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Opinión | La atalaya

Arqueólogo

Califas (XIV)

En aquellos tiempos un soberano con pretensiones de aparentar grandeza, de acuerdo con su poder político, había de manifestarse como protector del Saber

Toda esta larguísima, y rápida, descripción histórica ha venido a propósito del poco conocimiento que tenemos de la personalidad de cada uno de los califas de Córdoba. Pero es que, ciertamente, no sabemos de ellos más que algunos hechos, como gobernantes, sus hazañas, como militares, y sus apariencias, como soberanos. De la posesión de una enorme biblioteca se han deducido las tendencias intelectuales de al-Hakam II. No es que éste no disfrutase del conocimiento, de la lectura y de la escritura, parece bastante probable aceptarlo. Pero nada nos dice que Abd al-Rahman III, su padre, pese a su ajetreada vida castrense y política, no disfrutara de lo mismo -es más difícil ocultar la propensión a escribir en el caso de los monarcas, salvo que publiquen sus “memorias”-, ni que al-Hixam II no entretuviera su, al parecer, aburrida existencia en los alcázares de su capital o de al-Zahra sin leer un solo libro, disfrutando de la biblioteca creada o ampliada por su antecesor. Son menudencias. En realidad, si al-Hakam creo semejante acumulación de saber escrito no lo hizo solo porque fuera un intelectual, que también, sino porque en aquellos tiempos un soberano con pretensiones de aparentar grandeza, de acuerdo con su poder político, había de manifestarse como protector del Saber y eso se materializaba con la creación de una biblioteca.

La posterior tendencia de los reyes de Taifas, aquellos mínimos príncipes que se repartieron la grandeza de Córdoba, escenificando una apariencia de sabiduría en diversas ramas de la ciencia -en ocasiones, como al-Muzaffar de Badajoz, pudo ser cierta- solo puede explicarse a partir de una emulación. Quiero insistir, apenas comenzado el año -que les deseo feliz, próspero y tranquilo-, en lo endeble de nuestros conocimientos sobre la auténtica personalidad de aquellos lejanos y asombrosos soberanos. Voy a reflexionar, antes de concluir la serie y hasta donde se alcanza, en los detalles que puede aportar la Arqueología en una perspectiva reservada al juicio de los cronistas, afines o contrarios. Es escalofriante todo lo que desconocemos sobre tantas cosas y la luz que aportaría saber algo más, no tanto de los propios personajes. De sus personas.

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