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Opinión | Fragmentos de Badajoz

Badajoz

La primera sociedad de equitación de Badajoz

Fue quizá la primera sociedad privada de la ciudad, creada en la Real Casa Hospicio, luego Hospital Provincial

En el círculo, el lugar donde estaría la sede y el picadero.

En el círculo, el lugar donde estaría la sede y el picadero. / P. C.

La primera sociedad de equitación de Badajoz se fundó el 7 de marzo de 1847. Esta sociedad, quizá la primera privada de la ciudad, fue creada en la Real Casa Hospicio, luego Hospital Provincial. Se acordaba nombrar una comisión para que se contratase el arrendamiento del local donde estaría el picadero, realizándose una escritura junto a un pliego de condiciones. Se haría un presupuesto para las obras bajo la dirección de la comisión. Se acuerda crear otra comisión para la redacción del reglamento. Igualmente, se acuerda que hubiera dos tipos de socios: de número y transeúntes. Los primeros pagarían una cuota de entrada de 160 reales y los segundos, 40 reales. La cantidad que faltase después de hacer la recaudación de cuotas de entrada sería hasta la cantidad de 7.000 reales.

El 7 de abril de 1847 se realizó una escritura de convenio para la construcción del picadero en el corral grande del hospicio, que se arrendaría a la sociedad de equitación. Lo otorgaba el director y contador del hospicio junto al coronel graduado Santos Muñoa Carles: «se obligan a construir un picadero con todas las circunstancias que se requieren por el arte de la equitación, para que sea perfecto, y que son las expresadas en el pliego de condiciones y presupuesto que obran en el expediente, habiéndose de edificar en la parte del corral grande de la misma que se señaló por los maestros. Careciendo de recurso la Casa Hospicio, la sociedad le adelantará la cantidad en que se rematen las obras, a cuenta de alquileres, a razón de cuatro reales de vellón diarios. También se comprenden en este arrendamiento las tres habitaciones bajas que quedan incomunicadas con el edificio, y que tendrán la entrada por el corral que antecede al picadero. La sociedad podrá subarrendar el local a las compañías ecuestres, cuidando de que no hagan desperfectos y remediándolos inmediatamente si algunos hiciesen. La sociedad usará del agua del pozo y para ello se hará un medianil. El hospicio ha de quedar completamente incomunicado con el picadero. Después de trascurrir el tiempo necesario para que se devengue el anticipo hecho a cuenta de alquileres, y el que han de considerarse los arrendatarios como unos verdaderos usufructuarios, no podrá ser desahuciada la sociedad mientras continúe pagando los cuatro reales diarios que quedan estipulados, a no ser que el establecimiento tuviese necesidad de destruir el picadero para edificar nuevamente en el terreno que ocupe. Y los socios, por su parte, se obligan al abono de la cantidad en que las obras sean rematadas, en cuenta del pago de alquileres, según queda estipulado en las cláusulas de este contrato».

El principal fundador de la sociedad fue el gaditano José Ignacio María Fernández de la Puente Álvarez Campana, brigadier de caballería y coronel del cuerpo de Estado Mayor. Era natural de Cádiz y falleció en Ceuta en 1860. Era hijo de Manuel de la Puente Aranguren, consejero de Estado y mariscal de campo de los reales ejércitos, natural de Ribadesella (Asturias) y de la gaditana María Manuela Álvarez Campana. José Ignacio se casó en Badajoz en 1844 con la pacense Amalia Eustaquia Patrón Falls. Ella pertenecía a una acaudalada familia, hija única del poderoso comerciante pacense Jerónimo Patrón Barbieres, casado en 1820 con María Falls Preston, natural de Castellón de la Plana. Jerónimo era hijo de Juan Patrón, un poderoso comerciante de Olivenza. Juan Patrón era hijo de Simón Patrón, natural de Génova (Italia). La madre de Jerónimo era Ramona Barbieres, hija de Carlos Barbieres, natural de Turín (Italia). María Falls Preston era hija de los irlandeses James Falls y Mary Preston. Mary Falls Preston era conocida como la Inglesa. Era española, pero de madre irlandesa, no inglesa. Su familia procedía de un lugar llamado Bellinter, situado a 38 kilómetros de la capital de Irlanda, Dublín. Seguramente fue descendiente de John Preston, primer y único barón de Tara. José Ignacio y Amalia vivieron muy cerca de la sede de la sociedad, en la entonces calle de Santa Catalina número 9, hoy Obispo San Juan de Ribera. Su imponente vivienda era conocida como la «Casa de la Inglesa» y estaba, más o menos, en el solar que hoy ocupa la Joyería Castellano. Podemos destacar dentro de los siete hijos que tuvieron José Ignacio y Amalia Eustaquia a Adela Fernández de la Puente Patrón. Se casó en 1869 con el sevillano Enrique González Carrillo de Albornoz, comandante y capitán en la reserva de caballería de Badajoz. La hija de ambos, María del Rosario González Fernández de la Puente, se casó en 1902 con el ingeniero agrónomo Eduardo Fernández Trevijano, director de la Granja Agrícola, inaugurada en 1905, hoy sede de la Escuela de Ingenieros Agrónomos.

Dentro de la familia de Jerónimo Patrón podemos destacar a su tío, el también comerciante Felipe Patrón, administrador de la Real Casa Hospicio. Su hija Ramona Patrón Fernández estuvo casada con el comerciante alemán José Miter Arnstorf. Como hijos militares destacados de José Ignacio y Amalia Eustaquia podemos citar a Ricardo Miguel Fernández de la Puente Patrón. Nació en Badajoz en 1855 y fue nombrado en 1914 director general de navegación y pesca marítima. En 1922 fue nombrado capitán general de la Armada, el más alto cargo que ha tenido un pacense en ella. Como Fernández de la Puente, da nombre a la calle perpendicular a la de Guardia Civil y a la avenida Ramón y Cajal. No le faltaron méritos para tener una calle, pues su hoja de servicios era impecable. Ingresó de guardia marina en 1871. Siendo alférez estuvo en la campaña de Joló, Filipinas. Después se hizo ingeniero electricista torpedista. Siendo teniente de navío terminó la carrera de ingeniero naval en la Escuela de Ampliación de San Fernando, Cádiz, siendo el único alumno que aprobó aquel año. En este empleo fue encargado de traer de Londres los primeros torpederos que llegaron a España en 1885, el Barceló y el Retamosa. Fue ascendido a teniente de navío de primera, luego fue designado ingeniero inspector del crucero Extremadura y ascendido a capitán de fragata. Al ascender a contraalmirante fue nombrado director general de navegación. Siendo vicealmirante desempeñó el cargo de capitán general del departamento naval de Cádiz. De almirante, ocupó el cargo de vocal del Consejo Supremo de Guerra y Marina. Tuvo la gran cruz del mérito naval, gran cruz de San Hermenegildo, cruces rojas del mérito naval, las medallas de la campaña de Joló, de la de Melilla, de Alfonso XIIIy fue declarado benemérito de la patria. En 1928 falleció en su domicilio de la calle Serrano número 6 de Madrid, a los 73 años.

Otro de los importantes fundadores de la sociedad fue el comerciante pacense José María Villaroel Pegado. Era hijo del también comerciante Manuel Villaroel Ferreira, natural de Barcarrota. Se casó en 1829 con Baldomera Díaz de la Cruz Fernández, natural de Toledo. La casa donde vivió estaba en la entonces calle de Santa Catalina, número 1, hoy Obispo. Lindaba por la derecha, a su entrada, con el desamortizado convento de Santa Catalina, luego Instituto Bárbara de Braganza. Por abajo lindaba con las llamadas ‘Cocheras del Obispo’. Esta casa de José María Villaroel estaba valorada en nada menos que 258.600 reales. Era entonces la persona más rica de Badajoz, con una fortuna valorada en más de tres millones y medio de reales. Falleció en 1855 a los 42 años. Sobre el solar de su casa se construiría la sede de la sociedad Casino de Badajoz, hoy sede de la diputación. Como dato curioso, en 1900 se proyectó la construcción de un pasaje más abajo de su casa. De esta forma quedaría comunicada la calle Felipe Checa con la de Obispo a través de las mencionadas cocheras, pero nunca se llegó a realizar. Más abajo se construyó después el edificio de José María Álvarez Buiza, ampliado en altura en 1939 por el arquitecto Luis Morcillo, ya desaparecido. En este último solar y en el de Empresa Fernández, inaugurada en 1952 (encima estaba el Liceo de Artesanos fundado en 1852 por Luis Galindo) se edificó el fallido Centro Comercial Calle Mayor en 1987.

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