Tuvo una carrera fulgurante, pues en 1668 ya era alférez mayor del consistorio, gracias a su primera mujer.

El 17 de junio de 1645, el maestre de campo Francisco Cornejo, caballero de la Orden de Santiago, corregidor de Badajoz, citaba que, por orden del marqués de Leganés, capitán general del Ejército, se mandaba construir esta atalaya de acuerdo al plano realizado. La atalaya sería una torre cuadrada, con algunas troneras, de 3,66 metros de lado por la parte interior. Estaría construida con tapias de hormigón y tierra mezclada, de tres partes de hormigón y una de cal. La torre tendría dos suelos, uno sobre el terreno y otro en lo alto, sobre una bóveda de ladrillo. La bóveda sería de ladrillo con arcos de arista. Este suelo superior se haría con cuatro vertientes para cuatro caños volados, para verter las aguas. A los cuatro metros y medio de altura la torre tendría una puerta para acceder a ella con una escalera exenta. A unos seis metros de distancia se haría un recinto cuadrado, a modo de barbacana protectora, con una pared de 30,48 centímetros de ancha y 91 de alta, para que en esa misma banqueta se pudieran hacer los pesebres para los caballos. Este recinto exterior tendría una trinchera alta y gruesa, de tierra, dejando un hueco para una puerta para que se pudiera entrar y salir con un caballo grande. Toda la obra correría por cuenta de los contratistas, así como materiales, mano de obra, transporte de tierra, carros, cabalgaduras, peones y oficiales. A los contratistas se le prestarían dieciséis cajas, supongo que era para hacer los bloques de los muros, cinco espiochas (picos), cinco palas y sesenta espuertas, con la obligación de devolverlos. Se pagaría a cada maestro albañil seis reales de sueldo al día y a los peones tres reales, medio real más de lo que se pagaba en las obras de las fortificaciones de la ciudad. El coste total de la obra sería de 12.500 reales, pagando anticipadamente 2.000 reales al comenzar. Después se le irían dando sucesivamente el resto conforme avanzase la obra. A estos trabajadores se les recogería temprano, para salir a las cuatro de la mañana o antes de las cinco. La última condición era que, si el enemigo portugués derribase partes de la obra, la reparación correría por cuenta del rey.

Restos de la atalaya en la actualidad. A la derecha, la cañada de Sancha Brava.

Restos de la atalaya en la actualidad. A la derecha, la cañada de Sancha Brava. / GoogleEart

En 1844 se describe la zona de la atalaya con mayor exactitud. Se hacía escritura de venta a censo reservativo del «rescalvado» de la atalaya de la Corchuela que otorgaba el ayuntamiento a favor de tres vecinos: Francisco Gómez Membrillera, Gabino Tejado y Juan García Minayo. Un rescalvado es una zona sin apenas vegetación, normalmente pedregoso y no útil para sembrar, además de las zonas amplias de las cañadas donde descansaban los ganados. Un censo reservativo es la cesión del dominio útil de una propiedad, reservándose el que hace la cesión el derecho a recibir una pensión anual en concepto de reconocimiento del dominio, en este caso el ayuntamiento. Francisco Gómez Membrillera solicitó al ayuntamiento en 1838 que se le concediese a censo el rescalvado, perteneciente a los propios de la ciudad, es decir, al municipio. Se cita «que se compone de 32 fanegas, de diferentes calidades, el cual da principio en el camino que de esta ciudad se dirige a la plaza de Olivenza y viene lindando en la actualidad por la parte que mira al naciente y norte con viñas, olivares y tierras de varios particulares, hasta tocar con el camino que en el día llaman del Valle de la Mina y Pozo de la Escalera; y por la parte de mediodía y poniente linda con la cañada de Sancha Brava».

Este camino es la actual carretera del cementerio viejo, que atraviesa la barriada de Llera y sube hasta la cañada. Resumiendo, este terreno estaba entre el camino del cementerio, la cañada real de Sancha Brava y el camino de Olivenza, hoy carretera EX-107. Se vende por el canon anual de 165 reales. Gómez Membrillera citaba después «que linda con la dehesa de la Corchuela, con el camino del Pozo de la Escalera, con olivar, tierras y viñas de varios interesados y con el camino real de Olivenza, parte de cuyo terreno está poblado de tomillos y retamas, que lo hacen infructífero». La tasación del terreno se hizo el 4 de septiembre por los peritos Antonio Sanz y Antonio Abad Álvarez. Se realizaron varios pregones y se rematan el 22 de mayo de 1842 en el ayuntamiento. Posteriormente, se realiza la división del terreno. A Gabino Tejado le quedaba una porción de terreno situado a la falda de los cerros y lindaba por oriente con la cúspide de los cerros de la Atalaya. En el terreno de Juan García Minayo se incluía la atalaya, que ya debía estar en ruinas. Este Gabino Tejado debe ser el famoso periodista y escritor badajocense(1819-1891), que posee una calle en el barrio de San Roque.

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