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Opinión | Cotidianidades

Badajoz

El elefante entró en la cacharrería

Después de leer todas estas noticias dejo amontonados encima de la mesa los periódicos que compré el domingo y que me entran ganas de quemar en el patio como si fueran los libros de caballería del Quijote

"A lo lejos veo un árbol grande, aunque parece un gigante al que el sol dora la copa como si fuera rubio".

"A lo lejos veo un árbol grande, aunque parece un gigante al que el sol dora la copa como si fuera rubio". / D. G.

Resulta difícil para los que escribimos habitualmente sobre cosas sencillas, para nosotros las cosas sencillas son las más importantes, no caer en la tentación de hacerlo sobre ese hombre que han elegido los americanos como presidente de su país, y que tiene en tensión al mundo entero con su ambición desmedida por el dinero y por el poder. Los que vemos telediarios, leemos periódicos y escuchamos la radio, nos sentimos intranquilos al enterarnos de cómo transcurren los acontecimientos en el mundo.

Trump ha llegado a la vida de los americanos y a la nuestra para sembrar el desasosiego entre los que vivíamos en la tranquilidad. Los de mi generación no hemos conocido la guerra, vivimos la dictadura siendo niños sin ser conscientes de lo que era el franquismo, no nos enteramos hasta un poco más adelante, cuando fuimos jóvenes y por eso nos hicimos de izquierdas. En la actualidad el mundo se está convirtiendo en un lugar extraño para la gente que siempre hemos conocido la paz, para los amantes de la convivencia pacífica, para los que hablar de dinero, de lo que tienes o de lo que cobras es una falta de educación. Los expertos hablan de un nuevo orden mundial.

Eso quiere decir que un día te levantas y compruebas a través de periódicos y noticias que el mundo que dejaste ayer no es el mismo en el que te has levantado hoy. Trump abastece de contenido a todos los periódicos, a todos los informativos, a todos los columnistas que escriben sobre política, y que encuentran cada semana noticias nuevas más inquietantes que en el texto de la semana anterior. No está él solo como dirigente mundial cometiendo arbitrariedades, pero él es el presidente del país más poderoso del mundo y es el que más sale con su melena rubia y esos bailes absurdos con los puños cerrados, unos bailes que incluso le restan ridiculez a los del argentino Milei.

El domingo pasado salió un día frío, un día para estar en casa sentado en el brasero, el brasero la mejor fuente de calor para los nostálgicos a los que todavía nos gusta utilizar el picón debajo de una mesa camilla y poner los pies encima de la tarima aunque este sea eléctrico, mi madre tenía alrededor de la mesa una cuerda para tender la ropa mojada que necesitaba secar con urgencia, éramos cinco hermanos, pero esto es otra historia.

Ese domingo frío de primeros de enero compré varios periódicos nacionales y locales con sus suplementos. Todos los columnistas, excepto uno, hablaban de Trump y de la situación mundial en textos poco optimistas, más bien inquietantes. Un autor, no recuerdo cual, ironizaba escribiendo sobre los cuatro jinetes del apocalipsis: la guerra, el hambre, la peste y la muerte que lo muestran como algo que avanza tan rápido que no da tiempo de pensar en ideales, ni en convicciones. Dice que parece que no hay malas noticias porque las malas noticias se transforman en espectáculo televisivo.

Más de un texto se refiere a Trump como un emperador, «la sala este de la Casa Blanca es como la de una corte medieval». «El desorden mundial desencadenado por Trump se acelera en las últimas semanas». «Por las buenas o por las malas, así quiere Trump conquistar Groenlandia». «Hoy triunfa en Occidente la imagen de la fortaleza militar». «En tiempos convulsos, el mundo sueña con alambradas, puentes levadizos y fosos con cocodrilo». «Es patético rendir pleitesía al poderoso ofreciéndole tu premio Nobel». «En una semana Donal Trump bombardea Caracas, secuestra un jefe de Estado, amenaza con anexionarse Groenlandia y entrar en Cuba, Colombia e Irán». La política de Trump no es caótica, es un sistema de un poder que muere si se detiene y solo conoce dos estados avanzar o colapsar». «Su policía política de inmigración, la ICE, asesina a una mujer ciudadana estadounidense en Minneapolis». La quietud por lo impredecible es demasiado agotadora. Como se ve en estos entrecomillados de la prensa del fin de semana, parece que Donald Trump puede hacer lo que quiera, nadie le frena, muchos lo comparan con el abusón del colegio que aunque no fuera muy listo en clase todo le reían las gracias por temor a su fortaleza y agresividad. Algo falla en el mundo cuando este hombre está libre para hacer lo que le dé la gana.

Trump quiere conquistar Groenlandia. Yo también quiero conquistar Groenlandia, pero con mi cámara fotográfica. Un rincón del mundo que estamos conociendo en imágenes preciosas de nieve y donde vive la gente, algunos españoles, en coloridas casas de una sola planta. La visión estética de los fotógrafos no tiene nada que ver con la ambición de los poderosos, donde nosotros vemos belleza ellos ven el dinero de las tierras raras.

Siguiendo con la prensa, en España otro presidente, otro hombre con poder destituye a Xavi Alonso como entrenador del Real Madrid, probablemente Xabi se ha quitado un peso de encima. En lo cercano, en lo local, también pasan cosas. En Badajoz hay tiroteos por la zona de Suerte de Saavedra. Se produce una muerte lorquiana, una muerte a navajazos a las 7 de la mañana en un descampado del Cerro de Reyes. Otra muerte machista y triste, la de una abuela de 78 años como consecuencia de la paliza que le da su marido de 81. Así que con todas estas cosas nadie habla de la diferencia entre las palabras ordinalidad y solidaridad, dos palabras que valen 7 votos y agrandan las diferencias entre Extremadura y otras autonomías de España.

Después de leer todas estas noticias dejo amontonados encima de la mesa los periódicos que compré el domingo y que me entran ganas de quemar en el patio como si fueran los libros de caballería del Quijote, e igual que se salvó de la quema el Amadís de Gaula salvaría a La Crónica de Badajoz, que entre otros, tiene a Pepe García que escribe de bares y ahora también a Agustín Lozano de la librería Tusitala que nos hablará de libros.

Los periódicos me duraron encima de la mesa hasta el martes 13, un día gris, una mañana lluviosa que salí a dar un paseo por el campo y despejarme de tanta noticia mala para que no me pasara lo que escribía Borges en su poema el Remordimiento: “Mis padres me engendraron para el juego arriesgado y hermoso de la vida, para la tierra, el agua, el aire, el fuego. Los defraudé. No fui feliz”.

Después de leer los periódicos salgo a la calle creo que todavía sin haber enloquecido porque no llevo ni adarga antigua, ni rocín flaco, ni galgo corredor y en lugar de bacía de barbero llevó en la cabeza un gorro de lana. El aire frío me da en la cara como un bálsamo refrescante, empiezo a andar por el campo, a lo lejos veo un árbol grande, aunque parece un gigante al que el sol dora la copa como si fuera rubio, se mueve al ritmo caprichoso de los vaivénes del poder del viento, como si viera y oliera desde la altura dónde está el dinero, y pienso que el elefante amarillo volverá a entrar en otra cacharrería sin saber qué destrozo hará, ni qué consecuencias tendrá.

Todo va tan rápido que desde que escribo esto, hasta que usted lo lea no sabemos qué novedades tendremos, probablemente hoy este texto se haya quedado obsoleto.

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