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Opinión | A la intemperie

Abogado

Ver amanecer

Donde se habla de cómo llevo el año nuevo…

Amanecer en la dehesa extremeña.

Amanecer en la dehesa extremeña. / F. V.

Lo mismo da un día que un año. En todo lo que comienza asoma una promesa. Venimos de fábrica con la credulidad de serie. En especial al amanecer. Luego, como todo lo que se enfrenta al tiempo, va decayendo. La credulidad y la esperanza. Entre tanto, creemos. Con los años se me han enfriado los propósitos de tanto traicionarlos. Ya no me propongo nada, o casi nada. Me basta con ver amanecer. Mirar viendo como si fuera la última ronda. ¿Ustedes? Si consiguieron entrar sin atragantarse, si escaparon del incendio, ante sus ojos toda la llanura para cabalgar, todo el año para ver amanecer… ¿Habrá algo más bonito que la dehesa al amanecer?

Todo un año para oír el agua correr, para comprar flores, para comer fruta, para sestear y para, al despertar, reír. Al fin y al cabo, propósitos para antes de que la realidad nos atropelle. No sé si tengo saldo para tanto recibo. A primeros de enero me pasan los seguros. Los del seguro de salud se han dado cuenta de lo viejo que soy y me cobran más. Y los del auto. Tengo auto… y nevera. Toca volver a los tomates con aceite, sal y pimienta. He sido siempre de mucha pimienta. De más pimienta que sal. Toca llenar la nevera. De cuanto tuvo ya solo quedan cuatro yogures desnatados y un bote de anchoas de Santoña. ¿Qué será de Santoña a estas horas? ¿Saben que Napoleón quiso convertir Santoña en el Gibraltar francés? Por aquel peñón, por el Buciero, se anuncian las tormentas. También me queda chorizo de Salamanca. Comienza al año y soy feliz de ver en mi nevera pedacitos de lo que va quedando de España. ¿Habrá algo más rico que un bocata de pan candeal pringadito de chorizo de Guijuelo?

Repaso y siempre hay gente con rotos. Los míos no ladran… Así sea por siempre. Unamuno escribió en la Nochevieja de 1906 un poema en el que presentía su propia muerte; lo escribió en su despacho, en el mismo despacho donde la muerte le sorprendió exactamente treinta años después, el 31 de diciembre de 1936. No vio amanecer 1937… Dijo Unamuno que los campanarios de Badajoz miran hacia el sur… Volveré a Badajoz y a Olivenza y a Coria… a sus dehesas y a sus toros… y volveré a ver como ahora veo con los ojos cerrados. Yo ya no quiero ir a ningún sitio al que no haya ido, solo volver. De chico me quedé en el ¡Volveré! de Carlos VII en el puente de Arnegui. En el rey de la barba florida… Y en Valle, otra barba bien florida. A ellos vuelvo. Debería volver al puente de Arnegui, a Valcarlos, a Roncevalles, a Sant Jean Pied de Port… aunque esta vez vaya solo, aunque se me muriera Marco. Volver, sin él, a por él, a los toros de Pamplona… Volver a cruzar el puente de Estella. Volver al Naútico de Donosti. Volver… ahora que un año nuevo comienza… también para él… a pesar de estar muerto. ¿Habrá mejor compañía que la de los muertos?

Si los rotos se lo permiten brinden… como yo quisiera brindar por ustedes, por los muertos y por los vivos, por los aficionados a los toros y por los que no, por los rojos y por los azules, por los hombres de buena voluntad y por los que están camino de serlo. Y por las mujeres. Vino y sol. Tras el sol. Sobre la mar incierta del vivir incierto. Un año para navegar, para volver, para agradecer… y hasta para respirar. Solo o en compañía de otros.

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