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Opinión | La atalaya

Arqueólogo

Califas (XVI)

No conviene apresurarse atribuyendo a un monarca o a otro una personalidad concreta. No conviene aferrarse a los tópicos

Escribo esta columna el mismo día del cumpleaños del califa al-Hakam II -nacido el 13 de enero de 965-. Ya he mencionado que tuvo, y tiene, fama de intelectual, sin que conozcamos obra escrita que saliera de su cálamo. De haber ocurrido, sabríamos, al menos, el título, porque los autores árabes medievales, siempre aduladores, no hubieran dejado pasar la ocasión de alabarlo. Por lo demás, se le ha endosado a él solo la segunda ampliación de la aljama de Córdoba y eso me parece injusto. No porque la obra, especialmente el núcleo arquitectónico y el acabado, no resultaran espléndidos, sino porque la historia de esa fase del edificio no pudo ejecutarse en unos pocos años -del 961 al 965-, según afirman los cronistas -posteriores- y repiten machaconamente los historiadores contemporáneos, fiándose, no siempre con argumentos, del testimonio de aquéllos. Salvando que su padre edificó el enorme alminar -ya hablaré de él- y reforzó la inestable fábrica de la aljama, no se ha reparado, o no se ha hecho con suficiencia, en el papel jugado por Abd al-Rahman III.

La concepción, planeamiento e inicio de esa segunda ampliación del gran oratorio requirieron de unas enormes obras de preparación: nivelación, relleno y consolidación del terreno. Por no hablar del acopio de materiales. Y eso no fue empresa leve ni, seguramente, rápida. Por un simple cálculo, no pudo iniciarse con el reinado de quien pasa por ejecutor. Hubo de arrancar antes. Solemos admirarnos, cuando visitamos el interior, pero raramente rodeamos toda la mole constructiva. Y no reparamos en la impresionante plataforma que aguanta el inmueble hacia mediodía. Eso no se levantó en dos días y, además, la antigua sala no se cerró mientras duró la obra nueva. Difícilmente podemos ahora hacernos una idea de la dificultad del proyecto. Por algunos detalles se nota la participación de poliorcetas. Es decir, de ingenieros expertos en trabajos de fortificación.

En la línea de lo que defiendo, no conviene apresurarse atribuyendo a un monarca o a otro una personalidad concreta. No conviene aferrarse a los tópicos. Los perfiles de cada soberano no están tan definidos como creemos, o nos hacen creer. Es importante matizar. Para comprender

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