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Opinión | Tribuna

Secretaria general del PSOE local y portavoz en el Ayuntamiento de Badajoz

La felicidad municipal

Aplicar políticas inclusivas influye directamente en la vida de quienes vivimos en Badajoz. Es estimulante que cada acción en favor del vecindario transmita sentido de pertenencia. Poner a los vecinos en el centro de las decisiones distingue a las mejores ciudades

De pequeña había en mi barrio un señor que luchaba cada día por subir la acera con su silla de ruedas sin perder el equilibrio. Yo me quedaba paralizada mirando la escena y, cuando alguien le ayudaba, respiraba con alivio y me iba al colegio más tranquila. Años después, en otro punto de la ciudad, fui yo quien impulsó aquella silla para que pudiera entrar en un edificio. Me dio las gracias con tanta sinceridad que espero me perdonara los años en los que, por mi edad, solo fui espectadora. Curiosamente, de mayor orientaría mi vida laboral hacia la inclusión educativa, en apoyo a la integración de personas con algún tipo de discapacidad. Esa experiencia personal me marcó para siempre y me enseñó a mirar la ciudad con otros ojos.

La imagen de aquel hombre superando barreras me inspira a rebelarme contra la injusticia que supone la falta de accesibilidad universal. Lo que no es accesible es injusto. Como recoge el Real Decreto 193/2023, «la accesibilidad universal permite que las personas con discapacidad puedan vivir en igualdad, en libertad, de forma independiente y participar plenamente en todos los aspectos de la vida». Una ciudad puede juzgarse por su nivel de accesibilidad. El gran desafío es alcanzar una urbe realmente habitable, disfrutable para todos sus habitantes, donde nadie se quede atrás y donde todas las etapas de la vida estén acompañadas de dignidad.

En La Crónica de Badajoz hemos leído titulares como «Comienzan las obras para hacer 50 pasos de peatones accesibles…» (19/07/2023) o «49.432 euros para rebajar las aceras de 82 pasos de cebra» (01/09/2021). Está bien, sí, pero ¿cuántos faltan? Lo más grave es que estas informaciones no son nuevas: se repiten cíclicamente sin que se perciba un cambio profundo. ¿Debe ser la accesibilidad una prioridad? Por supuesto. ¿Lo es en Badajoz? A juzgar por el goteo de actuaciones, no. En accesibilidad hay que tener un plan, no valen las palabras huecas ni las obras oportunistas. El Ayuntamiento de Badajoz no se ha empleado a fondo, ni en los obstáculos físicos ni tampoco en los cognitivos, digitales o sensoriales. Y esto es serio. Para avanzar en este campo estamos obligados a ponernos en el lugar de los demás. Las denuncias por caídas en la calle son un buen termómetro de lo que aún falta por hacer.

Comparto plenamente la opinión del Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) cuando afirma que estamos ante «una cuestión de derechos humanos y condiciones de vida dignas». La accesibilidad no debe limitarse a lo físico. Es necesario diseñar espacios inclusivos para todas las personas, independientemente de si tienen o no una discapacidad. Ese es el camino. Como señala la red Ciudades que Caminan, «mejorar las condiciones de accesibilidad física es el principal reto en las ciudades integradoras, que no quieren dejar a nadie atrás».

Aplicar políticas inclusivas influye directamente en la vida de quienes vivimos en Badajoz. Es estimulante que cada acción en favor del vecindario transmita sentido de pertenencia. Poner a los vecinos en el centro de las decisiones distingue a las mejores ciudades. Resulta paradójico que este equipo del PP, queriendo mejorar las calles, consiga que estén peor que nunca. Lo vemos en obras interminables, aceras mal terminadas y proyectos sin planificación global.

Conseguir que una persona con discapacidad visual cruce un paso de cebra inteligente o camine por una calle dotada de sendero podotáctil son avances de ayer que no podemos dejar de implantar. La tiflotecnología existe, los dispositivos de apoyo están ahí, y la innovación protege y da seguridad a quienes más lo necesitan. Una pena que quede tanto por hacer. Porque, en algún momento de nuestra vida, todas las personas nos enfrentaremos a problemas de movilidad. La pérdida de fuerza muscular y de capacidad motora llega con la edad y condiciona la actividad diaria. Cuando llegue ese momento, pediremos que nuestra ciudad no sea un muro más contra el que tropezar, sino un hogar que acompañe todas las etapas de la vida. No necesitamos una ciudad de diseño, sino un Badajoz diseñado por todos, donde cada vecina y cada vecino tengan acceso pleno sin importar sus capacidades. Ese es el objetivo, y es lo que distingue a una urbe moderna de una atrasada. Celebramos hoy la plataforma única que en otras ciudades lleva más de 20 años.

Existen ciudades que brillan por su accesibilidad: Berlín, Barcelona, Singapur o Sídney. Allí el transporte, los monumentos, los parques y los restaurantes están libres de barreras; hay rampas, ascensores, audioguías y menús en braille. Lo público y lo privado van a una. Mientras tanto, en Badajoz seguimos celebrando pequeñas obras como si fueran conquistas históricas. Esa es la diferencia entre quienes avanzan y quienes se conforman. En accesibilidad no se trata de utopías, sino de compromisos políticos firmes, capaces de transformar de verdad la vida cotidiana.

No sé cómo se mide en términos económicos lograr que alguien se sienta bien. Pero no piensen que esta cuestión es menor: para la gestión política no hay nada comparable al orgullo de comprobar que tu ciudad se preocupa por tu bienestar. No me contradigo al afirmar que trabajar con entusiasmo por los pacenses es un acto egoísta, porque hacer que los demás se sientan bien también hace feliz a quien lo impulsa. Y para mí, en eso consiste la felicidad municipal: en la certeza de que cada paso hacia la accesibilidad es también un paso hacia una ciudad más justa, humana y verdaderamente de todas y todos.

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