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Opinión | Jueves sociales

Profesora y escritora

Tres adverbios

Hoy es siempre todavía, escribió Machado, tres palabras invariables contra la velocidad impuesta, la variación infinita, tres adverbios que nos mantienen a salvo de los efectos secundarios de la estulticia

Puede que no seamos una sociedad enferma, pero tenemos muchos síntomas y no ponemos remedio con cabeza. Por ejemplo, no dormimos, y tratamos de arreglarlo con pastillas. Primero, media, luego, una entera y hasta dos si hace falta, cada vez en dosis más elevadas. No tenemos tiempo para cambiar nuestros hábitos de vida, decimos, y las pastillas están al alcance de la mano, cuando en verdad necesitaríamos alguien que nos escuchara, un paseo, deporte, tranquilidad, un antídoto contra la ansiedad que devora todo.

Vivimos como panteras al acecho, a la espera de lanzarnos contra una amenaza que solo existe en nuestras cabezas. Lo mismo nos sucede con el resto del cuerpo. Acaba de empezar el año y las redes nos inundan con consejos no solo para eliminar el sobrepeso sino para un ideal de belleza imposible. Y todo eso hay que conseguirlo en un mes o en quince días. Ahora es el adverbio de moda. Pierda hasta veinte kilos inyectándose sustancias reservadas a los diabéticos. Adelgace, sea joven, salga de su zona de confort, maquíllese, elimine sus arrugas…una larga lista que hay que cumplir en poco tiempo, ahora, ya, enseguida, generando un estrés que se suma al que tenemos. O mejor, mucho mejor, deberíamos dejar en paz las redes sociales, seguir los consejos de los médicos, pasear, perder peso solo si afecta a la salud, quedarnos en la zona de confort si estamos bien en ella, a veces se tarda tanto en estar tranquilo que para qué tenemos que dejar de estarlo. No siempre hay que subir escaleras, también existen los rellanos. Se puede y se debe tomar aliento. Respirar. Salir a la calle sin prisa y sin objetivo. Detenerse en esas ventanas, esos escaparates, esos balcones donde los disidentes o los perezosos mantienen aún restos de las navidades pasadas. Yo prefiero pensar que son una muestra de resistencia contra la velocidad del tiempo.

Ya estamos en carnavales, ya viene la semana santa, ya están aquí las rebajas de verano. Y ese ya, ese ahora, ese enseguida nos golpean como un martillo pilón. Hay que pararse en esos espumillones raídos, en las luces que se empeñan en seguir brillando, en ese feliz Navidad descolorido que mantiene intacto su mensaje todavía, ese adverbio aún más poderoso que el ya inmediato que nos deja sin aliento, sin rellano donde descansar y sin alivio. Hoy es siempre todavía, escribió Machado, tres palabras invariables contra la velocidad impuesta, la variación infinita, tres adverbios que nos mantienen a salvo de los efectos secundarios de la estulticia.

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